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Geografía-Música-Poesía-Amor


 Prometer, es empeñar el futuro,
desear, es no vivir el presente,
olvidar, es despreciar el pasado,
y vivir, es contestar lo de siempre.
Discutir, prefiero seguir cantando,
ser mejor, es intentar ser cambiado,
suicidar es no volver a arrepentirme,
elegir, es pedirme demasiado.
...Y no te pido más que
te estés a mi lado,
que me soportes loco porque tú estás loca,
y no te pido más que
me soportes callado,
que me cuesta abrir la boca.


Somos objetos perdidos puntos de encuentro para perder la razón
Somos objetos transitivos para un mismo colchón.
No hay paraísos perdidos
solo hay neuronas con el viento a favor,
somos pronombres relativos
Buscando peligrosamente ser mordidos.

si no existen nunca camas donde quepan tantas ganas como en un silencio
¿para qué queréis el miedo? si no sois más que las ansias de algún sexo
para qué queréis el cielo si la boca muda el celo de los hombres nuevos



No es por ti que haya inmigrantes ateridos.
Es porque el desorden
siempre viene conmigo.
No es por ti que tenga
una amante en cada mano.
No es por ti que el niño de papá
lo tenga todo dado.
No es por ti que me guste bañarme en cada río.
Es porque la carne purifica el olvido.
Es porque en los bares
donde vas no pasa nada.
Es porque el amor que vuelve
nunca es el que tú esperabas.
Es porque mi música
es la ausencia de tu cara.
Es porque la angustia nunca ha sido mi aliada.


Quiero y no puedo,
expresar lo que siento por tí
quiero y no puedo dejar
de vivir así.
Quiero la mitad de todo, porque la mitad de nada
no será suficiente.
Quiero que me quieras porque quererte quisiera
aunque sea impertinente.

Despertar, es un lapsus de los sueños,
y soñar, es una vida en balde,
madurar, es regresar a tu padre
y querer, como se quiere a una madre.


Y los lunares que te cuento,
son los cuentos que me invento
pero tengo el infinito y más,
en tu ser diminutivo e imperfecto.


Que tengo tanto esperma en la mirada
Que cuando lloro al viento nace un cielo


Los viejos amigos, caracolas que no vemos 
al fondo del mar
Tu helecho, mi ruido, la vida es una tarde 
con olor a sal
Los sueños perdidos, papeleras en la gran ciudad



Y me asomo a cada rato a la ventana
Esta noche que es un año en el infierno
A ver dónde resucitamos al alba
Ojalá que sea lejos de este desierto

Me entra frío en el porvenir
no tengo abrigo y cierro la ventana.



Una noche, sólo una noche


Una noche. Noche de feel, de lirios, de recuerdos, de Road, de beldades. Noche de vendavales de mujeres, de música a golpe de guitarra. Una noche fría, corta. Noche de enero invernal disfrazada de octubres bipolares, de vidas llenas de arrebatos. Una noche plácida y tranquilamente loca. Una noche de cielo diáfano con iluminarias especiales. Elche me dejó sabores múltiples, de fríos y calor, exaltaciones musicales, exaltaciones divagantes. Una noche muy febrera. Una noche de esperanzas y locuras matizadas. Una noche ilícitamente ilicitana. Una noche sin importar el frío o una ciudad desconocida. Una noche inolvidable, de universos con mundos flotando y chocando entre sí.

Me siento febrilmente agradecido a mi amigo Dani por su compañía, a una conversación sublime de Road Ramos, la belleza de Patricia Lázaro y la luz de una estrella: Boza. Siento gratitud por haber vivido otro momento único en mi vida. Gracias a tres cantautoras y un amigo me sentí vivo y afortunado. Imposible resulta explicar con caracteres los miles de pensamientos, las múltiples y ambivalentes sensaciones. Soy un globo de emoción henchido de furiosa, vacua y llena felicidad. 

Yo no pido la luna...


A veces lo parece, a veces cuesta. La luna queda muy lejos, inalcanzable para todos. Sólo la podemos observar. A veces se oculta y ni tan siquiera la podemos ver, pero periódicamente está ahí y muchos, ya os digo yo que son muchos, los que quisiera llegar hasta la luna y ver toda la inmensidad del sistema solar. Esto es perfectamente extrapolable a la vida cotidiana. Tener un trabajo, llevar una vida con ánimo, levantarte con ánimos, enamorarte, hacer el amor con la mujer que deseas, ser una persona que lucha a diario…todo ello parece que es como pedir una luna. Y yo pienso ahora mismo, en este preciso momento eso, que “yo no te pido la luna”. ¿Cuántas veces lo hemos pensado? ¿Cuántas lunas hemos logrado alcanzar a lo largo de nuestras vidas? Yo confieso que sí, he logrado alcanzar muchas veces la luna. Soy un privilegiado, he logrado trabajar en algo que me gustaba, he logrado vivir con ánimo, he logrado levantarme mordiendo a la vida, me he enamorado locamente, he hecho el amor estando muy enamorado. Y en su momento logré algo incluso más complicado que es valorarlo y ser consciente de que estaba en la luna, estaba con los pies muy lejos del suelo firme. Ahora pregunto más allá, cuando hemos estado en la luna, ¿Cuántos llegasteis a ser consciente de ello? Ahora mismo me encuentro en un viaje, apenas estoy en la troposfera pero no quiero volver a pisar tierra firme, pido poder volver a llegar a la luna. Seré consciente cuando esté allí de que en verdad estoy en la luna, pero además sé que esa luna que me espera estará todos los sueños que anhelo, sólo he de explorarla. Hablemos claro. Yo no pido la luna, pido lo que es justo, pido lo que vitalmente me concierne. Me lo pido a mi mismo y por eso cada semana, cuando se acaba un domingo después de tanto trabajo, y comienza ininterrumpidamente un lunes, otra semana, intento mantenerme indemne e inocuo a todas las enfermedades del pesimismo, del derrotismo. Este lunes yo quiero tener ánimos, soñar con un futuro cercano mejor y sentirme despegando hacia esa luna que ya conozco y quiero volver…para quedarme. Yo no pido la luna, sólo quiero parecerme, sólo parecerme al que hace no mucho tiempo dibujé. Veremos en unos meses si en verdad pedía imposibles o si era alcanzable.



PD: Sí, ya sé que es más una entrada musical, pero esta canción ya la había publicado en Bastestan, y en algún lugar tenía que ubicar una inspiración tan de súbito. Juro que me vino esta canción cuando iba a la cocina a fregar los platos. Lo juro. 

Dos momentos únicos de 2012

Hay quien lo verá exagerado pero el pasado año 2012 fue inolvidable por algunas cosas. Las cosas buenas pueden ser pocas pero inolvidables. Para mí, siendo objetivo, hubo dos momentos que no podré olvidar jamás. Ambos tuvieron que ver con Marwan. No voy a descubrir lo mucho, muchísimo que la música de Marwan influencia y ha influenciado mi vida. Es totalmente inefable alcanzar explicar lo tanto que me transmite las letras de sus canciones y él como persona.

