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Palabras que no tienen palabras



Es posible que me arrepienta y me equivoque totalmente con este post. Si lo hago no lo borraré ni renegaré de él. Lo hago por la necesidad de escribir, de expresarme. Me mueve el ansia de poner palabras, la inspiración literaria que, como el empleo en este país, no abunda. Aclarado esto, empiezo:

Es un deber tener sueños pero ¿acaso yo también tengo derecho a soñar con imposibles? ¿Cuánto de realidad hay en los pequeños detalles? Repetidas veces he dicho que soy afortunado por haber estado con mujeres que me han querido, me han hecho sentirme genial. Y quizás porque no soy de los que cada dos por tres caen, porque ya me cuesta sentir cosas y por mi forma de ser, no estoy acostumbrado a recibir halagos, dedicatorias, palabras incluso indirectas y mucho menos cosas que signifiquen o que impliquen que alguien pueda percatarse de que existo como hombre además de cómo ser humano. Vivo aceptando eso, resignándome a ello y a muchas cosas. Y estoy acostumbrado a pasar desapercibido ya que tampoco destaco por nada. Por eso cuando percibo, aunque sea de lejos que a alguien puedo llamarle la atención me choca. Puede que en muchos casos, o más bien la mayoría, cuando eso suceda, haya un desencuentro, pues yo no estoy en las mismas porque…pues porque no y ya está, no le voy a dar más vueltas porque ya he hablado en un reciente post de los mapas mentales que nos solemos hacer y que vendrían a explicar los desengaños, cuestión esa en la que sigo estando muy de acuerdo.


Con 15 años ya supe que de mayor iba a ser rebelde y solitario

La pasada semana tenía una conversación con mi amiga Honey Kohana, novia de mi amigo el del “pelo más maravillosamente bello que jamás haya visto”. El extracto de aquella conversación venía a decir, según Honey Kohana, en que algún día alguien volvería a descubrirme. Eso decía ella, porque yo en aquel momento adolecía de un bajón anímico que me llevaba a creer que era imposible. En parte lo sigo creyendo, aunque no niego que tengo fe (creencia irracional en que algo sucederá). ¿De dónde viene esa fe? Es muy sencillo. Yo cada día sueño, sueño y sueño. Sueño dormido y despierto. No es extraño ir caminando por la calle e imaginarme en otro lugar, incluso con otras personas y situaciones. La capacidad de abstracción que tengo es muy alta. Y creo que eso se puede cumplir. De ahí viene mi fe, que es mi alimento. Aunque lleve ya tres décadas de vida, sigo teniendo esas cosas de inocencia porque a fin de cuentas, si no soñamos ¿qué será de nuestra realidad? No podría con la dureza de esa realidad si no pensara que de alguna manera, de alguna forma, algo sucederá en mi anodina vida que la hará especial, sólo hace falta toneladas y toneladas de paciencia. Pero volvamos al caso que me ocupa…

Cuando algo –una posibilidad de cambio de vida- o alguien –una amistad o una mujer que me llame la atención- aparece, mi inconsciente bipolaridad actúa ilusionándose rápidamente. Pronto voy poniendo los pies en el suelo, de tal forma que acaba siendo un vaivén, un tira y afloja en el que sólo los acontecimientos acabarán por decidir si en la balanza pesa más la ilusión que la desilusión. Y si gana esta última, ya puedo decir que no me temblará nada para poner fin a lo que sea que me genere algún mal. Esto que digo explicará, quizás, futuros posts paradigmáticos o puede que un tanto alicaídos…o todo lo contrario. Aquí lo estoy haciendo es poner en antecedentes.

(Kit-Kat: creo que todo esto, este aura que rodea estas palabras están patrocinadas por el libro que me leí el pasado fin de semana y que me caló mucho más de lo que imaginaba a priori).

Su letra me dejó…amarillo

Yo sé que estoy preparado para hacer feliz a alguien que recíprocamente me pueda hacer feliz. Lo sé, o bueno, lo siento. Sólo me hace falta relajarme y tener más seguridad en mi mismo, creer que puedo superarlo todo con una sonrisa y con valentía aunque no sean los mejores tiempos. Si soy capaz de quererme, de sentirme bien conmigo mismo, ¿cómo no voy a ser capaz de hacerlo con otra persona? O la pregunta más bien sería, ¿Por qué alguien no va a creer que yo no puedo aportarle algo en su vida? Aunque con franqueza, normalmente pienso que no hay nada en mí que al común de los españolitos les pueda aportar nada, y los hechos de mi vida vienen a confirmarlo…

