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El viajero que nunca quiso serlo


Trescientos sesenta y cinco días de viajes, de fuego, de creer algo que ya no será dentro de unos días. Duele perder el amor de tu vida. Es duro porque en cada viaje está ella. Lo ha estado desde que tengo cuatro, cinco años. Ella ha sido la mejor amante, la mejor combinación. Hoy hace un año que el destino firmó la sentencia de muerte de mi amada. Y la he disfrutado. ¡¡Oh Dios!! Ninguno de vosotros os imagináis cuánto hemos reído juntos, cuantas noches, cuántos días, cuántos kilómetros, cuantas vivencias hemos tenido este último año. Me he jugado TODO por ella, para salvarla y que se mantenga en mi vida. Pero ya sólo puedo bailar yo solo el baile del viajero errante, el que va a cualquier parte o sin saber por qué. Porque no tiene por qué quedarse porque ella ya no estará desde el próximo mes de septiembre. Porque desde el 30 de junio de 2013, la tendré que ver entubada y con respiración asistida. No me habléis de entereza, yo vivo entero cada día. Decidle a un idealista enamorado como yo que perderá su todo, su esencia y que para no ver su propia muerte lentamente los próximos años, emigrará por la maldita rabia de no tenerla más. Porque ya no la tengo pero disfruto cuando su Alzheimer se rebaja y nos permite recordar lo felices que fuimos, que hemos sido, que aún a veces somos y todo gracias a los dos pero sobre todo a la vida que me ha dado ella.

Ahora os hablo de viajes. Esto ya os digo es PURA PASIÓN. Es lo que esta noche al llegar a casa desearía antes de cerrar los ojos.
  

Ese viaje recurrente, frecuente, ese que no va a la estación a coger trenes o guaguas, el viajero que utiliza únicamente sus pies para desplazarse entre lugares, al que no le importa jugarse su alma por simple satisfacción o por dolores del alma provocado por la frustración de no poder obtener lo que con el esfuerzo de sus pies sí ha logrado hacer realidad. (Marruecos, Francia, Pirineos, España, Canarias….)

Tú que me lees, que me conoces o crees que sabes, dime cuánto tiempo crees me quedé queriendo el alma y el cuerpo. Cuántos años, cuántas vidas crees que han pasado desde que me quedé amándola con esta pasión fatalmente medida. Por favor, no lo hagas. No me taches de ser excesivamente romántico, o pasional, o idealista, u obsesivo no me taches de ser excesivo porque el exceso es saber que dentro de diez años te querré aún más que hoy. No me conoces, no sabes lo que puedo llegar a ser porque eres tú la que puede hacer de mí un ser volcánico de fuego…o quizás un volcán de hielo que expulsa ventiscas heladas. No se te ocurra juzgar mi mirada a secas porque la quieras convertir en algo banal. No lo es, no lo soy. No me limites, no me encasilles. Todo cambia menos mi capacidad para amarla hasta el éxtasis y la sinrazón. Esa capacidad es ilimitada. Os lo puedo demostrar de todas las maneras que queráis.  

Este ser que es sólo pasión está aquí sin aliento, sin voz. Por favor, dime, cuánto, cuánto, CUÁNTO!!!!! me dejé por ti, las horas, los días, los meses, los años sin que supieras que me quedaba sin aire, sin latidos, sin la salud necesaria para querer seguir viajando. Quiero llorar y después cierto tiempo medido, con estas palabras y lo que viene a mi cabeza, lloro desconsolado. No sobra el tiempo y me sigo quedando queriéndote aunque esté agotado.

Me voy y cuando lo haga, cuando llegue ese momento que está a punto de ser, dejaré de utilizar plurales. Dentro de poco dejaré de pensar en “nosotros”. Ya nunca más será ella y yo. Seré yo sin ti, yo conmigo mismo. Lejos donde ya no te viviré. ¿No es suficiente para llorar de una pena insondable? ¿Sabéis acaso lo que esconde esto? Esconde muchos nombres, muchas personas que no sé si merecen el tiempo que inherentemente dedico a amarles pero lo he hecho sin pensar y pienso que ha merecido la pena porque al menos he logrado amar con todas las palabras y todas las pasiones, desde las más elementales hasta las más elucubradas. Pero es mi naturaleza llorar por ellos, y por el amor de mi vida.

DIME POR FAVOR, CUÁNTO, CUÁNTO, CUÁNTO TIEMPO!!!??? Se me ha ido la vida amando sin medida y aquí estoy, sin aliento, sin voz, con lágrimas secas. El lacrimal se secó, la voz no desapareció. Se me callaron los gritos.