Uno de los momentos más inolvidables del pasado año 2012 –y probablemente de mi vida- ocurrió en septiembre. Una de mis mejores amigas fue a un concierto de Marwan en su ciudad, Bilbao. Por aquel entonces yo estaba en Jaén, ¿qué día sería? ¿Catorce o quince de septiembre? ¡Aay, septiembre! Qué importante ha sido siempre él. Para mi amiga era la primera vez que veía a este cantautor que ella misma me descubrió en enero de hace justo cuatro años.

No pude acompañar a mi amiga que sabía muy bien lo importante que era para mí…para ambos. Por eso, antes del concierto, alcanzó a hablar con él. Yo estaba entrando a un centro comercial de Jaén, sonó mi teléfono y detrás del teléfono estaba mi amiga, quien logró que el mismo Marwan hablara conmigo a través de su teléfono. Hablamos un segundo escondido en cinco minutos. Para mí fue tan inolvidable como el hecho de que mi amiga mantuviera la llamada mientras él cantaba en Bilbao. Fue un concierto vía telefónica. Un momento único e inolvidable. Nadie ha hecho eso por mí…ni acercarse.

Pensé que eso era insuperable. Ya en la ciudad en la que resido eventualmente hoy día, buscaba un concierto o música en vivo que tanto me da la vida. No había en el horizonte un concierto de nadie que conociera en esta ciudad. Entraba el mes de octubre, el de mi cumpleaños, tan especial que es para mí. Descubrí que Marwan visitaría mi actual ciudad justo el día que nací hace unas cuantas décadas. Durante seis de los diez días previos a su concierto bajé hasta el bar en el que tocaría buscando una entrada. Finalmente, no sin mucho empeño, lo logré. Fui, como en otras muchas ocasiones, el primero en entrar en la sala. Lo vi entrar, hablamos y le expliqué que era el día de mi cumpleaños. Yo, que no suelo pedirle nada…bueno, nunca le he pedido nada, después de un tiempo tan complicado para mí por aquel entonces, sí me atreví a pedirle una canción suya muy especial.

El concierto, como es habitual en él, fue muy emotivo, largo, extenso, maravilloso. Sin embargo, la canción no llegaba. Hacia el final Marwan me miró y se acordó de mí, de mi cumpleaños y de la canción más importante para mí. Su dedicatoria pública me dejó sin palabras hasta ahora. Imposible explicar el hecho. Me emocioné, lloré mientras grababa –o lo intentaba- aquel momento único. Zozobré, se me pasó el significado de esa canción, el por qué, todo lo vivido, todas las cientos –si no miles, quizás- de veces que la había escuchado, que había soñado con que alguien hiciera algo así por mí. Con una ñoñería claramente alcista hasta cotas insospechadas Marwan logró que aquel momento se convirtiera en memorable.

Fue en octubre. Desde entonces ando como si ya pudiera fenecer en paz. Clavo en mi cabeza frase como “encuentro lugares donde irme pero ninguno en donde quedarme”, que, quizás, sea de lo que más pienso. No sé de qué manera poder expresar lo que significa la música y la persona que es este cantante. Pero fueron dos momentos importantes en 2012 y no sé si de los más importantes públicamente en mi vida. Pese a todo, sigo buscando conciertos cercanos suyos para poder disfrutar de un tipo de concierto que aún hoy no he logrado encontrar parangón. 





Diez años de cincuenta

Esta es una entrada bastante intrascendente pero tenía ganas de escribirla aunque sea ya un poco desfasada. En el año 2003 una rabiosa capacidad para no parar de escuchar música hizo que quisiera dejar constancia de lo sucedido en mi vida a través de la música y de las canciones. De pequeño me levantaba pronto y una de mis aficiones era ver la lista de los 40 Principales. Fueron muchos años y mucha música de ese pasado que aún existe, al igual que muchos artistas. Tal vez por intentar emular esa lista pero con otros tintes más personales aquel año cree lo que vine a llamar ‘Mis 50 Principales’. Durante muchos años esta lista fue secreta o pseudo secreta. Sin embargo, hace un par de años decidí darla a conocer. Y bueno, en esto de blogger yo comencé de forma muy, muy básica. Pero fue sobre todo hacia el año 2009 cuando todo dio un giro radical. Y aunque no me gusta hablar de mis otros blogs, y ni mucho menos hacer promoción, en este caso lo haré porque realmente no creo que nadie conozca de primera mano esta “afición” mía.

Claro, a lo largo del año escuchaba mucha música, realmente es lo único que sé que siempre voy a estar haciendo. Puedo no estar haciendo nada, dormir incluso, que de fondo siempre habrá una canción con la que duerma y una con la que despierte. Esto sigue sucediendo hoy, como cuando tenía ocho o nueve años.

Y bueno, el pasado año 2012 cumplió una década y quiero resaltar esto que para todos carecerá de importancia, pero no para mí. Por ejemplo, y a vueltas con ese año 2003, el número 1 de aquella lista fue la canción “Apuesta por el Rock and roll” de Enrique Bunbury. Una canción que por aquel entonces aún me recordaba muchísimo a Asturias, a mi visitas por Espinaredo, Mieres, El Entrego u Oviedo. Siempre recordaré aquel trayecto de El Entrego a Gijón escuchando de fondo, probablemente, la primera canción que descubrí de Bunbury, “Infinito”. Luego “Apuesta por el rock and roll” se convirtió en favorita. Puedo escribir perfectamente la historia de cada año tan sólo viendo el número de cada año.

En 2004 la canción más oída, y, por tanto, el número 1, fue “Desde el acantilado” de Abigail. Fue un año complicado, iniciaba una nueva etapa en la que me estaba reinventando después de haberlo dejado con mi novia de Asturias y buscaba volver a aquella patria que me había acogido. Esta canción me ayudó y me sostuvo para no darme por vencido en momentos complicados…como siempre que comienzas una nueva vida, con nuevas personas, amigos, etc…

En 2005 sufrí una gran crisis, de ahí que de nuevo Abigail, pero esta vez con la canción “Noches y días” fuera la que más escuché. No contaré lo sucedido pero recuerdo como si fuera ayer lo que pasó. Esto es como aquella película, ‘El efecto mariposa’ donde el protagonista leía sus escritos y se transportaba a sus vivencias. Algo así me sucede a mí con estas canciones.

El año 2006 fue en el que redescubrí La Laguna –Tenerife-, los bares y las mujeres pasaron en vida cuan mariposas…hasta que apareció alguien por quien me prendé tanto, que asocio esa canción a las noches en las que la buscaba por los bares, en la que nos encontrábamos y en las que la magia inundaba cada día, se trataba de “Por la boca vive el pez” de Fito y Fitipaldis. Un año más tarde, en 2007, seguía ya muy enamorado de aquella chica, una historia de lo más rocambolesca. Buscaba verla y hacerla reír, cosa que conseguía, pero con cada sonrisa, peor lo pasaba, ese año fue la canción, sin duda, de “Por verte sonreír” de La Fuga.

2008 fue un punto de inflexión en mi vida, comenzó a cambiar, otro giro radical, un viaje, un accidente, un adiós, dos mujeres, un hospital, y todo precipitado; ahí sonó de fondo sin parar “Ardió mi memoria” de Manolo García. Si contase todo lo dio de sí  ese año…bueno, lo he contado, en mi libro no publicado, basado en los hechos acontecidos en aquel increíble año con esta banda sonora.