La música. Ha sido eso lo que me ha vuelto a generar ilusión. Porque es ella la ha que ha movido mi vida junto a algunas palabras. Si esas palabras, esos mensajes se traducen en indirectas bastante claras, lejos de esa digamos “ambigüedad”, lo que queda es un mundo de ilusión que te creas o que te quieres hacer creer. Es lo que quizás está sucediendo. Yo admito mi torpeza aún, a pesar de más de tres décadas de tiranteces sentimentales en interpretarlo todo. Pero sigo al caso, que me lío. Yo creo que aunque aparezca una ‘Femme Fatale’ estoy capacitado para invertir eso, sólo con una sonrisa, con unos ingredientes muy básicos y recíprocos. Sí, lo sé, me estoy explicando fatal. Pero lo que necesito desde hace tiempo es alguien que ponga patas arriba mi vida porque esta continua planificación es tan poco yo…Necesito que alguien me vuelva a desordenar la vida porque…sin ese desorden, puedo vivir pero todo es mucho más vacío.



Y bueno, en verdad estas palabras no las escribo yo, las escribe la primera musa que tengo en mucho, muchísimo tiempo. Yo no sé si es realidad o sueño. Suele suceder que lo que existe en estas es algo enigmático. Te preguntas ¿Seré yo el que lo genera o será recíproco? Lo difícil que es decir a alguien, después de mucho tiempo un simple: “Me gustas”. Cuesta porque no conoces de nada a esa persona, porque como he dicho, puede que sean historias que te estás inventando, que luego propician que bajes de golpe y porrazo al suelo, pero como mal menor, si es algo que has creado tú dirás: “nada nuevo bajo el sol”. Aunque la decepción no la quita nadie (o sí, si es algo muy pasajero).

Pero luego te levantas a la mañana siguiente, tras horas y horas de transitar por mundos que hacía mucho y mucho que no recorrías y… observas que estás solo y te preguntas: ¿Esto es realidad o sueño? ¿Lo inventé yo? Es lo que va rondando por tu cabeza. Porque has dicho y te has jurado que abogarías por realidades, no por ficciones. Te bajas del carro y esa mañana dices: Sí, soy yo, porque no la conozco de nada. Y bueno, no negaré mi obstinación, más, al mismo tiempo es una ilusión tan bonita que me resulta tentadora e irresistible. Eso sí, la edad te hace ir más pausado en estos momentos. La edad te procura toda la experiencia para no escribir lo primero que se te pase por la cabeza, te permite calibrar, medir muchas cosas –si es que algo se puede medir-, principalmente te hace más prudente para no acabar siendo un pardillo. Y me acuerdo de mi amigo El Sabio, uno de mis mentores. Él y yo estamos de acuerdo en que a nuestra edad, ya los hombres necesitamos tener una mujer al lado y sentar cabeza, pero al mismo tempo coincidimos en que ya no nos vale cualquiera, porque tampoco somos chicos cualquiera, somos especiales, y sabemos que de normal estamos mejor solos y que tiene que aparecer alguien que te cale verdaderamente para que te lances.


Me he levantado preguntándome si aún estoy soñando despierto

Sé que pasan cosas dentro de mí. Ella en verdad no hace nada, es la canción justa, que digan las palabras necesarias, es la sonrisa absurda que me hace esbozar. Son esas mariposas en el estómago. Es ese misterio maravilloso. Es… es la zozobra continua de que en cualquier momento la realidad te puede golpear y darte cuenta de que has sido tú, y no los dos, ergo, vuelta al desencuentro. Y como le dije: “Las personas bonitas no se ven con los ojos”, porque algo estás viendo, sin lograr saber qué. Puedes estar fallando pero te apetece equivocarte. Se te eriza la piel, te ilusionas, creas un mundo en donde te inventas por fin colores. Ya no todo es monocromático. Algo hay. Aquí lo que verdaderamente es novedoso es mi ‘valentía’ en intentar volver por esos derroteros. Eso me sorprende si me pongo a pensarlo –que tampoco es que lo esté pensando mucho-. Pero mi romanticismo, blando y duro aparece y se ve escuchando de nuevo ‘melosías’…