Y quiero gritar que no es justa esta vida en la que tú esperas a un hombre que no sabe querer mientras yo suspiro por volver a sentir tu pasión en mí. Que no es justo bailar, follar, conocer  y hablar con una mujer imaginando sin querer pero sin poder evitar que eres tú. Es frustrante querer tenerte y sólo aspirarte en tiempo limitado o que puede que ni aún así.

Es frustrante saber que dentro tres meses jamás volveré a escuchar tu voz, jamás volveré a estar cerca de ti, en tu ciudad, con la posibilidad de verte o siquiera tocarte.
                                       
Esta noche sólo deseo bailar una canción, la canción del viajero frecuente. Que hoy quiero mirarte y que mires mi amor, que dejes de tomar esto como una lucha, que simplifiques y que me pidas y seas egoísta para que me quede aquí y ahora a tu lado y a la mierda el futuro y ese que no te sabe amar y que provoca mal en ti. Recuérdame. Suplico por última vez que suceda ese milagro que sea ahora, ya,  porque el ahora está lleno de pasión. Quiero que me quieras como sé que eres capaz y puedes hacer. Que escalar esta montaña duele porque es como si lo hiciera sin piernas, como si lo hiciera totalmente impedido.

Y no grito, y me mantengo tranquilo, y no hago más que hacer lo primero, besar labios llenos de vacuidades,  tener sexo sin amor y arrepentirme por sentirme tan mal porque no yazgo contigo. Follar sin ti, o imaginando tu voz y que tu cuerpo es el de la otra, es una de las experiencias más tristes y frustrantes de cuantas he experimentado.

Que quiero dejar de ser ese aventurero y quedarme cada noche en tu cama y medir nuestras pasiones para ver quién querrá más a quién dentro de uno, dos, tres o cuatro años. Ahí, yo gano, estoy seguro del triunfo de mi desmedido e inagotable pero ajado corazón.  

Que esta noche sólo quiero bailar con pasión la canción del viajero frecuente. Esa canción en la que no sé cuánto tiempo ya me he quedado queriendo a alguien que no reacciona. La muerte. Es eso. La muerte del amor para alguien que anhela, que necesita, que ruega por una noche de tu sol, por un día de tus estrellas, por besarte y palpar tu cuerpo, tu espalda y todas esas zonas que son pecados capitales para ti. Que te matan, que yo quiero matar de placer para que no pienses más porque esto es sencillamente simple. Que me das miedo, que me doy miedo.

Que no puedo decir adiós y sin embargo a vosotros os resulta tan sencillo recurriendo a mi toxicidad. Yo no puedo pedir más que me amen. NO puedo pedirlo porque eso no se pide pero yo deseo el recuerdo, volver a sentirme un ser humano lleno. Que las noches dejen de ser tan solitarias. Que mi cama deje de ser mi feroz enemiga. Me queda poco tiempo para hacer el último viaje de mi vida. Sí, se trata del 'famoso' Plan B de mi vida....

Porque con el Plan A llevo 32 años. Yo no quiero viajar para suturar heridas que nunca sanarán del todo. Decidme por favor, ¡¿Cuántos cuerpos y cuántas palabras o ánimas hacen falta para que un amante destrozado por la soledad y por si mismo acabe siendo  una roca que no llora, ni sangra, que mide falsamente la simplicidad de lo simple que es esto?! ¿Decidme, cuánto hace falta?




Dime por favor donde no estás 
en qué lugar puedo no ser tu ausencia 

Dime por favor en que vacío, 
no está tu sombra llenando los centros

  

Dime por favor por qué camino, 
podré yo caminar, sin ser tu huella

Dime por favor cuál es la noche, 
que no tiene el color de tu mirada

   

 Dime por favor donde hay un mar, 
que no susurre a mis oídos tus palabras

Dime por favor en qué rincón, 
nadie podrá ver mi tristeza

   

Dime por favor cuál es la noche, 
en que vendrás, para velar tu sueño; 
que no puedo vivir, porque te extraño; 
y que no puedo morir, porque te quiero

La muerte (ahora él está en ti)

A la memoria de un ser humano que nunca conoceré pero que hace dos meses provocó que parte de mi vida cambiara (D.E.P.)
Dedicado en especial a esa mujer que hoy sufre por él. Tu sufrimiento, hoy también es el mío.
Quien dijo que “La muerte es parte de la vida”, acertaba. Creo que no somos adultos o maduros emocionalmente hasta que no sufrimos y padecemos de verdad el fallecimiento de alguien que queremos. Ese momento nunca se olvida pero, ¿Qué se siente? Depende de cada persona, cada uno de nosotros tiene una forma de sentir y de sobrellevarlo y también depende de si el fallecimiento ha sido inesperado  o si es fruto de una enfermedad y has tenido tiempo de “asimilar” (si es que se puede, que yo creo que no), dicha pérdida. Ya os digo yo a través de mi experiencia que lo peor del mundo es perder a uno de tus dos o tres seres más queridos y además de forma súbita y repentina, sin previo aviso. Pero, ¿por qué? ¿Qué diferencia hay? Porque sí, hay diferencias. La primera, como dije, está en cada uno. Cada persona es diferente y su dolor no es igual, ni parecido, ni se lleva de la misma manera por más que aquí intente dar explicaciones, cuando perdemos a un ser querido, no hay palabras que valgan.