Y llegó 2009, fue entonces cuando las listas comenzaron a mutar y a ser más flexibles. Ese año, 2009 fueron como dos o tres solapados en uno solo, de ahí que hiciera dos listas, una antes y otra después de haber conocido a la chica que se convertiría en mi última novia –de la que tanto he escrito directa o indirectamente-. Antes de conocerla, la primera canción de la lista ‘mala’ fue “Wish you were here” de Pink Floyd; después de conocerla, en la lista ‘buena’ copaba el primer puesto “Bailando nubes” de Iratxo.

Llegó el explosivo año 2010 y sin lugar a dudas todos los acontecimientos están vinculados con uno de esas canciones que aún hoy me recuerdan todo lo sucedido: “Cuatro elementos” de La Musicalité. El pasado año fue Marwan el que ocupó el primer puesto con la canción “Marcas”. La de este año habrá que esperar hasta el día 31 de diciembre por la mañana para saber quién será el número uno –pues no lo quiero desvelar-. Huelga a decir que habrá sorpresa final de esa lista porque este año ha sido también especial y eso lo reflejaré.

Como digo, no pretendo hacer propaganda, pero quería ‘presumir’ de persistencia, de perseverancia. Lastimosamente hoy día no puedo actualizar el Bastetstán siempre que quisiera. Vivió momentos de dos y hasta tres canciones diarias. Hoy, por motivos de falta de tiempo y conexión asidua a Internet he tenido que programar muchas entradas. Mi vida está aún llena de música. Es el mp3 el que siempre, siempre me acompaña para escanciar música, que desde que tengo uso de razón ha sazonado mi vida. Y espero que las circunstancias se sigan dando para poder elaborar más o menos la lista. Son diez años, cientos de canciones y cada una con una historia, mucha o poca, corta o larga, importante o baladí, pero todas tiene tras de sí algo. Lástima que no haga llegar demasiado lo que pretendo.


Algo sobre música


Este pasado fin de semana tuve una acalorada discusión de esas en las que siempre acabo diciendo que no sé debatir ni quedar a buenas, ni explicar mis argumentos. Críticas propias aparte, lo importante no fue eso, sino el fondo de la cuestión. Estábamos hablando de música y todo comenzó con una persona afirmando: “En –no recuerdo dónde- afirman que es la mejor  canción del mundo”. Fue entonces cuando comenzó todo, ya que le dije algo así como: “Las listas de las mejores canciones son tan subjetivas y hay tantas listas, que afirmar por unanimidad una canción es la mejor que nunca ha habido es vano y jactancioso”. El argumento de mi compañero giraba en torno al reconocimiento global de las personas por una canción o un grupo, lo que se llama popularidad o ‘comercialidad’. Ante eso, y sabiendo lo que sé con humildad le dije que lo que es más popular es porque tiene unos filtros que hace que pueda ser escuchado por una mayor masa de personas. Un ejemplo son los 50 Principales o MTV, que no se caracterizan precisamente por popularizar grupos o canciones que hablen de cuestiones importantes. El ataque de mi compañero se dirigía, por ejemplo, hacia grupos como Extremoduro o The Beatles, argumentando que hoy día escuchar a los de Liverpool era anticuado, desfasado y hasta descontextualizado. Eso me enfureció, ya que no creo que la música de Lennon, McCartney, Harrison y Stara sea de una época exclusiva, como o creo que haya pasado de moda. Le comentaba que la música es estado de ánimo, que puede ser medida por su métrica, o por sus ventas, por ser más o menos popular, por las ventas, por su composición literaria, por su mayor o menor trabajo, por ser independiente y autoproducida… Es decir, que hablar de Pitbull y demás que suenan hoy día por las discotecas y radios como la panacea y lo exclusiva, descartando otros motivos, es simplificar, sería como decir que la Capilla Sextina fue una chapuza, como decir que el Cannon de Pachelbell no sirve, como decir que un paisaje montañoso no es tan paradigmático como impresionante. Lo he hablado –mucho más calmadamente- con ‘amigo armonicista’ hace muchos meses cuando él, empeñado en el blues, denostaba el resto de estilos musicales. Yo le dije que la música era como el Universo, es tan grande, está tan inexplorado, que quedarse en un estilo sería como no querer andar más allá de tu calle, no querer cruzarse con cosas bonitas.

La música es un estado de ánimo, a veces demasiado simple –y necesario, por tanto- otras veces trascendentes –que nos merecemos-, otras de conjuntar a todo el mundo y ser parte de ese mundo –que ocurre, siempre-. Igual puede que quiera dar más realce a aquellos grupos o cantantes que son menos conocidos, que tienen que luchar más para poder tener un nombre. Igual me puede cierto recelo hacia la música comercial porque es fácil escucharla, entra y sale de forma exigua. Malo puede ser, pero creo que tener a Pitbull y Cía como ejemplos de musicalidad me dice que vivo en una sociedad sin oídos, que busca lo fácil, que no trasciende más allá de lo que te ponen. Obviamente generalizar es un fallo, y seguro que hay casos y casos, pero desgraciadamente no hay quienes se intenten dar un salto a un garito de música independiente, de autor, desconocida y que intente ahondar en grupos como Iratxo, Familia Rústika, 100% Collegues, Le Punk, Luis Ramiro, Lucas, etc, etc, etc… Es como todo, queremos algo fácil, que venga y que se vaya rápidamente, el sexo, el amor, un examen copiado, una mentira, una salvaguarda hipócrita.

Me encantaría poder visitar tribus africanas o de la Amazonía y poder escuchar sus danzas y músicas tribales para conocer de primera mano lo que es la música en lugares donde no existen las listas de venta, la popularidad ni nada de eso, simplemente es utilizado de otra forma. Porque si sólo hacemos de la música algo para olvidar, algo intrascendente o que nos ponga delante únicamente las más bajas pasiones, estaremos yendo por un camino que creo que es muy cuestionable. Creo que es una fotocopia, una radiografía de lo que queremos ser como individuos y como sociedad, lo que nos define. Pero no es por escuchar el último greatest hit del momento, sino por no ser capaces de ir más allá  quedarse en un estilo. Creo que lo adecuado, lo suyo, sería salir a una discoteca y escuchar el último gran éxito, un martes escuchar música de autor; un domingo de aburrimiento bucear por la red y descubrir un grupo o cantante que no conoce nadie o, llegando al extremo, quedar con tu amigo que sabe cantar o tocar un instrumento y reconocer que puede tener talento para poder conseguir algo de dinero para que esta crisis no le ahogue… Hay espacio y tiempo para todo, quedarse en una sola cosa es un error.