Y bueno, claro, luego viene el miedo a decir algo que no debes, el miedo a lanzarte, a decir esas dos ridículas palabras. Pero claro, hay un problema: ya no estás acostumbrado a eso (¿Llega realmente uno a acostumbrarse a declarar tener sentimientos románticos por una persona? Yo creo que no, al menos en mi caso). Pese a ese miedo todo se ve de otra manera y ¡qué caray!, es bonito. Lo es ahora, en este instante en que te mantienes flotando en esa divina burbuja hecha del mismo material de los sueños que tú (o ella) fabricas. Lo es aunque haga dos días que la conozcas, aunque el flechazo haya sido instantáneo, aunque en verdad puede que sea una ilusión sin base. Pero es en ese momento cuando vuelves a escuchar esa frase de Nimri en Los Amantes del Círculo Polar: “Venga, atrévete, valiente”. Y de a poco, te vas atreviendo. Quizás debiera explicar que a mí, sólo con una palabra en el momento justo, me pueden remover todo el mundo. Y eso, como ya he apuntado, no sucede siempre, ni a menudo. Hay muchos condicionantes, y no cualquier palabra, frase o comentario me llega. Soy un tipo duro, me he convertido en eso. 

Desaparece y luego hace ¡Chas! Y aparece a tu lado

No obstante, siempre está esa traidora monja de clausura llamada razón y que se empeña en racionalizarlo tanto todo que los colores vuelven a convertirse en blanco o negro. La cabecita me dice que soy yo el que genero eso, que en verdad nadie me necesita, que nadie se ha fijado en mi realmente o si lo ha hecho, no tiene base para hacerlo. Es como si mi mente quisiera hacerme sentir inferior o como si nadie que me conociera fuera capaz de quererme. Es un duro patriarca que va con mano de hierro.  Y duele. Creo que en verdad mi cabeza se está comenzando a hacer una idea de la persona que quiero tener al lado y dibuja y esboza la imagen de la mujer que camina a mi lado. Aparece alguien y de repente mi cabeza cree que justamente es ella. Mi vehemencia se deja llevar gracias a las hormonas, esas geniales endorfinas liberadas que te hacen ser feliz.

Temo volver a caer pero al mismo tiempo quiero intentar caer porque este desierto tan árido ya escuece. Sigo pensando que me merezco a alguien que me quiera bien, que me sepa querer, que sea pasión y cabeza. Creo que los sueños se tienen que cumplir. Al menos eso creo ahora porque estoy en una etapa paradójicamente optimista pese a que mi realidad en verdad no invita a serlo. Pero quiero estar así. Quiero porque…me gusta imaginar que alguien tiene fe en que yo pueda generarle un sentimiento parecido al amor y que además, sea recíproco. Pero no sé si esto será para tanto como para que esta mujer se atreva a caminar un poco más. No sé si querría que anduviésemos todo un día por estas calles de la vida, soñando con que ella ve en mí lo que no encontraba y yo en ella, lo que no buscaba.

Poco a poco, caminando poco a poco, ese debería ser el secreto

Sincerándome

He hecho todo lo que debía haber hecho. El tonteo absurdo que he llevado a cabo estos meses ha dado como resultado mi incursión en ese invento llamado whassap. ¿Quién me lo diría a mí? En fin. Las cosas que se hacen por una mujer sólo se hacen por las mujeres… y más yo, acostumbrado a hacer barbaridades por las mujeres. Si me pusiera a decir aquí todas las locuras que he hecho por lograr conquistar a una mujer, algunos alucinarían mucho, hay cosas de alto secreto que no contaría nunca públicamente en un blog, pero todas las cosas, bajo mi perspectiva han sido realmente muy bonitas y respetuosas para con la otra persona. Creo que todas las mujeres por las que he sentido cosas, aunque no me hayan correspondido, se han sentido queridas, apreciadas, se han sentido importantes en mi vida. Al menos alguna me ha dicho eso. Y desde luego que con quien he estado he logrado hacerlas sentir así, me lo han dicho ellas mismas. Eso por una parte hace que me sienta orgulloso de mi forma de querer.

Sin embargo, con este ‘tonteo’ me siento bastante tonto. No me da coba pese a que ella fue en parte la que comenzó este “partido” de tenis. Y yo hago mis buenos intentos para ser coherente, consecuente y todas esas palabras tan bonitas que nos refieren a lo fiel que somos a nosotros mismos. Acepto que ella no esté segura, acepto que yo igual estoy proyectándome en ella para salvar un poco los muebles –con todos los matices del mundo-, pero como le decía a amiga ‘Caraguapa’ el amor ha de ser sencillo. Pero nadie quiere algo sencillo. Noto que el amor da miedo. Que entregarse produce incordia. Es lo que veo. ¿Es esto amor? Yo no creo que sea amor lo que siento por esta muchacha. Dista mucho de serlo, pero me gusta y me gustaría que se atreviera a dar pasos conmigo pero… no hay manera. Estoy a punto de darme por vencido. Y cuando yo ceso en mi empeño no doy marcha atrás porque tengo orgullo y amor propio y no quiero que nada me quite lo que creo que valgo.