Cuando alguien os anuncia que alguien a quien amas va a morir en un tiempo “X” el sentimiento es espantoso. La impotencia te invade. Sientes rabia, miedo, incomprensión y sobre todo cuesta asimilar que a quien ves vivo ahora, no lo vas a tener dentro de muy poco. Si la persona que tiene la enfermedad puede hacer una vida más o menos normal esto es lo mejor, ya que de esa manera puedes despedirte, demostrarle todo lo bueno de ti y tener buenos recuerdos junto a él. Lo peor es, sin duda, si se va tras una enfermedad en la que ha estado sufriendo. Esto es horroroso. Ver como alguien que amas se va de tu lado y encima sufriendo es peor incluso que si te clavaran una daga y una aguja ardiendo en un testículo y te lo atravesaran de un lado a otro sin piedad (yo esto lo digo habiéndolo sufrido). No hay manera ni forma de describir esto. Yo creo que depende mucho de tu rol en la familia, puedes hundirte o no. No quiero generalizar porque es un asunto realmente complejo y de difícil explicación. Yo lo que creo es que cuando alguien se está yendo con sufrimiento debes de ser fuerte para transmitirle energía mientras esté consciente. Aún con todo, en esa maldita enfermedad debes mantenerte fuerte aunque en verdad no lo estés. Ver morir cada día a alguien os aseguro que es una de las peores  experiencias vitales. Cada día es un sufrimiento y no hay ningún consuelo salvo el de ver que sigue vivo y que o no sufre o el sufrimiento es menor pero ni aún así. Conservas un hálito de fe tan débil como el hilo que lo mantiene con vida. Cada día es un tormento porque debes asumir la pérdida…y su estado no ayuda a hacerte a la idea y esa persona se apaga poco a poco como una vela, como un cigarrillo, como un fuego, y con él, también te vas tú. Cuando fallece lloras y es entonces cuando se apodera de ti la mayor de las incomprensiones. Nada, absolutamente nada ayuda a sentirte mejor. No puedes hacerte a la idea aunque hayas tenido tiempo…pero creedme cuando os digo que habéis tenido mucho tiempo y que dentro de lo horrible que es la muerte, habéis tenido “suerte” (parece canalla e infame esta palabra en este texto pero lo digo con conocimiento de causa) porque habéis estado junto a esa persona hasta el final y habéis podido despediros y tener tiempo que es de lo que se trata…
Porque cuando no tienes tiempo de despedirte, ni de hacerte a la idea, ni de  verlo siquiera porque se va de repente, sin avisar, esto es lo más doloroso del mundo. Dios, el destino o lo que sea en que creáis se lleva a quien quieres de una vez y sin aviso. Llegar un día a tu casa, recibir la noticia de que una de las personas más importantes de tu vida ha fallecido es, con mucho, la peor experiencia que puede tocarte en la vida. Aún hoy día habiendo sufrido perdidas de ambas maneras os digo que esta última es cruel. Entras en shock. No reacciones durante un tiempo que puede variar entre unas  pocas horas, días o incluso meses. Negamos. No habrá un momento en tu vida en que repitas más veces seguidas “No”, porque es así, no puede ser. Racionalmente es imposible de asimilar en frío. Porque después de saber los por qué y culpar a quien sea por habérselo llevado te toca hacerte a la idea de que cada día ya no lo verás, que no te has despedido ni dicho todo lo que querías porque nunca imaginaste que fallecería. Es antinatural. Las personas jóvenes o que tienen mucha vida dentro de si deberían tener prohibido que les pasara nada malo como el sufrimiento o la muerte. Esto es lo que pensamos vehemente, sin capacidad para pensar. El mundo ya no gira igual, los colores se apagan. Quieres bajarte de la vida y del mundo y volver hacia atrás, cuando vivir junto a él/ella era más sencillo porque esa persona estaba ahí a diario. Hay quien, en el fulgor del hecho que supone no volver a sentir vivo a tu ser querido se vuelve loco literalmente. El trastorno post-fallecimiento puede llevar a querer acabar con tu propia vida e incluso llevarte por delante a quienes intenten impedírtelo porque la incomprensión se apodera de esa persona y quiere acabar con todo porque ya nada tiene sentido. Y en cierta forma así es… lo he vivido. Porque el amor verdadero duele hasta convertirse en algo irracional y te lleva a decir y hacer cosas que de común no harías ni pensarías. ¿Y cómo no excusarlo? ¿Acaso hay algo peor que perder a una de las personas de tu vida? Es espantoso. La vida en ese momento es el peor de los avernos.

