Por favor, enséñame el camino

 Rebanándome los sesos para tratar de encontrar un camino, cualquier camino que suponga salvar la vida a un grupo de niños que merecen conocer algo más que un orfanato. En esa lucha intento salvar esas vidas, salvándome. Y no me perdonaré nunca si no soy capaz de ponerle nombre a esas vidas y lograr con una sonrisa de satisfacción, y ni una sola palabra, que ellos vivan esa vida que yo hubiera querido para mí a esa edad. No encuentro ese camino que haga que ellos tenga un porvenir. Mi futuro está ligado íntimamente a esas caras, a esos nombres, a esos pasos. Me frustra muchísimo no poder encontrar ese camino que les conduzca a algo simple. Porque ya la vida es demasiado complicada para que ellos tengan que encontrar ese camino. Yo quiero ser sendero que ilumine esa ilusión. Me frustra mucho no serlo, pero anhelo, y mendigo si hace falta ese camino que les pueda hacer encontrar el futuro. Mi futuro es el de ellos y por eso desespero al no poder vincular indeleblemente su vida a la mía. Porque ya la mía no tiene más sentido que no sea, a solas o con ellos. El resto, es secundario. Si no lo logro, habré fracasado. Así de simple, así de cruel. Y son malos tiempos para la lírica y la literatura. ¿Cómo encontrar el camino si uno está tan perdido? Pido ayuda sana que salve unas cinco o diez vidas de vivirlas de formas herméticas, cerradas y anónimamente. Socorro.  


“Hay muchos voluntarios que nunca conocí sino sólo por lo que han hablado de ellos, a los que he agarrado cariño sólo por lo que hicieron, no por lo que vivieron conmigo. Pero también adoro a todos esos voluntarios con los que viví sin lugar a dudas la mejor etapa en CG. Nunca los olvidaré y no los olvido. Estos últimos no los olvido porque son sobre todo y ante todo, amigos. Me voy dando cuenta de que todo cambia, muta, que pasan las personas y yo permanezco y cambio también. Esta experiencia te hace ser de una manera que te atrapa, te enloquece, hace que, si te llega muy adentro, sea difícil imaginar otro lugar como este. Es difícil o casi imposible imaginar mi vida sin poder ver siquiera a la Shirly, a Gladys, a Miriam, a Christian, a Eric y Félix (imposible imaginarlos en otro lugar que no sea en la casa de varón pequeño). Sí, se van yendo las personas y yo algún día también tendré que marcharme y entonces creo que entraré en la etapa más compleja y difícil de mi vida, que será la de tener inoculada la enfermedad de los niños que amas tanto como para querer llevártelos hasta el último lugar del mundo para que vivan cosas que crees que ellos merecen vivir. Y me parece que aunque lo tengo, el dinero poseído es insuficiente para poder darles todo lo que merecen ellos y todo lo que quisiera. Para con mis amigos voluntarios, sólo puedo decirles que les admiro y lo haré hasta el último hálito de aliento. Que en mí siempre habrá y tendrán un aliado, un amigo, y un ser humano para siempre que quieran. A los niños a veces ya me siento incapaz para demostrarles lo mucho que me tienen ganado, es casi una locura llegar al nivel de amor sano y sacrificado que les tengo. No existen palabras suficientes, sólo me atrevo a decir que esta vida es historia cada día porque ellos aún hoy te hacen reír y te quieren hacer sentir importante. Si me preguntan por mi existencia, es imposible, ellos la poseen ya para la eternidad. Si me preguntan por mi futuro, es de ellos. Y punto”

PD: El último placer, jugar al Monopoli con Gladys. Dos sueños hechos realidad, volver a jugar al monopoli, - que me encanta- y poder ver los ojos recobrados de ilusión en mí de una de las niñas que más amo. 