La verdad es que no sé por qué le mando mensajes. Me siento mal al hacerlo porque ella es totalmente indolente con lo que le digo. Cuando no lo hago y además me alejo de ella me siento más libre. Creo que la relación, sea cual sea la que tenemos, es bastante dañina para mí. Hasta el día 17 de mayo nos veremos por clases. Después lo más probable es que no nos volvamos a ver, aunque conmigo nunca se sabe. Igual le insisto de manera torpe para quedar, sintiéndome entonces como un mendigo. ¿Por qué mi corazón va por libre? Lo lógico y lo suyo es que no haga nada. Me he propuesto no mandarla ningún mensaje de motu propio a no ser que lo haga ella. Mostrarme totalmente displicente con ella y desde luego que vea que si ella no me vidilla, se lo va a perder. Hay personas a las que le resulto muy agradable como poco. Todos piensan que tenemos algo, que nos hemos besado y esas cosas, pero nada más lejos. No tenemos nada, no nos hemos besado y creo que no pasará nada. Veo más factible ser licenciado –siendo harto complejo- que acabar teniendo algo con una chica que, de entre todas las que he conocido, probablemente sea la más insustancial.

¿Qué por qué he insisto tanto? Creo que para dar pasitos para superar lo de mi última ex. Es la primera vez que hago algo productivo para superar el trauma sufrido tiempo atrás. Eso por una parte me enorgullece, pero no puedo intentar dar pasos para dar algunos hacia atrás. No compensa, la balanza no está compensada. No creo que nadie llegue a ser igual que la última mujer con la que estuve. Tampoco creo que lo supere nunca y eso que ya no tenemos ningún contacto. Da igual. Lo que me gustaría es tropezarme con alguien que me valore, que me quiera como yo la pudiera querer y que fuera todo perfectamente imperfecto.  Porque la perfección no existe, y yo amo a personas con defectos a los que amar. Es fácil halagar lo bueno, pero muy complicado apreciar todo lo malo que posee una persona. Mi mentalidad es así. Procuro ver lo bueno, a veces, alguno ya me ha dicho que exagero demasiado y que los pongo en un pedestal, los idolatro y esas cosas. Nada más lejos. Es que a quienes quiero, los quiero con defectos y todo. Sin embargo la contra no sucede tan así. Igual debería tener un poco de fe “tuerta” y pensar que lo de esta chavala saldrá bien, pero no hacerlo me puede eximir de coger más cariño del que ya tengo. Sé bien que puedo llegar a ser todo pasión que provoquen que ella se sienta muy querida. De hecho no hace falta mucho para que ella se sienta así. Digamos que no me tengo que esforzar mucho. Simplemente tengo que ser sincero.

Escuchando esta canción me imagino en mi nueva locura veraniega 2012. Esta vez el objetivo es dar el gran salto a ese añejo, vetusto y casi malogrado continente europeo. Me imagino en tren llegando a Los Alpes. Me imagino escuchando la voz de Antonio Vega mientras piso Praga con mi mochila, intentando inventar una historia similar a la de "Before de sunshine". La verdad es que es lo que más me gustaría hacer y creo que a estas alturas, cuando algo se me ha metido en la cabeza, complicado será que no lo lleve a cabo. No preciso de mucho dinero, en cualquier lugar estaré bien. Ya hace algunos años me pasé un verano durmiendo en bancos, parques y demás lugares públicos en mi periplo pseudo-absurdo por las tierras de Iberia. Incluso, si me pongo, me imagino camino a los países bálticos, haciendo el llamado "Camino de Santiago noruego". No sé lo que pasará, lo que sí sé es que quiero improvisar, quiero perderme y quiero que ese continente se me quede chiquitito. Quiero sentir que puedo estar en todos los lugares prescindiendo de lo más básico, viviendo y respirando de lo que el mundo me pueda dar, de las relaciones sociales que pueda llegar a entablar. Y... quién sabe, nunca me he cerrado puertas a quedarme en un lugar que me acoja. Ya lo hice en Asturias, lo intenté en Euskadi, en Pamplona, en Barcelona, Ceuta e incluso Marraketch. Ahora más que nunca quiero dejar en manos del destino mi futuro. Si no logro la Licenciatura, para romper con todo, si lo logro, para dar un giro. Sea como fuere, es un sueño precioso, más aún con esta canción de fondo. Y si lo hago... que lo haré, estaré haciendo, además, realidad uno de esos cuentos que inventé. ¿Acabaré perdiendo el norte en Nueva Zelanda? Sería un sueño. Mucho tendría que girar el mundo. Y eso es lo que quiero, que gire, y gire, y gire y no pare de girar...