Me arrepiento de mi reacción, pero no de mis ideas musicales que alguien intrascendente dijo trascendentemente que era como “mezclar en un mismo plato un bistec de ternera con un helado de chocolate”. Ahora unos ejemplos que me han venido a la cabeza, aunque podría haber decenas y decenas, estos son los que se me han ocurrido:

Ejemplo de popularidad al comienzo, fama y reconocimiento sin hacer grandes canciones (Vivir del cuento)

Ejemplo de grandeza musical, literal, ideal y reconocimiento más que merecido hasta el final de sus días (Un referente)

Ejemplo de un grupo que, pese a ser desconocido, tiene pasión por la música y que podría ser más que recomendable –y tiene más calidad que cientos o incluso miles de grupos- (Un buen ejemplo)


Ejemplo de música reivindicativa que nunca saldrá en una popular cadena de TV o Radio salvo alguna excepción (Inquietudes)

Ejemplo de autoproduccion, de empeño y de abrirse hueco gracias a ciertas dosis de suerte haciendo algo distinto: mezcla de música y teatro (Muy interesante)



Ejemplo de reconocimiento mundial por su música, su trabajo, y su a veces políticamente incorrecta forma de hacer las cosas (Un buen ejemplo aunque la haya escuchado poco)


Ejemplo de un cantante con un mercado selecto, con letras muy, muy cuidadas y una composición literaria muy buena (Un cantante comercial con público heterogéneo)


Ejemplo de una cantante –como podría ser un grupo- muy conocido exclusivamente por una canción sin mérito alguno (Mal ejemplo o la música efímera)

Ejemplo de pérdida del norte y llegada a la monotonía musical debido a los éxitos y el dinero alcanzado en los últimos años (Algo muy habitual…y encima pasan de componer y sacan versiones de otros hits para mantener las ventas)

Ejemplo de una cantante que ha perdido por complete el rumbo musical para intentar ganar reconocimiento mundial con algo fácil (Muy habitual)
Shakira - Loca

Ejemplo de algo que se sale del baremo. Un paraíso musical sólo hecho para unos pocos y de unos pocos momentos


Ejemplo de agudeza musical, como se puede crear obras talentosas y ser mundialmente desconocido. (Lástima de su poca trascendencia)

Ejemplo de cómo ser los más grandes, hacer un sprint por amor a la música y acabar estallados por egos y por su propio público (Ídolos)







No es sexo


Lo ideal no está en los libros. No está en las películas, en los cuentos infantiles o sitcoms. Lo ideal para mí está en una tarde cualquiera, un fin de semana, puede que sea tarde o noche, pero estoy ahí. Cerca, muy cerca. Prácticamente no pasa el aire entre nosotros. De fondo una algo…queriendo y queriendo. Tanto casi como anhelos, con vehemencia. No existe el pudor, no existe inhibición. No importa nada porque lo importante es sentirnos el cuerpo, marcándonos uno con uno. Da igual si hay mucha o poca gente. Da igual porque lo importante es ese momento que puede ser eterno, puede ser inolvidable, como de hecho así lo fue. ¿Sirven las palabras? No.

Cierro los ojos y vuelvo a recordar aquellos momentos. Lo importante de la vida es cuando te quedas sin fuerzas, cierras los ojos y tratas de ver un lugar o persona inolvidable y puedes verlo tan sólo escuchando una canción.

Puede que sea una obsesión. Hay cuestiones físicas, del cuerpo a cuerpo que no realizo sino muy pocas veces, y, como mucho, a solas, pero cuando ocurre suele ser tan indeleble que queda marcado, sobre todo para mí. No lo hago con todos, no lo hago siempre que quiero, pero lo importante es lo inolvidable. Lo importante es olernos, sentirnos, tocarnos, escuchar la respiración.

No me refiero al sexo…me refiero al baile. Y también lo echo mucho en falta.


Amor-Odio


La mayor parte de las canciones de amor están llenas de mentiras. No todas. Yo trato de ser honesto pero por lo general se suele decir lo que ella quiere escuchar para seducirla o yo que se. Claro, que ella no siempre está por la labor de creérselas. Eso es lo chungo, claro. Pero, ¿Quién no ha mentido alguna vez, verdad?

Muchas despedidas están llenas de promesas banas, yo estoy seguro de que en alguna de ellas vosotros habéis mentido. Que sí, no pasa nada, estamos entre amigos, buen rollo. Quien no haya mentido, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra…pero que no tire a dar. Sí, porque las despedidas tienen un protocolo que hace necesario mentir para no sentirse culpable o responsable del fracaso que supone que el amor se acabe.

¿Sabéis qué es lo peor del amor cuando se acaba? Que se acaba. Y aún así nosotros intentamos eludir la culpa y mentimos. Y seguimos mintiendo y somos capaces de ir más allá y decimos: ‘no te preocupes, joder, si yo…yo estaré bien, yo lo que quiero, lo que siempre he querido es que tú seas feliz, además, el tío con el que te vas es un tío de puta madre’. Y bueno, tú y yo sabemos que no es cierto…es un pringao…Joder macho, que no van a durar ni dos meses, y más con el carácter que tiene ella. Pero aún así decimos que es un tío que te cagas o un buen hombre que también jode lo suyo (…)

Y nos estaremos preguntando si la llevará a los mismos sitios a los que te llevaba a ti. Si se dirán las mismas mentiras. Si se enfadarán por las mismas cosas y si lo que es peor, si se reconciliarán de la misma forma. Y te devanas los sesos preguntándote qué pasará, qué ocurrirá… Pero ya está bien. Si ella se va, cultivemos el odio, declaremos la guerra porque…no sé, quizá nos sintamos mejor, aunque yo creo que no, yo creo que como todas las canciones de amor esta también está llena de mentiras. Y cuando decimos ‘si ella se va…’ lo que queremos decir es que si te vas, pues que no sea muy lejos ni por demasiado tiempo”.

Ismael Serrano

Demasiado calor para tanta importancia

Detesto estar a 40 ºC. El viento tan caliente que abrasa. Esta semana estoy de aires retros. Vivo en una paradoja tan increíblemente dañina que parece que por momentos podría producirse el big bang de mi vida (ojala). No me ha importado que me hayan quitado mi cuenta de Facebook. A fin de cuentas también me han robado decenas de cuentas de e-mail...y unas cuántas más, también me han robado el corazón...más importante esto último, dónde va a parar. Estoy realmente muy, muy, muy (x1000) agotado. Entre unos y otros me han absorbido todas las energias. Cuando te pones a dar sin calibrar o sin un baremo, ocurre que en demasía acabas cayéndote. Eso es lo que me ocurre.

Quedan exactamente dos semanas para el que es, probablemente, el examen más complicado de mi vida. Si todo saliera bien, supondría el PENÚLTIMO de mi carrera como estudiante en la Universidad. Y no es cualquier examen, me juego no una, ni dos, sino tres asignaturas. Si lo apruebo todo lo que he hecho desde septiembre habrá valido la pena. Es una asignatura anual consistente en tres partes. Para sacarla hay que aprobar los tres parciales. Yo ya tengo aprobado dos, ahora me queda el último. Si suspendo tendría que ir con todo a un examen final. Es decir, suspender esta materia supondría que todo lo que he hecho desde septiembre no habría valido la pena, ni el esfuerzo, ni las horas, días, semanas, meses de trabajo y estudio no habrán servido de nada. Si hoy fuera septiembre y hubiera tenido días y semanas de descanso, estaría con todas las ganas y fuerzas del mundo. En este momento literalmente me cuesta mantenerme de pie...sobre todo con estas olas de calor que me hacen agonizar.

Si me licencio, para ese día quiero aire, mucho aire fresco, nubes, muchas nubes -y si son grises, mejor-, unos 15 ºC estaría bien, y ya si llueve de forma torrencial sería PERFECTO. Pero como eso no ocurre en Canarias en junio...pues sea como sea que esté el tiempo será inolvidable.