Ahora que miro al cielo

¿Qué nos ocurre cuando llegas a un momento en la que crees que has gastado toda tu vida, todo tu patrimonio, todas tus creencias en todos tus ideales pensando en que la vida pasaba demasiado rápido como para tener siquiera tiempo para perder?. Algunos seres humanos pensamos, (déjanos pensar equivocadamente) que hay que hacerlo con prisa, pero sin pausa, con valentía, pero con cautela, pero siempre, con todo. Es así por lo que escalamos la montaña más alta, por la que somos más generosos de lo que en realidad deberíamos ser, es por eso por lo que caminamos hasta el desmayo, cuando inventamos caminos cuando parece que ya se ha acabado el último. Es así como pretendemos tejer una telar cuan Penélope, esposa de Ulises, pero no con la intención de esperar a alguien. No, no se trata de esperar, sino todo lo contrario. De lo que se trata es de decorar con ese telar una vida en la que tú has construido el hoy, con las esperanzas alcanzadas del mañana. Precisamente cuando obtienes las riquezas del porvenir te puede resultar extraño. Riquezas en formas que imaginaste: abrazos, besos y amor de niños y niñas, abrazos, besos y abrazos de gente adulta que pensabas que no llegarías a tener, ósculos y amplexos llenos de pasión y también, claro está de amor. 

Y bien, después de tanto ayudar y tras haber ignorado por completo el lugar que resultaba ser tu inspiración diaria (el cielo y las nubes), te sorprendes de nuevo observando toda la bóveda celeste, que en este lugar es más pura que ninguna. Y te preguntas, después de estar haciendo una labor literalmente impagable, ¿Y ahora qué?

Ahora querrías de verdad seguir ayudando a las personas que te han hecho sentir necesitado y necesario, querrías ayudarte a ti a construir el último castillo que no creías que podrías tener. Pero parece todo tan quimérico, parece estar todo tan en contra que la sola idea de regresar a aquellas 4 paredes de donde huiste reiteradas veces durante unos 20 años parece un castigo demasiado cruel para los logros de la vida. Y nunca necesité que nadie me pusiera en un altar en el que yo mismo logro ponerme por los logros alcanzados desde la humildad y siempre desde las ganas de superarte a ti mismo. 

Ahora toca prepararse para un destino que yo no quise, que no he elegido pero que, cuan imán, me atrae hacia él sin yo querer. Ese en el que la vida de cada uno es egoísta hasta el extremo, donde parece que ya se olvidó el vestigio de la humanidad y la ayuda. Ese lugar no es para mí pero me atrae a él como a un convicto a su cárcel, injusta cárcel. 

Ahora miro al cielo y me pregunto qué lugar en el mundo será el ideal para construir en el hoy, los esfuerzos del ayer, y que el mañana no se caiga al mayor de los abismos por la falta de consistencia de los sueños. Pero mis sueños no son frágiles, no creo que lo sean. Es posible, quizás, que ande buscando los pasos de Thoreau en Walden, o incluso el aislamiento mayúsculo de Zaratrustra. ¿Cuántas veces he aludido a estos dos personajes en mis palabras? Quizás sea el momento de construir una casa solitaria y disfrutar de la sabiduría que da el trato con personas como nunca jamás lo tuve. Del aprendizaje de volver a haberme sentido un hombre sociable cuando en verdad nunca lo he sido. 

Quizás debería... No. Me niego a decir lo que debería o no debería haber hecho en el pasado. Estoy en Guatemala, tengo 200 alumnos desde los 5 hasta los 12 años, hay muchos que sé que me quieren casi con la mirada, sé que hay muchos que jamás se me borrarán de mi mente. Estoy en Guatemala, me he enamorado, he besado y me han besado de formas inolvidables por siempre y jamás. He vivido experiencias únicas y exclusivas. Algún día lograré contar las cientos de historias que cada día jalonan la existencia en este rincón de este pequeño y lejano país. 

Mientras, tengo que lamentar mucho deciros a todos, que NO pienso perder un minuto de mi tiempo dándome por vencido. Como decía uno de mis mentores intelectuales, esto no acaba hasta el último segundo. No pienso rendirme para encontrar un futuro que no suponga estar varado en un lugar en mitad de ninguna parte. 

Esta son palabras hechas sobre y por la vida, sobre las ganas de vivir, sobre las ganas de sentirme REALMENTE querido, adorado, necesitado. Son palabras que buscan una nueva reinvención de la situación aquí o en China, en cualquier lugar que no suponga perder lo ganado.