Un poco de sinceridad nunca viene mal

Es sencillo saber qué ocurre. Lo único es que a veces lo oculto, lo envuelvo en un halo de misterio y lo regurgito. Pero la cosa es clara y lo voy a contar.

Esta semana comencé con ganas después de unos buenos días de pateo. El primer día un intenso debate en clase que me dejó semi exhausto. Por la tarde, después de varios meses volví a hablar con una amiga. Con ella realice un ejercicio realmente complicado. Es ver un paisaje bellísimo y saber que nunca podrás pisarlo, que incluso la niebla no te lo dejará ver. Ese paisaje lo ves…¿Por qué hablo de paisaje? Estoy hablando de la belleza de mi amiga. Es enormemente guapa y atractiva… pero sólo es una amiga. No siento nada hacia ella. Pero mi testosterona no piensa, sino que ejerce su derecho a masculinidad. Y la cabeza de arriba dice: ¿Pero por qué? Lo cierto es que hice un ejercicio de intentar impresionar a una persona que no quiero, ni tengo por qué. Es lo que llamarían algunos ser un “macho alfa” aunque de normal me suela conformar con ser macho beta o un “macho” a secas. También, dicho sea de paso, aquella larguísima conversación improvisaba cortó de raíz mis intenciones de comenzar a estudiar con fuerza para el examen importantísimo del próximo día 25 de abril. Y llegué a casa exhausto.

El martes… El martes quien llegó a mí fue otra persona. En esta ocasión un amigo que hacía que no veía mucho tiempo. Tampoco pude estudiar porque intenté ayudarlo en cuestiones académicas. Luego tuve que ir a clase de inglés y… bueno, tratar con la persona que hace que esas tardes de inglés lleguen a ser insufribles y hasta me haya planteado abandonarlo. Me molestó sobre manera que me escribiera mensajes justo cuando nos íbamos a ver en unos pocos minutos. No lo hizo ni durante el fin de semana, ni el martes, ni nunca jamás. Esto me dio pie a pensar que soy “el chico de inglés”. Me sentí muy absurdo. Más si cabe cuando nos sentamos juntos y no realmente porque quiera, al final es de nuevo por quedar bien. ¿Y por qué he de quedar bien? Es absurdo. La llevé a casa porque…bueno, porque aún aspiraba a que algún brillo sujetara la nefasta primera y única cita que tuvimos y tendremos. Sin embargo me decepcionó con su conversación. Fue bana, intrascendente, vacua, sin ningún tipo de contenido por el que yo pudiera aplaudir. Todo lo que habló en la cita se diluyó por completo.

El miércoles fue, con toda seguridad, el día más agotador. Fue el día clave. En el mismo lugar se juntaron la hermosa amiga del lunes, con mi amigo del martes. Estábamos en la sala de estudio. Comencé a explicarle cuestiones académicas a la hermosa chica y al cabo de un rato llegó mi otro amigo. Fue entonces cuando dije: otra vez me quedo sin estudiar. El ambiente fue extraño. Al cabo de las horas mi amigo hizo un esbozo de psicoanálisis hacia mi pasión academicista que… lo clavó, para qué voy a mentir. La cosa es que yo lo sabía pero no quería verlo tal cual.

Ese mismo día por la noche me contradije, me contravine y le mandé un mensaje a mi cita de este año –después de ponerme digno y decir aquello de ‘No me apetece' (nota mental, dejarme de dignidades estúpidas. Si ya nos conocemos…)-. Estuvimos hablando a través de esos mensajes y al final llegamos a una conclusión –valga la redundancia-: yo no le sirvo como chico sino como amigo –oh, poderosísima casualidad- y yo estoy resignado a no encontrar a nadie que cope mi verdadera pasión soslayada en asuntos académicos. Comencé a pensar y recordé a mi última ex. Fue entonces cuando las palabras de mi amigo encontraron todo el sentido. Después de Marruecos, después de haber perdido amistades, después de haber desperdiciado toda la confianza de numerosas personas me refugié en mi carrera. Toda la rabia, el amor, la atracción, los instintos más básicos, la pasión pasó a mi carrera. Y yo sé que es la forma subliminal de esconder mis frustraciones amorosas, en particular la última. Herméticamente cerrado, cada mujer que ha pasado por mi lado ha sido un NO por sistema porque ninguna se parecía a aquella  “luz de la mañana” del pasado. Y ciertamente es así. Todo lo que ha sucedido después, que básicamente es ocultarme en mi carrera y tratar de encontrar la satisfacción personal en ello, ha sido… una excusa.