Llevo desde el jueves sin parar de hacer trabajos, y más trabajos...y lo que me queda. Lo peor de todo es saber que si acabo, se acabará un ciclo, no tendré posibilidades de beca, ni de seguir estudiando y tal y como están las cosas, ni de trabajar. Ante un panorama tan desértico, lo único que me puede suponer un alivio es cumplir el objetivo...tarde, pero cumplido. Luego vendrán las divagaciones, las hostilidades anímicas y demás. Ahora hay que buscar la inercia de seguir por seguir, aunque sea sin fuerzas, hay que seguir...y como decía, esta semana escuchando canciones de hace 20, 30, 40 y 50 años que tanto bien me hacen. Esta canción que pongo sonó precisamente anoche...Me trae TANTÍIIIISIMOS recuerdos de mi infancia...de otra vida, otra diametralmente opuesta a la actual. Me hace querer volver a soñar, incluso me hace que quiera volver a creer en el amor...


Estrafalariamente absurdos


Esta entrada es totalmente estrafalaria pero, ¿qué voy a hacer? Así soy yo. He tardado horas en escribir y darle contenido a este post. Aunque comenzó de una manera es posible que se parezca a una entrada de una bloggera que vi hace unos días pero juro que cualquier parecido con aquello, es pura coincidencia. Todo comenzó con la música y más en concreto con la afición mía al baile. Mientras para el resto del mundo latino el baile es algo que forma parte de su vida (de alguna manera), una de mis mayores frustraciones es precisamente el baile. Soy capaz de escalar por un pedregoso paraje para ascender una montaña que de normal nadie subiría, soy capaz de cosas pasarme tres días sin dormir ni comer haciendo geografía, soy capaz de... de muchas cosas, vaya. Sin embargo algo tan sencillo como el baile, que me encanta, que me excita, me emociona y no se me da mal –para qué negarlo-, pues algo como eso, paradójicamente me hace sentir mal. Y es que me encanta bailar pero soy demasiado, excesivamente tímido y encima con los años y los estados carenciales de una pareja sentimental, ergo, también de baile me ha hecho más exigente. Y hablemos claro, para mí, en mi mundo, tras una semana pletórica como esta, quedarme un viernes en casa bailando solo o peor, imaginando que bailo con alguien me resulta más triste que la “No relación” de Sheldon Cooper con Amy Farra Fowler. Podría estar en una verbena, en una fiesta, una noche de baile o algo así, pero estoy aquí.


Comenzó todo esto por “culpa” de una recurrente broma de mi amigo 'el del pelo más espectacular y hermoso que nunca y jamás he visto en persona' escuchando “Woman del callao” de Juan Luis Guerra. Dejé de hablar con mi amigo 'el del pelo más espectacular y hermosos que nunca y jamás he visto en persona' y luego continué buscando y escuchando las canciones que marcaron para siempre una infancia que la tengo guardada por cuestiones que no vienen al caso.Comencé a bailar entonces yo solo, como siempre, imaginando que bailo con alguien –sí, lo sé, a patético es difícil ganarme-. Esa imagen mía no la vendería ni por todo el oro del mundo. Aún con todo, debo asumir que a lo largo de toda mi vida he bailado más solo que acompañado y más en soledad que en público. Cuando tenía unos quince años aproximadamente mi primer amor físico y material era de color rojo, tenía ruedas, un manillar increíblemente moderno y con ella recorrí casi toda la isla. Yo solo. Mientras los chicos de mi edad se iniciaban en el alcohol, las relaciones y demás, yo decidía trazar una tangente y emular a Alexander Von Humboldt en sus exploraciones, aunque yo no cruzaba océanos, en aquel momento lo que yo hacía lo consideraba inverosímil. La única cosa que me hacía feliz. Y conmigo y mi bicicleta llevaba siempre un artefacto, un walkman con música. Esta canción que pongo a continuación la escuché montado sobre aquella bici. Uno de los mayores recuerdos que poseo es bajar por una carretera (tras un montón de horas de subida) en verano, recibiendo todo el Alisio en mi cuerpo, con el manillar suelto, abriendo los brazos de par en par (por aquel entonces nadie había visto a Di Caprio abriendo las manos en el Titanic gritando "Soy el rey del mundo"). Sin las manos en el manillar me ponía a ¿¿¿¿bailar??? sobre aquella bici. Fueron auténticas temeridades las que hice con aquella edad. Pero quería bailar, quería disfrutar y no podía hacerlo en casa, ni fuera de ella por mi timidez y por otras cosas que no vienen al caso. Por aquel entonces ya me había ganado una fama de excéntrico. Bien ganada estaba, dicho sea de paso. Ahora no creo que fuera capaz de hacer tal locura...



Estaba escuchando una canción que finalmente no he podido subir -después de horas intentándolo, me di por vencido-. Es una canción de cuando tenía diez años. Durante los veranos me quedaba solo con mis padres y mi hermana (mayor que yo) se iba a La Gomera. Ella era la sociable –lo sigue siendo-, la cariñosa –lo sigue siendo-, la más entrañable y carismática –lo sigue siendo-. Yo era el tímido –lo sigo siendo-, el callado –esto dudo que lo siga siendo- y el risueño –aunque los demás lo nieguen, creo que lo sigo siendo a mi manera-. Por aquellos tiempos yo no iba a los bailes, sino que me quedaba en casa de mis abuelos cuando mis padres y yo nos uníamos a mi hermana en el mes de septiembre. Más que bailar, esta canción me recuerda a un estilo de vida, a otra vida. Ufff. No puedo evitar emocionarme. La canción está a millones de millones de años luz de tener calidad, pero como le decía a alguien hace unos días, son canciones que me hacen revivir cosas. Y ufff…. Lloro porque ha pasado como un siglo. ¿Cuántas vidas habré vivido en 30 años? ¿Qué voy a decir? Que a esa edad ya sabía lo que quería, mi cabeza tradicional, convencional al máximo, sólo buscaba cariño, amor. Siempre he sido el pequeño. Y… bueno, si tuviera que decir lo que pensaba entonces y cómo he cambiado…Haciendo retrospectiva, me impresiona todos los giros y cambios que ha habido en mi vida, las veces que me he reinventado...


Luego me he puesto a buscar las fotos que he escaneado de la familia y encontré las mías. Ignoro el por qué pero de mi infancia hay muy pocas fotos en comparación con el resto de la familia. Me da pena eso. Me gustaría poder tener más fotos mías. No sé por qué no me sacaron tantas fotos como a mi hermana. Pero bueno. Es bonito verme años atrás. Reconozco a aquel niño super inocente y que sólo rompía platos -literalmente- pero que siempre fue el más inocente e ingenuo de todos. Luego ya de mayor aprendí a las bravas. La siguiente canción es de mi etapa venezolana. Independientemente de que pueda o no gustar, es, junto a muchas otras, un recuerdo constante de como fue mi primera vida en Venezuela. Recuerdo que me inculcaron aquello de tener una mujer e hijos. Crecí con esa idea. También me cocieron a fuego lento un miedo: el de quedarme solo. De hecho fue algo recurrente como amenaza. En parte, o quizá de forma completa aquello se ha cumplido, pero frente a lo pusilánime que me veía en aquel entonces, hoy me veo fuerte en esta elegida soledad. ¿Para qué estar mal acompañado pudiendo estar bien solo? 