Por ellos soy feliz (9ª Parte)

El último curso que recibo son los más pequeñitos: kínder. Kinder es un grupo 10. Es diez porque son diez niñitos. El más pequeño tiene 4 años recién cumplidos, Emerson, hijo del lanchero del orfanato. Los principios de Emerson no le auguraban un buen año, ya que se lo pasó llorando durante varios días. Sin embargo, en un giro inesperado de los acontecimientos Emerson es el niño más cuidado por los otros que se sienten en la obligación de protegerlo. Si no sabes lo que es la ternura, tienes que ver a nueve niños de cinco años cuidando y protegiendo a un niño de cuatro años. El cuidado de estos niños entre si es un asunto muy paradigmático. Emerson, por supuesto, no sabe nada de normas ni historias. Cuando quiere duerme, cuando quiere, se levanta y cuando quiere, que es siempre hace lo que se le da la gana pero siempre sin armar ningún escándalo porque apenas si sabe caminar bien y mucho menos hablar. Los niños más inteligentes son Beberly y José Alejandro. Muchas cosas separan a estos dos niños. Beberly es la única niña de pelo rubio de todo el colegio, es para mucho una niña muy linda pero a mí lo que me mata de esta niña es su inteligencia. Conoce a todos los animales, todos los colores, pinta a nivel de 1º y es super educada, de lo cual infiero que claramente ha tenido buenos padres y una buena educación. Es inteligente fuera de toda duda y es desde luego el ejemplo de todos los niños. Cuando se trata de jugar, es muy tranquila, es como la niña que todos quisieran tener. Del otro lado está José Alejandro, el hermano de Jonathan (1º). El caso de José Alejandro es igual que el de Beberly, es super inteligente, capaz de retenerlo todo, además es guapo, muy guapo, tiene una sonrisa capaz de tumbar a la persona más dura. Dan ganas de comérselo a besos. Pero hay un punto clave que separa no sólo a José Alejandro con Beberly, sino con el resto de niños. José Alejandro es un niño traumatizado y que ese trauma lo lleva bien visible haciéndoselo saber y sufrir a todos. José Alejandro fue uno de los últimos en llegar. Como bien comenté cuando hablaba de su hermano, fue criado por sus abuelos porque su madre no podía hacerse cargo de ellos. Cuando sus abuelos murieron la madre seguía sin poder hacerse cargo de ellos, así que los puso en el orfanato mientras ella trabajaba. Pero claro, estos niños han visto muy poco a su madre. José Alejandro creció durmiendo con la luz encendida, con miedo a la oscuridad y con el mimo de unos abuelos que lo consentía y que no le decían que no a nada. De esta forma, José Alejandro se acuesta por las noches pero al cabo de dos horas más o menos, se despierta gritando como si lo estuvieran matando. Se ha probado un buen montón de soluciones, pero la última vez que me tocó dormir a mí con los pequeños se despertó unas veces al cabo de la noche. Se ha probado dormir con el voluntario-profesor, pero esa medida es un agravio comparativo para todos los demás que también temen la oscuridad, así que se prohibió esa medida. Malo fue aquello porque los gritos atronadores junto con los llantos de José Manuel despertaba a todos los niños pequeños pero también a los grandes. Se probó como solución poner una vela, pero eso tampoco condujo a nada bueno. Lo último que se probó fue una linterna para él. Luego se cambió y la linterna la tenía el voluntario que le alumbraba pero claro, según voluntario, tenía que alumbrarle unos pocos segundos o bien quince minutos, como mi caso. Lo último que me tocó vivir fue la madre de todos los berrinches cuando la madre de José Alejandro y Jonathan visitaron el orfanato y al irse José Alejandro la insultó, la pegó y se metió al agua hasta que le llegó a la boca (él no sabe nadar). Luego sintió llorando, insultándola y gritando. La única paz que tiene el niño es en clase porque además no lo pasa bien con el resto de los niños, ya que José Alejandro se comporta como un bebé de dos años al que todos abusan de él, y ni tiene dos años, ni abusan de él, sino que entre todos los voluntarios lo han mimado tanto, lo han tenido entre tantos algodones, que el niño se ha acabado sintiéndose así. Para mí el caso de José Alejandro es, de entre todos los niños, el más grave, no por su naturaleza, sino por sus acciones y reacciones exacerbadas y su nula capacidad para razonamiento. El caso de Jorgito es ejemplar. Llegó al orfanato a las clases desde los tres años. El mejor y favorito de muchos voluntarios y profesores. ÉL solo, sin hermanos, sin familia se adaptó y nunca fue un problema para nada ni para nadie. En clase de kínder Jorgito parece un niño mayor ya resabido, pero lo cierto es que no parece ponerle mucho interés al asunto, pero se porta bien y es un niño la mar de tranquilo. Martín Chiqui (lo de chiqui es apelativo mío), es el menor de cuatro hermanos que están en el orfanato: Víctor Leonardo (5º), Ramiro (2º), Aroldo (1º). Comenzó siendo un amor de niño, con una cara que parecía la del Gato con Botas de Shreck que no rompía un plato pero vaya si rompía platos…vajillas enteras. Aún así es un primor pero está falto de cariño y amor y está todo el rato pidiendo que lo suban en brazos y cosas típicas de un niño de dos años, no de cinco. El grupo de kínder lo completan Marcos, que me encanta, Héctor, que no hace nunca nada, Sara, que siempre la visten de vestiditos de princesa, Estela, hermana de Elba (4º) y Maylin, que es la más discreta de las niñas. 