Aquello me deprimió completamente. El jueves fue espantoso. Sí, tanto que fue ayer y parece que fue hace dos semanas. Cuando salí de inglés casi lloro. No sé por qué…bueno, sí, lo sé. Seguía pensando en “mañana”… Porque decidí que intentaría, esta vez sí, poner en orden y escribir todo lo sucedido comenzando por los sms, los e-mails y todo lo que pudiera encontrar que de cuerpo a algo difuminado. Y tengo que decir que copiar los sms que ella me mandó es un ejercicio mental y sentimental tremendamente doloroso y sobre todo agotador. Tanto que ahora estoy sin fuerzas. Sin ningún tipo de fuerza ni para estudiar, ni para ensalzar mis buenas cosas.

El comentario psicoanalista de mi amigo, unido con las palabras de mi cita y el recuerdo de “mañana” me dejaron de bajón. Tanto que hoy he sentido como si fuera un zombie. No soy yo. Incluso me estoy planteando asesinar mi esfuerzo y –por decimoquinta vez…más o menos-, dejarme ir y no acabar la carrera por miedo al vacío posterior. A descubrir que después de ella –de la carrera-, no habrá nada y mi carrera, lo que amo de ella, se esfumará. Que no lograré hacerla revivir fuera de la universidad. Y lo que es peor, temo a que sin mi carrera, sin mis estudios, lo que subyacía vuelva a la superficie y ya no tenga objeto de adoración y pasión… y entonces… justo en ese momento, me encontraré vacío, desconocido, a solas conmigo mismo. Habré averiguado que lo único que he hecho, quizás, no lo sé, es haber ocultado mi cabeza bajo tierra.

Eso es, grosso modo, lo que ha hecho que de nuevo la ambivalencia sentimental sea un arte ‘diacronicista’ en el que, pese a intuir una frondosa vegetación, lo único que hay es millones y millones de una sola especie, sin nada debajo…salvo las acículas caídas y secas de una vasta vida malograda.

Un poema y una canción "indirectas"

No me sueltes (Pedro Salinas)

Muchas veces me has dicho: "No me sueltes."
Yo nunca te lo digo
Pero lo estoy pensando: y tú lo oyes.
Y desde que una tarde nos perdimos
Junto a un arroyo, porque tú querías
Ser tú, sola, y yo solo,
No nos soltamos nunca de la mano.

No te me sueltes nunca en estos cuentos,
del podrá, del podría, del pudiera
ser tan maravillosos
que cuando yo termino de decírtelos,
nos duele la mirada
de tanto querer verlos en el aire.
Cuando hablo de imposibles
Apriétame la mano más que nunca.
Nada más triste que soltarse
Como niños de cuento, en cualquier bosque
Cuando se estaba al borde de las hadas
para buscar aparte ese tesoro
que sólo a una pareja se revela.
No hay un amor ni un cuento
que no tengan buen fin. Y si parece
que acaban mal es porque no sabemos
contar, amar hasta el final dichoso.
Para unas manos juntas que buscan, todo es víspera.

No te me sueltes en las calles céntricas.
Recuerda aquella tarde, estando a orillas
de un gran río metálico de ruedas,
desatado hacia el mar de los quehaceres,
en que por desprenderte
de mí te viste sola en un islote
de desolado asfalto,
cogida entre las ondas incesantes
de automóviles raudos. Hasta que otro
Neptuno manejando una luz verde
paró el torrente y yo volví a encontrar
tu mano y te arrastré hacia nuestra tierra.
Desde entonces andamos
por las grandes ciudades tan unidos
que las gentes al vernos
se miran con tristeza,
sus manos sueltas y se paran un momento
para llorar junto a un escaparate
donde nadie les vea,
más que los maniquíes confidentes,
el error de estar enamorados.