¿Fue en una Comunión? Puede ser. ¿En qué año fue? No lo sé. Sí que sé que fue en el sur de Tenerife y estaban mis primas de La Gomera, la mayor de todas siempre fue la más cariñosa conmigo. Pues bien, acabamos aquella tarde bailando repetidamente esta canción. Recuerdo, eso sí, que fue aquella etapa, mi tercera vida de las seis o siete que ya llevo atrás. Esa tempestuosa vida de unos cuantos años tuvo sus momentos buenos, y uno de ellos fue el haber bailado con mi prima mayor, bailes aquellos hasta sudar la gota gorda y acabar con una resaca de baile preguntando al día siguiente ¿El que bailó así de esa manera fui yo? Sí, luego sentí vergüenza, siendo yo el tímido, el callado y esas cosas, que mi familia viera mi cara al día siguiente fue eso, una vergüenza, pero no me arrepiento. Casi todas las veces que he bailado en mi vida ha sido con mi familia, aunque con mucha vergüenza. Yo aprendí a bailar en Venezuela, como no. Allí era muy fácil, la verdad. El tipo de música por una parte, y tener una madre a la que le encantaba bailar porque se había criado prácticamente en las plazas de su pueblo bailando cada verano ayudó a que sus hijos fueran todos unos gran aficionados al baile. Ahora esa afición la cogido esa criaturita fantástica y maravillosa: mi sobrino, que para tener cinco años baila -y perdón por la expresión- que te cagassh (con acento macarra). Las emociones eran todo un vaivén. Ya sabía que mi futuro inmediato no estaría en Tenerife y que quería bailar y vivir experiencias fuera de esta isla. Asturias fue mi destino. Allí por fin pude bailar con alguien como siempre quise...


Hay canciones indelebles y que desgraciadamente se perdieron en el fragor de la batalla, ya que internet no las ha podido rescatar. Sin embargo sí recuerdo sus letras, al menos eso sí lo conserva internet. Todo hay que decirlo, son letras como las canciones, bastante simples. Escarbando y escarbando durante todas estas horas he logrado encontrar las versiones originales de varias de esas canciones. Al final he puesto la que podéis escuchar a continuación. Yo la escuché en las fiestas de los pueblos de la isla donde nacieron mis padres. Y como le decía a una compañera esta semana, en aquellas fiestas, cuando ya tenía unos doce años, ya me enamoraba cada noche de la belleza física de muchas chicas. Ellas bailaban con amigos, primos, y con desconocidos. Sin embargo yo era incapaz de atreverme a bailar pese a que tenía unas ganas increíbles. En mi cabeza imaginaba que la sacaba a bailar y se enamoraba de mi por como bailaba. Años más tarde esto se cumplió de forma relativa y con todos los matices del mundo. Pero no cambió la exacerbada timidez que me impedía bailar y disfrutar como yo querría. Esta canción además ha sido versionada como un millón de veces o algo así. Lo primero que se me viene a la mente son dos fiestas de La Gomera en pleno mes de agosto, una de ellas justo el día 15. Otra de las fiestas se celebraba en un pueblo de bonito nombre: Las Rosas.




Pero no todo es baile de ese estilo. Siempre soñé con noches de bailes románticos porque sí, y este cantante que pongo después de este párrafo fue uno de los culpables de mi idiosincrasia romántica. Tengo que reconocer y confesar que no hace muchos años se hizo realidad lo del baile a la luz de las velas, con canción romántica, con una chica, una noche, una locura preciosa. Hubiese deseado que se repitiera, hubiera querido que saliera genial, pero aquello fue una de las mayores y más hermosas locuras que he hecho en mi vida. Ella era mi enfermera durante un largo proceso hospitalario en el que me vi envuelto. En una noche llegó a mi habitación y...bueno, en resumidas cuentas, me besó. Fue el comienzo de un idilio en el que por primera y única vez en mi vida fui el amante, el tercero en discordia. Nos veíamos a escondidas y en una de esas la "rapté" una noche, la llevé a mi casa y preparé el ambiente con velas, copas, cena, música.... fue perfecto. Casi perfecto, como dije, yo sólo era el tercero en discordia. Con eso no hace falta decir como acabó. Lo cierto es que aquello me sacó de mis casillas por completo. Siempre me consideré un chico bastante íntegro, que lo que no quería que me hicieran, no lo hiciera yo. De hecho, hace un par de semanas estaba hablando con una amiga y le contaba que con dieciocho tiernos años, yo en Asturias con mi primera novia en serio, pensaba con firmeza que lo siguiente: "¿Yo? Virgen hasta el matrimonio". Confieso esto ahora ya que me lo tomo a broma. POR DIOSSS. Si me lo preguntan, puede que haya tenido una fase en la que me sectarizaron. Bueno, no, para ser sincero, si me criaron en un ambiente tradicionalista en el que me tapaban los ojos cuando una pareja se iban a besar en la boca, lo suyo es que creciera con esas nociones. Y no hablaré del tema sexual porque entonces esto se convertiría en un disparate, en el show del humor y de las risas provocadas por mi mismo ante lo que yo creía que era el sexo...en mi adolescencia. Cuan inocente seguía siendo en mi adolescencia. Luego me espabilaron a base de bien...


Y bueno, como se trata esto de bailes y de cositas de antes, antes me gustaba mucho este cantante y por eso lo pongo, pero sobre todo porque no baila nada mal. Ya esta canción es de mi etapa adulta. Creo que en público la he escuchado solamente una vez. Y fue bestial... De "Ricardo Martín" recuerdo sobre todo la canción "Living la vida loca". Hace años, que para mi son como siglos, tuve una de las dos etapas desenfadadas en las que no me importaba nada bailar porque perdía la timidez y me transmutaba de forma natural como el Potasio en Argón 40 (tengo que utilizar lo aprendido estos días en la carrera). Salía de noche a las terrazas de verano -que ya han pasado a mejor vida tal y como la conocimos algunos-. Aquella canción era mi canción. ¿Alguien ha visto la película Greese de John Travolta? Pues imagináos a mi mismo bailando con todas las mujeres de aquel lugar, haciéndome corrillos a mi alrededor. Juro que no estaba ni bebido, ni drogado. Sencillamente fue una etapa -transitoria, por desgracia-. La última vez que escuché a este cantante fue en una cita que tuve hace pocos años...mi cita acabó yéndose con dos tíos...sí, sí, no con uno, sino con dos. No, si yo me descojono cuando lo cuento. Y eso que bailamos mucho y bien, pero se ve que aquello no le impresionó...Ahí lo dejo, y también dejo este degenerativo post y cierro así esta semana, estrafalariamente. Espero que tarde mucho tiempo en volver a repetir un post similar a este, jajajajajaajajaja.




Un tributo. 7 años, 27 horas...ahora


Este post iba a ir en mi blog de música, pero me era imposible hablar sólo de música con estas canciones. Es especial aunque parezca monotema. En las actuales circunstancias en las que a duras penas sé en qué día caigo o qué arrebato tendré mañana en función de la circunstancia, encontré este rincón guardado de música. Música que casi todos verán como imposible de entender mis halagos o el motivo por el que le doy valor. La razón es sencilla: mi infancia. Y esta semana triplicada que acaba hoy –ya era hora-, he querido encontrarme de nuevo por mi bien.