Porque la muerte es como arrancar del suelo un gran árbol que deja como huellas un gigantesco surco que no puede ser llenado fácilmente. Lo arrancas y todas sus raíces son las venas de tu cuerpo, la sangre que no mana pero te desangra la vida. Sientes que es imposible imaginar la vida sin esa persona. Y en efecto, nada que puedas llegar a imaginar antes se asemejará siquiera a la realidad de vivir sin quien quieres. Nada será como antes. La vida tal y como la conocías se acabó. Con él, una parte de ti se ha ido, una parte importante. Es, sin duda, lo peor de la vida, la cara más espantosa del amor. Y no, ninguna palabra que escriba o diga será de consuelo, ni suavizará la caída a la realidad tras perder un trozo de tu vida.

Más, cuando logras hollar algún día después de cierto tiempo una sonrisa, y logras sentir un poco de paz y perdonas a la vida por arrebatarte lo más querido, toca meditar y pensar en sacar algo de esa pérdida…Esto nos puede llevar años y no es sencillo hacerlo, pero es necesario para sobrevivir a esa pérdida y no acabar con nosotros mismos. En mi particular, la pérdida de esa persona me ha hecho excusar una afirmación que pocos entienden pero que yo sí y que además justifico racional y vehemente. Cuando llegas a querer a alguien de verdad hasta lo más hondo de tu ser, hasta más allá de tu propia salud mental, nunca jamás la vas a olvidar. Me refiero a cualquier tipo de amor, el familiar, el fraternal, el de pareja. Cuando yo amo, es así, sin distinción aunque haya diferencias (y muchas, claro). Pero amar de verdad supone sufrir, llorar, supone perdonar y siempre recordar todo lo bueno para tener siempre a esa persona dentro de ti y que te llene y complete en tu experiencia vital. En el caso del fallecimiento de ese familiar cercano (un padre,  una madre o un hermano), hay una cosa que también aprendí con respecto a otras personas y sus diferentes formas de llevar el dolor o la pérdida y es que aunque pasen años o décadas en mi vida, jamás la olvidaré. Ver su foto o imaginártelo vivo te remueve todo y sientes el mismo amor o incluso más amor que cuando estaba vivo. Cuando pierdes, aprendes a amar mejor. Esa ha sido mi lección en vida de la muerte. He aprendido a ser capaz de amar lo que no ves, lo que no está de cuerpo presente. Aprendes a amar desde el recuerdo hasta el presente, sólo recordando todo lo bueno que te ha hecho sentir. Eso es lo que la muerte me ha dejado en vida…y algo más, claro está.

Llora, patalea, piensa, grita, quédate en shock, huye, busca estar sólo, o un abrazo, haz lo que sea porque no volverá, ya no lo verás cada día ni hablarás con él, ya no olerás su aroma, ya no sentirás su amor. Todo tu dolor está justificado. Pero aunque el mundo parezca un infierno injusto y salvaje, levántate…Si quieres, no me hagas caso, no lo hagas por estas palabras ni por mí. Levántate por él ser que amas y se ha ido, que te quiso y quiso lo mejor para ti. Su fuerza ahora está en ti. Lucha por tu vida porque a partir de ahora en ti hay dos personas que debes cuidar, la tuya propia y la suya que desde el momento en que se fue, te buscó para estar contigo, proteger tu alma, cuidar de ti. Él está dentro de ti, créeme, es cierto. Y no son palabras bonitas, hechas o escritas adrede. Esto es cierto como la energía en la que creo y que desprende mi cuerpo. Créeme, hoy, en ti, desde que se fue, habita él en ti. Sólo espera a que llegue. Nunca lo olvides y nunca lo dejes de querer.

Cuando alguien sufre esta pérdida creo que lo peor que uno puede hacer es dejarlo a solas con su dolor. A no ser que lo pida expresamente o que necesite estar a solas, es ahora cuando debes demostrar que estás. Estar en las buenas no tiene mérito, estar en las malas es de buenas personas, estar en todas es querer de verdad.