No te sueltes tampoco
donde tanto te gusta, en las praderas:
allí el viento te tienta
a ser otra vez viento y escaparte
para volver después de dar la vuelta
a cinco o seis montañas. Tengo miedo.
Yo sé que muchas brisas,
jóvenes como tú, como tú tiernas,
seguras de sí mismas,
dijeron que iban a jugar un rato
con una hojas verdes: y no han vuelto.
Nunca más se ha sabido de su suerte
sino esta soledad y esta quietud
que detrás se dijeron, por soltarse.
Los mitos, en el campo, siempre acechan.

Yo nunca estoy seguro
de lo que tu apariencia me insinúa:
que eres simple mortal, de pura carne.
Cuando libras tu cuerpo de las sedas
un recuerdo de ninfa o diosa altiva
convierte nuestro abrazo en una fábula.
Y así, en el campo, un día,
si te suelto la mano, volver puedes
a tu mito y dejarme a mí llorando
al pie de un arbol:
soñando brazos y mirando ramas
en que a pesar de todos los inviernos
el recuerdo certero reconoce
un latido de sangre que me amaba.

No te me escapes nunca en los salones
adonde sueles ir algunas noches
vestida de unos rasos antiguos
que llenan todo el ámbito de músicas
y hacen llorar a espejos y bujías.
No te sueltes
cuando se inclinen sobre ti y te inviten
a aceptar el regalo de las fábricas
repiten por millares.
Piensa en la gran dulzura destilada
por un alma tan sólo para otra.
Y sin mover la mano
para poner azúcar en el té,
di: "Yo no tomo azúcar", sonriendo.
Porque aunque estés sin mí por esas fiestas
el cálido recuerdo de una mano
está siempre estrechandote a lo lejos;
y soltarlo porque es una pura memoria,
es más traición que abandonar un tacto.
También así se pierden o se salvan
cosas muy parecidas a la vida.

Y sobre todo no te sueltes nunca
cuando estemos durmiendo, sobre un lecho.
Comprendo bien por qué se alza tu brazo
trémulo, palpitante, vertical,
en el aire, a las tres de la mañana,
del fono de tu sueño.
Las camas son imensas, por lo blancas.
Y nadie sabe su extensión sin límite
más que el que tiene miedo
a que ya no le quieran, por la noche.
Las camas tienen níveas vertientes
-sólo parecen sábanas de hilo-
por donde los trineos del capricho
nos roban las promesas más seguras.
En su impoluto campo,
es siempre primavera
para toda semilla de futuro.
Y como un sueño pasa
de un ser a otro por los brazos,
abrazándose como el amor,
y desemboca allí en las palmas de las manos,
si tú te sueltas de la mano mía
perderás lo mejor que hemos ganado:
el don de soñar juntos, hechos cántico.
Y yo no quiero, no, perderte nunca
sobre esa casta anchura suavísima
donde el amor entero se nos cumple,
sin más tacto
que aquel en una mano
entregada a otra mano,
aunque estemos dormidos,
hacer sentir las sangres de dos seres
como una sola sangre:
la que da vida al corazón de un sueño.

Por eso te pido que vayamos
por este mundo con las manos juntas.

Mil canciones imposibles: LODVG - Jueves

Tapa: Millones y millones de ellas
Etapa: Tantas que pasan a cámara lenta en un instante intangible
Estrato… De balada pop
Vas a una velocidad moderada por una carretera de segunda. Estás perdido en ninguna parte. Sabes el país, sabes incluso en que zona climática estás, pero no sabes nada más. Aguaceros internos que empapan el habitáculo donde suena esa melodía. Es líquido elemento artificial, no cae del cielo, cae cuan fuente inagotable de las cuencas visuales que todo lo captan desde un prisma único, irrepetible. Suena la canción entre una recta interminable y la única curva que atisbo a ver en kilómetros a la redonda. Esa curva provoca que los sentidos se paralicen, es lenta y rápida, larga y corta. En esa curva cruzo todas las estaciones, es imposible no hacerlo, desde allí ves todo a cámara super lenta. Es imposible no sentir la parsimonia de un mundo que en un espacio temporal ínfimo como es aquel que cuentas con un carpo y metacarpo, en uno de esos inventados por el azar, por uno de esos eruditos hombres que con los siglos ni tan siquiera fue recordado. Igual que nadie recuerda si el que conduce tu auto está vivo o muerto, si esta melodía es un réquiem o un himno a la mejor de las vivencias. Jalonan cientos y cientos de diminutos micro o nano instantes en los que logras captar hasta la más mínima gama de color. Tu mundo es sólo agua, precipitación de líquido elemento que no puede evitar manar por doquier fruto de una descomposición en el vehículo a motor que empuja tu vida hasta el lugar donde has de llegar. Hoy estás en una recta vacía, sin vegetación, sin nada, sólo crece esta canción en un basto terreno. Al final, de una manera estúpida, y sin sentido, crees que vas a llegar, más, no es posible.