Beberly

Estelita

Jorgito

Martín Chiqui


Por ellos soy feliz (8ª Parte)

Para acabar el martes llega uno de los grados que más me gustan: 1º A. Me encanta porque los niños son un amor. La más lista y alta es Merlin, hermana de Angélica (5º), Kimberly (4º), Kristy (3º) y Clariza (2º). Además de lista y alta, es la que mejor sabe bailar y de las que tienen menos vergüenza. Sólo hubo una vez que se portó regular o más bien como una niña más y coincidió con un día en que tenían que pintar, de lo que resolví que a Merlin no le gustaba dibujar. Me tiene estima y siento su cariño en clase. Sin duda la niña que más quiero y que al mismo tiempo me aprecia más de entre muchos de los niños más pequeños es Ana María. El pasado año la conocí porque era la única niña que llevaba zapatos negros de vestir. Estuve en el almuerzo de su graduación de párvulos. La imagen de Ana María tras una ovípara comida se me quedó grabada ya que aún siendo una niña tiene actos y hechuras de una persona adulta. Cuando supe que le daría clase quise saber de qué palo iría. Y resultó que Ana María es de las inteligentes, de las que más se interesan por lo que digo, una de las que y de las que más se esfuerzan. Pero es que fuera de clase intenta estar donde estoy yo, ya sea en la biblioteca con la excusa de que va a leer pese a que casi no sabe, o en el patio, donde intenta “mimarme” y siempre me hace preguntas personales de mi vida. Para el recuerdo fue nuestra conversación sobre los fantasmas. Si Ana María no está, 1º A es una clase de buenos niños, con ella, la clase me encanta porque le da algo especial. Una de las últimas niñas en llegar fue Claudia, quien tiene un hermano en 1º B (Marcos). Claudia tiene mucha vergüenza porque es mayor. Por su edad debería estar al menos en 3º, pero nunca ha ido a la escuela, no sabe leer ni escribir y por eso también se avergüenza. Para colmo de ella, la niña es muy guapa y los niños se pasan el tiempo a su alrededor molestándola porque es la forma que un niño de demostrar que le gusta, es decir, pululando a su alrededor, haciéndoles  caras, pegándola y esas cosas. Yo soy su defensor y eso también  la avergüenza, así que Claudia no lo pasa nada bien pero intento bajar esa tensión como puedo. Cristel, Zuli y Elena es un trío demoledor. Ya se puede romper el mundo por la mitad que ni se interesan. En clases están haciéndose trenzas o cualquier cosa que no requiera un esfuerzo por aprender. Elena en particular es una de las que peor se porta, es abusiva con los más pequeños y no tiene medidas a veces en los malos actos. Le traspasa lo malo a Cristel y Zuli que a cambio le dan un poco de su tranquilidad vital para que Elena no sea el mismísimo Satanás. Mabelia y Sandra son las más chiquititas y para colmo sólo hablan Qekchí, así que no participan apenas, pero se portan bien y yo deseo que algún día hablen y se manifiestan porque me provocan mucha ternura. De los niños, el mejor y el peor al mismo tiempo es Jonathan, un hondureño con claras actitudes de adulto que fue criado con sus abuelos, muy viejos y eso se le nota. Fue uno de los últimos en llegar y no atiende a razones cuando hay algo que él, en su mundo particular, cree que no es justo. Un día me tachó de malo y mentiroso porque decía que le había prestado un libro a un niño y a él no, cosa falsa, claro está, pero él insistía pese a no tener pruebas, obviamente. Es súper inteligente, pero le falla su actitud y su visión cabezota de las cosas. Óscar es uno de mis favoritos por lo conozco desde el primer día que llegué el año pasado. Es imposible definir a Óscar. Es uno de nuestros traductores oficiales del Qekchí-Español. En casa puede llegar a ser malo, hacer y decir cosas malas pero yo creo que algunos niños son mala influencia para él. En clase es muy discreto, nunca ha destacado por cosas malas o buenas, es serio, si no le interesa el estudio pero tiene que dar un paso al frente porque se está quedando atrás. Lo quiero y en enero era de los niños que esperaba. Rudy Coco es el hermano mayor de Mauricio, y el líder indiscutible de los llamados Qekchí Kids o niños del Qekchí. Que te engañe su sonrisa de niño bueno porque es muy travieso y el capo de la “mafia” del Qekchí. Lo bautizamos así porque es el más desenvuelto de todos los de Qekchí, uno de los que más fácil aprendió español y de los que más rápido comenzó la camorra con los niños que hablaba español. En clase es uno de los que no para quieto para llamar la atención de una aburrida Claudia. Eric tiene un hermano en 1º B, Víctor, son una fotocopia exacta, uno de los chicos listos, buenos y graciosos, que me causan más sonrisas, y bromas porque tiene una carita muy bonita. Elvin es el hermano mayor de Manuel (Párvulos) que a su vez es hermano de Angélica (2º) y Deysi (4º). Elvin pasa por el mundo pero no al revés. Elvin es de todos los pequeños el que mejor juega al fútbol, en alguna ocasión ha jugado con los grandes. No lo recuerdo ni castigado. Es un bueno niño fuera de clase, pero dentro sigue los pasos de óscar, tengo que idear una estrategia para que entre y se interese en aprender. De entre los más destacados acabo con los dos Daniel, Daniel Estuardo y Daniel Choc. Daniel Estuardo es hermano de Griselda (4º) y de ser un niño tierno y modélico el pasado año, ha pasado a formar parte del clan de los Qekchí kids, aunque ese brote fue sofocado con astucia. Lo cambiaron de cama para que estuviera más cerca de otros niños. En clase no atiende, no para quieto y sólo está pendiente de Claudia. Daniel Chuc, es junto a Yesenia (4º) y Anita (Párvulos) otro niño con sobrepeso, pero lo de este chico es el caso más evidente. Cada vez se porta mejor, pero como muchos otros, no se interesa por las clases  y se limita a poner caras de asco o antipatía.