Y todo esto lo digo desde la experiencia propia. Porque tras un tiempo llegarás a poder saltar, reír, ser la persona más feliz del mundo (solo o en compañía) pero con todo ello, para mí al menos, cada semana siempre es 4 de marzo de 1994, la fecha en que cambió mi vida para siempre porque con esa persona, se fue una parte importante de mí.

PD: La muerte me ha enseñado muchas cosas pero eso…es otra historia.

Con todo el amor del mundo, tuyo siempre
Fran

Sálvame (un grito en silencio)

-Una mota de polvo cae muy lentamente. Se posa en mi mano.
-Una pared blanca se desdobla. Mi atribulada cabeza dibuja una puerta.
-Siento una punzada en la parte superior de mi mano.
-Siento que penetra en vena un líquido frío.
-No hay dolor. No existe tiempo. No hay nada. No pienso.
-Hace frío. Tiemblo. Descubro que mis ojos están abiertos.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?
-¿Dónde estoy?
-¿Por qué este silencio absoluto?
-¿Qué ha pasado?
-¿Por qué no puedo moverme?
-¿Quién soy?

-Sólo mis ojos pueden ver, oír, hablar, pensar...
-Dos yunkes abaten mis párpados.
-Todo está en blanco oscuro. No recuerdo nada.
-Todo yo está inane, inerte. Yazgo a merced del todo o la nada.
-Sin fuerzas, sin voluntad...pero siento paz. 
-De repente aparece en mi cabeza
    -la textura del aire
    -el sonido de una caricia
    -el dibujo de una melodía

-Quizás cuando halle el sentido del tiempo pueda saber...
-...quién soy y dónde estoy.
-Será buen momento éste para dormir...
-...y soñar con la vida. Mi vida.


Esperar y luchar


La espera, la lucha y el sufrimiento. Eso es lo que viene sucediendo en mi vida de forma cíclica. Siempre la espera. Siempre luchando contra imposibles que para los demás son posibles. Sufriendo los fracasos de no poder conseguir lo que con tanto esfuerzo he buscado. Los acontecimientos suceden a veces de forma lenta, soberana y amargadamente lenta. .

Si me pongo a pensar en todo lo que he sufrido desde los diez años me doy cuenta de lo que soy ahora, de por qué soy tan fuerte. Porque derramé tantas lágrimas en solitario, sin que nadie me abrazara, evitando asesinatos, evitando desgracias, suicidios, sufriendo una adolescencia total y absolutamente traumática, rebelde, solitaria y esperando que apareciera algo que lograra alejarme de aquella locura llena de rencor, de incomprensión de intransigencia. Tuve que crecer sufriendo. Y me aislé. Durante muchos años me convertí en un maldito pusilánime que daba pena. Cierto es también que no contaba con ayuda ni compañía de ningún tipo. Los amigos que tenía entonces me utilizaban como paño de lágrimas, era sus oídos, era un guía en el que depositaban sus problemas. Al final mi cabeza estaba llena de problemas propios y de otros.

En un momento indeterminado me plantee la espera. Para ello me sirvieron los sueños que comencé a tener sobre todo sobrepasados los veinte años. Lo que ocurrió es que desde los diez años estuve esperando. Esperaba que mis padres me quisieran como yo quería que lo hicieran, quería no sufrir azotes, palizas, regaños, humillaciones. Esperaba que en el colegio y en el instituto yo no fuera el apartado, al que siempre humillaban. Y tuve paciencia, toda la paciencia. Busqué en la música y en la naturaleza lo más puro que había. Cíclicamente las amistades iban desapareciendo porque objetivamente yo no era un buen amigo en aquellas circunstancias. Les escuchaba, pero ellos no querían escuchar mis historias y yo necesitaba hablar, necesitaba desahogarme. Y pagué con su pérdida por hacerlo. Aprendí entonces a guardar más silencio y ser menos transparente. También tuve que esperar por el amor. Si me pongo a contar todo el tiempo que llevo esperando a que una chica me diera una oportunidad, tan sólo una oportunidad os escandalizaría. Mientras que yo suspiraba porque pensaba que yo era un chico perfecto que podía estar con otra mujer. Y lo cierto es que necesitaba ese cariño, ese amor que en casa no tenía, que no tenía y que no sentía en ningún lugar. Tuve que trabajar desde muy temprano para poder ganar dinero y aspirar a salir de la Isla, para mí, maldita. Maldecía a todo el mundo, a mi familia por abandonarme, a mis amigos por prescindir de mí, a las chicas por traumatizarme. Y pude salir y por primera vez en mi vida fui feliz. Sin embargo, tuve que volver a esperar por razones que no vienen al caso.