Mil canciones imposibles: Ismael Serrano - Instrucciones para salvar el odio eternamente

Tapa: La que tú quieras, majo

Etapa: La que te de le gana, encanto.

Estrato: ¡El que tú elijas, guapo!

Habla el autor de la canción. Mis palabras sobran: “La mayor parte de las canciones de amor están llenas de mentiras. No todas. Yo trato de ser honesto. Pero por lo general se suele decir lo que ella quiere escuchar. Para seducirla o yo qué se. Claro que ella no está siempre por la labor de creérselas, eso es lo chungo, claro. Pero ¿Quién no ha mentido alguna vez, verdad? Muchas despedidas están llenas de promesas banas. Estoy seguro que en algunas de ellas vosotros habéis mentido […] Quien no haya mentido, quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra […] Las despedidas tienen un protocolo que hace necesario mentir para no sentirse culpable o responsable del fracaso que supone que el amor se acabe. ¿Sabéis que es lo peor del amor cuando se acaba? Que se acaba. Y aún así nosotros intentamos  eludir la culpa y mentimos. Y seguimos mintiendo, vamos más allá y decimos: ‘No te preocupes, si yo… yo estaré bien. Yo lo que siempre he querido es que tú seas feliz, además el tío con el que te vas es un tío de puta madre’. Y bueno, tú y yo sabemos que no es cierto, es un pringao. Que no van a durar ni dos meses, y más con el carácter que tiene ella. Pero aún así decimos que es un tío que te cagas o un buen hombre […] Y nos estaremos preguntando si la llevará a los mismos sitios que te llevaba a ti. Si se dirán las mismas mentiras, si se enfadarán por las mismas cosas y si lo que es peor, si se reconciliarán de la misma forma... Y te devanas los sesos preguntándote qué pasará. Pero ya está bien, si ella se va, cultivemos el odio, declaremos la guerra, porque, no sé, quizás nos sintamos mejor aunque yo creo que no. Yo creo que como todas las canciones de amor, esta también está llena de mentiras, cuando decimos ‘Si ella se va’, lo que queremos decir, es que si te vas, que no sea muy lejos, ni por mucho tiempo”.

Mil canciones imposibles: Pancho Céspedes - ¿Qué hago contigo?

Tapa: Cubana y llena de humo

Etapa: Por doquier

Estrato…De cantautor

Estaba en uno de esos recintos donde esos seres se sienta y toman cosas líquidas cuando descubrí este orondo y simpático cantante. Si no recuerdo mal estaba en la gran mancha de Júpiter. Viajaba lenta, muy lentamente recorriendo esa anaranjada mancha. Perdido y con un rumbo más bien torpe. Pero no sólo fue allí, fue también en Fobos o Europa. Acompañó mucho, no lo neguemos, pues quién alguna vez no ha visto a uno de esos seres humanos y no ha tenido a bien decirle de forma simpática o hastiado esa pregunta retórica que nadie, nunca jamás sabe contestar. Porque a fin de cuentas todo proviene someramente de ese automático pero tierno aparato preso de los huesos del pecho.

Mil canciones imposibles: James Blunt - Shine on

Tapa: Oculta en mis más bajos instintos.

Etapa: Me cogió viajando hacia una estrella muy, muy lejana.

Estrato… De balada pop

Recorridos ya tantos lugares, la última parada aún está por escribirse. Estoy descubriendo un nuevo planeta. No sé si es real o ficticio. No sé si es el Hades, o si en verdad aún no estoy muerto. De momento este planeta está desierto. No hay vida. No me puedo mover. No siento ni padezco. Mis ojos otean el horizonte, lejano y solitario sin más remedio, pues me encuentro recostado, desnudo sobre una superficie porosa, en algunos sitios, afilada y que me ha causado tantas heridas, que no sé si estoy desangrándome o estoy a salvo. Esta canción viaja en mi compañía y trata de vendarme las heridas, pero no estoy convencido de que lo logre. Pero ayuda, vaya si ayuda, salga bien o no, puede que sea una de esas melodías que, quién sabe si vea un nuevo amanecer, aunque éste sea en la más absoluta de las oscuridades, o quizá descubra una aurora diferente. De momento, palpo, pero este planeta duele y no parece haber nadie que sepa nada. Al menos no veo a nadie.