El miércoles es el día que más clases tengo. Repito con cuatro cursos y además recibo a dos nuevos más, la primera clase del día es 1º B, una de las mejores clases porque además la tutoría de ellos, la Seño Yadira, es una de las mejores maestras y de las que más me gustan, bueno, es la que más he escuchado y visto dar clases y me parece ejemplar, la mejor. Si hay una niña que me ha cautivado y conquistado de las que no conocía, esa es, sin duda, la bella Isabella, la niña con una de las dos o tres sonrisas más bonitas y lindas. Isabella compite en timidez con otras niñas, pero ha logrado o estoy logrando que venza la timidez. Cuando tiene mucha vergüenza sonríe con tanta dulzura y belleza que me deja muerto. No es de las más listas, pero es de las que siempre que puede, está en la biblioteca para hacerme compañía. Es hermana de la gran Anita (Párvulos) y Dania (3º). Trato de que hable y entra en una buena dinámica participativa y creo que ella es un ejemplo de mi buen hacer porque comenzó sin hablar. Cada vez está más interesada y ella me hace feliz. Eric Octavio, Edgar, Víctor y sobre todo José Manuel es el grupo de chicos listos. En particular José Manuel, hermano de Verónica (2º) es muy inteligente, el mejor en todo los aspectos. Ese niño y yo tenemos un idilio precioso. Su madre me da 50 quetzales cuando llegan cada domingo y yo les doy 5  quetzales a él y a su hermana cada día. José Manuel es el más maduro de los varones pequeños, el más cabal y cuando tiene nivel para estar en 2º y una educación de dos muy buenos y abnegados padres. Me encanta José Manuel, lo necesito cerca porque es uno de los que más amor le tengo y me devuelve. Eric Octavio es el hermano de Félix (Párvulos), Chana (Párvulos), Flori (4º) y Gladis (5º). Las vivencias que tengo con Eric son similares a las que he tenido con Félix. Víctor es la fotocopia de Eric, de 1º A y aún más inteligente que su hermano. Él y Edgar junto a José Manuel son los líderes intelectuales de 1º B. En esta clase hay muchos niños especiales: Arli, Aroldo, Débora Esmeralda, Jorge Ronaldo, Marcos, María Magdalena, Osoria, Romel y Oseas. Los adoro a todos. Me hacen muy feliz. Hay algunos tímidos como María Magdalena, Arli o Débora, Otros super cariñosos como Marcos, Oseas y la propia María Magdalena. Es la clase que más niños me preguntan cuándo les toca conmigo. Están felices en clases y TODOS al acabar me dan un beso y un abrazo y de esa manera empiezo el día con 1º B, que es lo mejor.