A partir de entonces se entremezclan historias. Por una parte, las adicciones. Perdí totalmente el sentido de la realidad, de los días, de las cosas en muchos momentos. Durante mucho tiempo mis adicciones fueron ocultas y aún hoy pocos saben de esas adicciones que me llevaron a estar a punto de acabar con todo. Pero pasó algo. En una de las adicciones decidí romper por mi mismo. Tuve la valentía de dejarlo. Me costó, pero logré superar aquella fase en la que sólo yo supe lo cerca que estuve del abismo. Seguí luchando, y al mismo tiempo sufriendo y esperando por otra mujer. Fueron momentos duros porque se juntaron muchas cosas. Además de asuntos sanitarios, jugué con varias mujeres, me porté realmente mal con ellas, las hice daño, probablemente nunca le he hecho más daño que a esas tres mujeres. Y no pongo excusas. No soy un chico bueno como todos creen. Como dije, fueron años de espera, de lucha y sufrimiento, todo al mismo tiempo.

Después llegó la segunda de las adicciones de la que aún menos personas tienen constancia y de la que nunca hablaré aunque me lo pregunten a no ser que exista y haya una confianza cien por cien. Pero me recuperé. ¿Cuándo fue? No lo sé bien. Pero supongo que fue cuando dejé de sufrir. Cuando me centré sobre todo en la lucha. Desde hace años lo único que hago es luchar. Y luchar hasta dejarme el alma, el cuerpo, hasta dejarme las últimas de las neuronas. Ya que me seguía sintiendo solo. Ya que nunca no he logrado que me quieran como yo pienso que deberían quererme, aunque lo acepte, sentía la tristeza de que merecía mucho más de lo que me daban con cuentagotas. Por eso luché, y nadie, absolutamente nadie sabe cuánto luche. Y digo que nadie lo sabe porque llevo los últimos cinco años luchando contra una soledad insondable. Me hice a mi mismo, logré sacar lo mejor de mi mismo, sonreír yo solo, no tener complejo e incluso no necesitar a nadie. Pero los imperativos biológicos, esos que hacen que tengamos que respirar, comer y demás, nos exigen que nos sociabilicemos y que tengamos relaciones sociales y sentimentales. Y lo intenté pero sin éxito porque mi corazón no alcanzaba a sentir nada más allá. Era, como decía la canción, un corazón “cerrado por derribo”. Y seguía solo, luchando y esperando pero ya no sufría. recibir amor. Nada más.




En un giro inesperado de acontecimientos, decidí abandonar de nuevo esa Isla maldita. La diferencia sería que estaría solo, pero con motivo y razón, por elección, y no porque me sintiera realmente solo en un lugar donde no debería sentirme así. Y seguí luchando por mí. Insisto en esto y lo recalco, NADIE, sabe cuánto he luchado por mi mismo, cuántas horas, cuanto he sacrificado por mi, por mi presente y mi futuro. Hacia el final uno necesitaba un abrazo, que te trajeran un cola-cao, que te esperara alguien en la cama, que la casa no fuera un continente inhabitado. Ya sabéis, esas cosas.

Y en otro giro aún más inesperado de acontecimientos, surge el amor. Uno de ida y vuelta primero y luego unidireccional. Por primera vez en años una mujer me caló y tocó las teclas adecuadas para convertir a un ser solitario, huraño, asilvestrado, en una miga de pan. Rozó mi corazón y estremecí de felicidad. Sin embargo, una nueva unidireccional del paradigma sentimental ha hecho que de nuevo me toque esperar. Y me tocará además luchar por mí, esperarla a ella y probablemente algo de sufrimiento que podré controlar toda vez que la experiencia es un grado. De nuevo todo se complica. Como dice la canción, “siempre tengo sueños sencillos como mujeres complicadas”. Yo tengo fe, pero si aplico el empirismo, sé que esta espera será infructuosa, que no cambiarán sus sentimientos. Pero, ¿acaso puedo hacer algo más? Desde mi punto de vista mi vida ha consistido en perseverar, en luchar, en esperar que, quizás, algún día, el destino se acuerde de que uno necesita no estar solo, que necesita que las noches no sean eternamente solitarias, que tu mismo no seas sólo el que se anime, el que se derrumbe y el que se levante, que necesitas a alguien, no por esto último, sino porque te das cuenta de que tienes tanto, pero tanto amor para dar, que huir a otro lugar por rencor hacia la vida es la salida más cobarde, es la que requiere menos lucha.