Llevo unas 26 horas seguidas sin dormir fruto de una incansable agenda de trabajos universitarios. Hace una semana fue un aniversario especial, como todos los años. Esta tarde-noche, agotado del agotamiento, volví a escuchar esta música. Me miré. No soy el mismo, pero al mismo tiempo lo soy. Me encuentro muy parecido a mi padre. Con cierto carácter huraño, me encuentro haciéndole cosquillas a mi sobrino como lo hizo mi padre conmigo. Me encuentro de noche en el coche en una carretera, perdido, como lo hiciera mi padre con nosotros. Ahí está la diferencia. Entonces éramos nosotros. Ahora soy yo. Yo y solo yo.


Cada día que pasa el agobio y el estrés es harto, el hastío llega hasta unos niveles preocupantes. Sólo hay una cosa que me calma, lo de siempre. Todo eso tan malo que me hace huir del mundo. Lo sé. Igual estoy cometiendo el mismo error que mi padre y estoy tirando mi vida adrede. Puede ser. Pero una vida sin el gran sueño de mi vida sin cumplir es algo tan vacuo que ya he dicho que prefiero perecer enseguida que en una espera monótona.


Miedo a perderlo todo. A no acabar la carrera. O a acabarla y estar sin salida. Solo, romo. Sin nada más que un orgullo propio que de nada sirve. Pero sin un abrazo. Miedo a que se esfume todo. Como de hecho así está siendo. Si mi inspiración diera como antaño, probablemente se sabría mucho más de la justificación de estas palabras. Pero es simple: no escribo porque no vivo. Si viviera algo importante que me provocara inspiración, no dejaría de escribir. Pero no hay nadie que inspire estas palabras.


Esta música es fruto de mi infancia. La escuché durantes años y años. Y de mayor soñaba con poder bailar con alguien a quien no le importase y hasta le gustase sólo por el hecho de que me gustase a mí, sólo por amor. Esas cosas que se hacen sólo por el sentimiento. Sin embargo, eso tan sencillo, eso que para muchos es algo básico, para mí es un Everest inalcanzable. Motivo de frustración como tantos otros. Música ésta que me transporta a mis tres, cuatro, cinco años en aquel pueblo, Río Claro, tan bonito nombre, tan bella infancia. Todos mis malos presagios, o mejor dicho, todos, absolutamente todos mis miedos de cuando tenía seis, siete años, se están cumpliendo. Lo peor es que no encuentro un posible punto de inflexión. Por más cambios o mutaciones que haya en mí, nada cambia, la misma mierda indeleble, imposible de borrar aunque tenga ganas de tener fe. Fe que siempre hay alguien que te quita.


Esta música no era motivo de malestar, no. Era motivo de recuerdo. De saber quién era. Quizá ese joven lleno de fe en que algo podría suceder. Cada día tengo que sudar para obtener apenas un 10% de fe en que algo ocurra. Pero es muy poca y muchos los que se encargan de que quede bajo cero. Desde la propia familia hasta allegados o personas que sistemáticamente te utilizan. Los Bajip me recuerdan a La Gomera. Isla, ésta, que ahora duele más de lo normal, o lo que va siendo lo habitual ya. Sea como fuere, este post intentó ser un tributo a mi infancia en Venezuela y mis posteriores viajes a La Gomera antes de cumplir la docena de años. Esta música hace que me vuelva a vestir de niño. Un niño que, por otra parte, no ha dejado nunca de estar. Ha cambiado el mundo, pero no el niño que aún sueña con un “te amo” por la noche, y un beso de amor cada mañana. Porque aunque lo niegue o pase lo que pase, sigo y seguiré siendo soñador y romántico como pocos.

Veintisiete horas después de haberme levantado, no sé dónde estoy ni dónde caeré. Sólo sé que esta noche volveré a soñar que ese sueño que tengo desde los 7 años se cumplirá… Como ha venido siendo los últimos 23 años. 

Desde los siete años


Siete años. Vivía en una continua telenovela en mi cabeza. Vivía en un país diferente. En mi cabeza imaginaba que de mayor sería un hombre feliz, orgulloso, querido, apoyado, con compañía. Soñaba sobre todo con una mujer que me quisiera. Llegar a casa por la tarde después de una mañana de trabajo. Reíamos, pasábamos bonanza en todos los aspectos. Todo era todo lo perfecto que podía ser por una sola razón: nos amábamos. El decorado de la novela era tan ideal, que ningún actor sobraba. Ya con siete años soñaba con un futuro así. Aún con todo, había tenido problemas. Había luchado por conseguir tener al lado a la mujer de mi vida. Porque mi propia existencia tenía un solo sentido: amar y sentirme amado.

Y si hubo una melodía que acompañó esos sueños durante años y años fue esta canción. Es algo más. Es una de esas que… bien podría estar en mi epitafio. Es una pasión, es una incomprensión. Es una paradoja. Es algo que a estas alturas me cuesta explicar mucho. ¿Por qué te amo tanto aún? ¿Por qué a pesar de todo lo sucedido sigo sintiendo esto? Podrán pasar mujeres delante de mí, podrá haber encuentros y amoríos, pero nunca olvidaré lo mucho que la he amado. Lo mucho que hemos soñado. Tantas y tantas cosas… Mis siete años se confunden con los 28 de antaño. Y…

Y esta canción lleva sonando sin querer algo más de una semana sin haberla escuchado siquiera. Pero tiene un significado rabioso para mí. Una pregunta tan obtusa y al mismo tiempo tan sencilla. ¿Por qué te amo tanto aún? Y aún no he encontrado respuesta. 


Esto me suena

En la tranquilidad de la noche, y con cierto insomnio, sabes que sabes cosas que se te habían olvidado. ¡Qué cabeza la mía! –piensas para tí-. Que las mejores luces aparecen cuando oscurece. Ya lo decía una comentarista hace poco –Ana- y le doy toda la razón porque es lo que es, muchas veces la noche ayuda a ver las cosas como se han de ver…a oscuras. Porque a ciegas se ve mejor que con los ojos abiertos. Y bueno, hablemos de música y las cositas que tienen detrás…

 

Bajo el intenso calor se me ocurrieron varias historias que no he podido plasmar en un papel, y de fondo, comenzó a sonar esta canción del último disco de estos artistas. No pude escribirlas, pero en cambio, comencé a vivirlas mientras conducía. Comencé a soñar sin darme cuenta de que no estaba allí, sino aquí. Qué fácil es ponerse a imaginar cosas…

 

 

No hace mucho dediqué esta canción. Hoy la rescato porque en verdad, y hasta el día de hoy, es mi canción de 2010, sin lugar a dudas. Descubrir este grupo y esta canción ha sido grande. Estoy seguro de que algún día pueda verlos en directos, ¿Quizá este verano en Madrid? Adoro esta canción, estoy absolutamente enamorado de la melodía, de cómo tocan la guitarra, de los gestos, de los cambios de tono, de su letra, de lo que me inspira, de lo que me recuerda (muchas cosas y alguna que otra persona). Esta canción es… es que es mucho para mí.