¿Qué más puedo hacer o sentir?


Y no me despego del ordenador. Y antes de poder enchufarlo no me despegaba de la libreta y el bolígrafo porque no he hecho otra cosa que escribir páginas y páginas. Y cuando ya te has extirpado la “enfermedad” del amor vuelvo a reencontrarme a mi mismo pensando. Pensando que todo es demasiado complicado para mí. Que esos niños me han ganado para toda la vida pero necesito tener una vida para que ellos la puedan tener a su vez. Si fuera egoísta me quedaría allí pero no para ayudarlos, sino para estar a su lado y hacerles compañía, pero necesito algo más. Necesito contribuir a que sus vidas tengan aún más sentido. Y la mía carece de todo sentido porque después de muchos meses me he descubierto más que viejo, ancestral de principios. En eso de estar solo, que ya no quiero estarlo, que no lo necesito que me retuerzo como un árbol mal crecido. Resulta que al final del libro, al final del cuento, existe una puerta blanca o negra, que consiste en estar en compañía o no estar, pero no de cualquier forma. Es así, el lugar adonde he venido a “morir” me está dando una vida dolorosa y silenciosa porque no duele porque no se ve, no te das cuenta de que el amor a raudales, la dedicación absoluta te hace amar de formas incomprendidas por mí. Y a resultas de estas entiendes que estar solo es como estar preso en una cárcel. Qué raro es el mundo cuando una niña de 8 años le pide a su padre que te lleve a su lejana y pobre aldea, la misma niña que se pone a llorar y triste cuando te vas, la misma niña que si te vas, no vuelves a ver jamás a pesar de que la ames y ella te quiera como si fueras un amigo o un segundo padre. Estar aquí es tener constantemente el corazón roto, es poder vivir con ello, pero al separarte de allí y contemplar el panorama sientes que el mundo es más pequeño de lo que imaginas y que no te sobra el dinero y que te faltan sobre todo oportunidades para conseguirlo y comienzas a plantearte si no será mejor poner punto y final a todo y ejecutar el último plan de tu vida. O quizás sea mejor seguir luchando ‘idealísticamente’ por esos niños, con la esperanza, seguramente vacua, de que algún día obtengas como recompensa algo que no sea soledad y recuerdos. Quién sabe, quizás después de todo no haya cambiado tanto… ¿o sí? Esta verdad se está convirtiendo en demoníacamente cándida y acecha de nuevo los pilares de los principios más básicos que tengo por vida. Todo se tambalea y no hallo respuestas, explicaciones y lo que es peor, tampoco oídos que vean qué necesito. Tampoco sé pedir esa ayuda, esa compañía. Este momento bipolar me lo disculpáis, después más de 2 meses trabajando (disfrutando) más de 12 horas al día cada día, es normal que cuando te des cuenta, no tengas red y comiences a caer hasta el fondo, en un bucle de amor que va pasando etapas y fases. Pero ese camino es lóbrego y demasiado misterioso y no sabes si quieres seguir descubriéndolo por miedo al adiós, porque habrá un adiós y no estoy preparado para decir adiós a 200 niños. Estoy más preparado para ser muerto por un tiroteo en alguna frontera, o quizás de un ataque de una serpiente, pero no para decir adiós y cambiar una vida inimaginablemente llena de amor y cariño. Ahora debo buscar una cuerda o una red para poder sostener la caída en el averno del amor inolvidable que ya se está produciendo. Y es ‘avernoso’ porque en un mundo justo, a esos niños no les faltaría nada y tendría una vida “normal” (con muchos matices) y tendrían más de una oportunidad de la vida y no sólo dos opciones. Y siempre, siempre, pero siempre te acabas haciendo la maldita misma pregunta: ¿Por qué no hice algo más por ellos?



)