Probablemente en pocos meses habrá otros giros de acontecimientos. En lo que a mí respecta, me esperan muchos meses (como poco) de intentos baldíos por conquistar a una mujer. Y tendré que luchar por mi mismo para encontrar el equilibrio económico-laboral para que esta aventura no acabe en el último lugar donde deseo estar: en la Isla maldita. A veces tengo miedo, a veces soy hermético y opaco, a veces nadie sabe nada de mí, pero si hay que luchar, lo haré, hasta que llegue un momento en el que el destino dicte sentencia, y me sentencie a que toda esta lucha y espera no valdrá la pena. Y entonces me retiraré y huiré a dónde quiera ir a través de mis caminantes piernas.

No hay blancos ni negros, no hay nada escrito. Sinceramente no sé qué hacer. Sólo que esta persona ha hecho girar todo 180 º sin yo quererlo. Que este máster se me está haciendo cuesta arriba pero que sé que puedo y que lograré con este máster y lo que pase después del mes de julio…nadie lo sabe pero yo me imagino un viaje a Asturias en coche escuchando Los Secretos y algo de música más que mi copilota pinche para disfrutar y cumplir otro sueño. Porque, ¿sabéis que es lo mejor de todo –además de hacer el amor-? La mejor sensación del mundo es ver la sonrisa en la cara de la persona que amas tras hacerla feliz con un detalle. Creo que esa sensación es casi insuperable. Y si yo pudiera hacerla feliz de esa manera y ganarme su corazón con una palabra, con un trozo de mar, con una mirada o con la fuerza de mi abrazo, me sentiría el hombre más feliz y fuerte del universo.

Y en tanto mis fuerzas me acompañen y que mi paciencia me deje, seguiré luchando, la mejor manera de demostrar el amor es amar bien, amar mejor, algo que es difícil pero que con los años he ido puliendo. Lo que aguante hasta que ella se vaya con otro y me diga definitivamente adiós y aún con ello, lo más probable es que siga esperando un milagro porque… así de obtuso soy. Un caso perdido. Esto tiene pinta de que ya lo he vivido y sé como acabará pero no puedo resistir. Después de tantos años quiero esperar y sueño con verla a los ojos, mirarla…mirarla a los ojos y decírselo todo con los ojos. Y lo peor es que no sé si algún día llegará el día en el que pueda mirarla fijamente a los ojos, cara a cara. Pero, ¿sabes por qué no me rindo y por qué espero? Porque a diario mantengo conversaciones mentales con ella, imaginando miradas, imaginando juegos, cosquillas, imaginando una vida...una vida que sin ella no tenía (además del máster), y con ella, ya la imagino. Por eso y por lo que siento, esperaré.

Sin embargo, lo más duro de todo, lo peor ahora mismo, es haber disfrutado, haberme sentido feliz cuando aquello era de doble dirección. Amanecer sabiendo que alguien pensaba en mí, y dormir siendo ella la última persona que me decía cosas que me llegaban al alma. Lo más duro es que ahora cuando me despierto siento un vacío atronador. Ella ya no piensa en mí por las mañanas, ya no me despierta dándome los buenos días. Ya no me dice cosas que me hagan estremecer. Ya todo se ha vuelto gris, oscuro, negro. Y la soledad me invade, me come, se apodera después de haber sentido que no lo estaba. Eso me da un miedo voraz. No creo que nadie sea capaz de ponerse en mi pellejo y sentir esta soledad. Mirar a las paredes de tu casa, mirar al horizonte y saber que por mucho que digas o que hagas, su cuerpo será de otro, sus palabras de otro, y tú te quedarás esperando a que quizás, algún día, se acuerde de que la esperas con el corazón abierto. Mientras, la soledad te araña, te carcome, te desespera. Y sientes que de nuevo no tienes vida, sólo el máster y ya estás agotado. Volver al “antes de” es sumamente difícil. Y en esta historia, quizás lo que más se repita es eso, la soledad, a la que me han sometido, la que yo he elegido y a la que me vuelto adepto para no esperar que la vida me maltrate más. Tengo fe, y tengo esperanzas, pero ya no tengo veinte años. Sigo siendo un niño tímido, timorato y desconfiado que sólo desea dar y recibir amor


Pi - Tres catorce (Soy más difícil que fácil)


Toco-toc. Llaman a la puerta. ¿Quién es? No hay nadie. Me refiero a que por la noche me dejo la imaginación por intentar navegar por otro invento. Creo que ya inventé todos los “Érase una vez…”, ya protagonicé todos los momentos tiernos, la cara buena y amable del amor. Creo que quemé la mecha de los sentimientos.

Ya no me sale llorar por quien ya cercenó y desconectó los órganos vitales. No me sale compadecerme por nada porque lo veo todo fruto de la madurez: normal, natural. Sin embargo, veo y noto las sensaciones de los demás, esas cosas bonitas, esos descubrimientos que yo ya hice. Siento envidia porque quisiera cambiar esta frialdad, este ectoplasma que mata cualquier posibilidad de magia.