Hace unos días en un blog escuche canciones que me elevaron la lívido de mi alma musical. Fue tal la emoción que me arrojé y por primera vez me atreví a comentar –sí, a veces soy tímido-. Esa osadía insólita hizo que ganara una comentarista de lujo. Muy poco después pensé en esta canción y me recordó a ese blog –Ana, te nombro ya por duplicado-. Y me trae algún que otro recuerdillo que está bien, pero sobre todo hace sacar mi lado más... (a buen entendedor…)

Bueno, va, que estamos de repeticiones, pero es que también sonó en el coche y al llegar  al pueblo de El Sauzal, sentí algo así como un empujón de esos rebeldes en los que te dan ganas de coger tu moto (que no tengo), el casco (que tampoco tengo), la chupa de cuero (que sí tengo) con los vaqueros ajustados (que también poseo) –50% del pack- y volar por cualquier carretera que se pierda en el horizonte y pasar totalmente de reglas, de normas, de lo que la sociedad cree que es correcto. Parando, eso sí, cada un par de cientos de kilómetros para escribir todo lo que ha dibujado mi cabeza. En definitiva, ayudó a que el rebelde sin causa que habita en mí, volviera a recobrar esa mirada jactanciosa, que a casi nadie gusta, pero que a mí, me motiva.

 

Estrellas fugaces

Extracto de algo que escribí hace algunas semanas a alguien a quien puedo decir abiertamente y sin empaques, te quiero.

“…Vivo en una adolescencia eterna, entre la inmadurez, el egoísmo y la verdad falsa que mejor me calce. Con ello, conquistas y amores que son como estrellas fugaces, brillantes al principio, con un recorrido espectacular, pero al final difuminadas y desaparecidas en el camino. Escribo historias de las estrellas con las que bien podría formar todo un universo de luces, bonito, incluso tal vez logre llenar mi bagaje sentimental con un buen curriculum. Más, todo eso, al final, cuando no tenga realidad que echarme a la cara, dejarán claro que sus huellas habrán sido tan exiguas como las dejadas en una playa durante la bajamar. Esas huellas desaparecen y sólo te acuerdas del momento en el que escribiste algo en esa arena mientras esbozabas el dibujo fugaz de lo que bien podría haber sido un planeta, y no fue sino otra ilusión más”.

 

Y por último, hoy os regalo más sonrisas. No mías, sino de los que me han hecho sonreír alguna vez estos últimos tiempos. Os deseo buena noche, o buen día, o en general, que sean buenas las próximas horas.

Regalo sonrisas 1

Ya no soy noruego

Ya no soy de Noruega. Estoy hablando de música y de algunos post que escribí hace tiempo en mi anterior blog. Recordaré algo. El año pasado escribí del llamado “Caso noruego”. En aquel escrito, recordaba dos canciones que se convirtieron en bandas sonoras personales, la de María Haukaas Storeng con “Hold on Be Strong”, una canción que no ganó el festival de Eurovisión por poco y luego hablé del justo vencedor del año pasado en ese certamen, el simpatiquísimo Alexander Ryback con su “Fairytale”, ese cuento de hadas que conquistó a casi todos a base de ‘violinazos’. Ambas canciones la verdad es que me enamoraron, y particularmente el porte de María Haukaas Storeng, hizo que verla fuera durante algún tiempo, mi pasatiempo favorito. La letra de su canción, además, me animó muchísimo, era como una consejera sentimental que cantó algo necesario. Luego, no hace mucho realmente, creo que ya en este blog, hablé de Moldavia en el post “Qué sabes de… Moldavia”. Pues no ha participado mucho en Eurovisión, y sus resultados han sido malos, pero en esa entrada, al final, rescaté al grupo Zdob zi Zdub, que participó en el año 2005 con una canción que, por lo menos a mí, me gustó mucho por cuestiones subjetivas, “Buna Dimineata”. Posteriormente, allá por el año 2008 se hicieron un poquitito más famosos dentro de la ex república socialista soviética con el disco Agroromántica. El año pasado participó por Moldavia Nelly Ciobanu con “Hora din Moldova”, una canción que mezclaba estilos del folk tradicional moldavo con música pop que también me gustó mucho, la verdad sea dicha.

 

Muy bien, pues recordado esto, tengo que decir que ayer, en Eurovisión ambos países me decepcionaron, y que realmente el nivel de ayer de todos los países en general me dejó con ganas… o con pocas de volver a verlo. Me decepcionó muchísimo. La ganadora habrá roto algún cristal con su espantoso tono de voz. En otros años Eurovisión me gustó por las rarezas que se veían (rarezas, no frikadas). Lo cierto es que no presto mucha atención, sólo a las canciones que me gustan realmente, no las que “no suenan mal” sino las que me enamoran. Y para ser del todo franco, este festival ha sido mi vivero para las categorías más complejas del inefable ‘Concurso musical’ que mis amigos y yo celebramos, por ejemplo, hace ya casi un año. Recuerdo que el año pasado llevé al concurso la canción “Todas as ruas de amor” del grupo Flor-de-lis de Portugal (no le dieron ni la hora, la puntuación fue bajísima), y que me pareció increíblemente mágica, y también llevé a Nelly Ciobanu con “Hora din Moldova”

Y bueno, en definitiva, lo de ayer no fue digno del ganador del año pasado. Alexander Ryback creo que hizo algo único el año pasado con su canción, con su actuación y con su sonrisa carismática. Ahora veo el video del año pasado y me trae gratísimos recuerdos y me vuelvo a enamorar de su letra, de su intención de todo lo que había detrás y de la energía que este adorable noruego transmitió sobre el escenario. Me pasaría horas viéndole tocar el violín. Años antes, una semi balada de María Haukaas, no ganó, pero dejó el listón alto. En el día de hoy quiero recordar, sobre todo, a estos dos noruegos a los que guardo un grato recuerdo. Rastreando cosas por Internet, encontré en un programa noruego a Ryback tocando un fragmento de I’m yours de Jason Mraz también a base de ‘violinazos’. Sin embargo, luego escuché el disco que sacó al mercado tras vencer, y fue muy decepcionante, no utilizaba la fusión extraordinaria que le había dado en Farytale al resto del disco. Por ser compositor, imaginé que haría más mezclas. Una lástima. Es cierto eso de que hay artistas de una sola canción, y ese es el caso de Ryback o de María Haukaas, y otros muchos más.

En España en general hay una tendencia estúpida a menospreciar la música de países poco conocidos o que no son super ventas. Es un poco tendente a la infravaloración de otras culturas musicales que puedan, por qué no, ganar o pelear por ganar certámenes. Se basan, como no podría ser de otra manera, en asuntos de política, sociedad o economía, pero la música, al escucharla, pierde cualquiera de esos indicadores. Y eso se obvia. Y al respecto de esto, anoche pensaba en el caso turco, un grupo de rock que participó ayer y que había ganado creo que un Gramy al mejor grupo europeo. Y yo en estas cosas soy un poco duro, pues esos premios de relumbrón no implica que sea algo fabuloso, premia la comercialidad de una canción e incluso de artistas consolidados. A mí que me digan que fulanito de tal es bueno porque ganó no sé qué gran premio que todo el mundo conoce, me dice más bien poco. Pero esto es relativo y causa de un conflicto interno, pues mis venerados Beatles ganaron muchos premios y yo los considero los mejores del mundo mundial. Bueno, paso de divagar más en domingo. Aquí dejo el último protagonista del “caso noruego”