Se esfuma a gran velocidad. Como un viaje en tren donde pasas tan rápido que la belleza se esfuma, se escapa o se acaba cuando el tren ya llega a la estación. Y tienes que volver a recomenzar. Pero has visto tantas cosas en ese viaje, que otro paso no descubrirá bellezas y magias. Ya has leído los versos más bonitos de aquella noche. Leíste las cartas de amor secretas de Neruda, la pasión más profunda y honda. Ya viviste en la vehemencia del amor que te llevó a correr y recorrer toda una ciudad por buscar a la única chica que en el desierto te hacía sentir lleno de agua. Raptaste a una mujer para mostrarle tan sólo tres palabras pintadas en la pared secreta de tu habitación: “No te olvidaré”. Empuñaste un arma con intención de matar a otro ser humano sólo porque estabas enajenado de esa cosa pequeña e inexplicable cosa llamada amor.

Has hecho todo. Has entregado casi todas las vidas que un ser humano puede tener. Te has reinventado una y muchas veces. Y te encuentras aquí y ahora, viendo como todos los demás sienten esas cosas especiales que creías a pies juntillas que era la base de la vida. Moribundo, taciturno, casi desalmado, intentas captar un poco de calor. Pero estás a una latitud muy alta, donde sólo cabe el frío, el sol no calienta lo suficiente o a veces está completamente oscuro durante mucho tiempo. En ese iglú me encuentro ahora mismo. A veces feliz, otra muy desdichado pero siempre patrocinado por una alta dama con muchas arrugas e inexpresiva llamada Resignación.

Y te reafirmas. Claro que te reafirmas en ti mismo. ¿Hay otra opción? ¿Sí? ¿Cuál? ¿Robar un beso? ¿Plantarte en un lugar “X” para ver a esa persona especial? ¿O tal vez simplemente confesarle y decirle: No me gustas, me encantas? ¿Decirle a alguien que tiene novio o está casada que lo deje y se vaya conmigo? ¿O incluso actúas más puerilmente y escribes una carta con tus sentimientos? Da igual.

Sabes perfectamente que aunque lo desees con todas tus fuerzas, ella esquivará tu beso, ella no se dé ni cuenta de que estás en ese lugar por ella, tu confesión tendrá como respuesta un rechazo, ella no dejará a su marido y tu carta no tendrá ni respuesta. Es un ciclo.Ya compraste todos tus cupones de lotería. Ganaste varias veces y gastaste a espuertas los pingues beneficios. Ahora estás solo.

En verdad sigo perdido. Aquí, en Alicante, sigo perdido, intentando reafirmar mi nueva identidad que no me creo, porque tampoco creía la que tenía en Tenerife. Soy un barco a la deriva que a poco zozobra. Cada vez poseo menos habilidades sociales, las mujeres me ponen nervioso, no me siento capaz a veces ni de salir de mi habitación y descubro que albergo sentimientos feos –odio o envidia- y equivocados –falso amor o desconfianza-. Me pregunto ¿En qué momento me he desnaturalizado y he pasado a ser alguien que ya no conozco? ¿Hasta dónde llegará este bucle en la que la Geografía me ha captado perniciosamente? Desespero y no sólo no tengo respuestas propias o ajenas, sino que las ajenas son los típicos ungüentos o frases hechas; y mis paliativos consisten en terapias de choque. Al final nada funciona porque no hay equilibrio. Falta equilibrio. Sigo siendo medio hombre, medio ser. Cada vez soy menos original, menos brillante. Cada vez que me enfermo estoy totalmente solo. Cuando me falta la respiración no hay nadie cogiéndome la mano. Cuando me duele algo nadie me consuela. Cuando lloro no sé a quién llamar. No me vale cualquiera y fenezco con esa lapidaria frase de “mejor sólo que mal acompañado”. Prefiero que nadie sepa de mí que sentir que me quejo, sentir que estoy proyectando mis frustraciones hacia los demás. Y yo sé el camino hacia el que me dirijo. Es como si el libro de esta cosa llamada vida me susurrara cada vez las cosas que van a suceder y que no sólo no me sorprenda, sino que las sensaciones –buenas o malas- sean matizadas…porque ya sabía de antemano lo que iba a pasar. Hace tiempo que nadie sorprende a mi corazón.(...) Y no. No me quejo. Y no, tampoco me compadezco. Todos suelen juzgar, prejuzgar, etiquetar. Encuentro que casi nadie mira al cielo con esperanza como la miro yo...

La libertad da miedo. Sí, es contradictorio pero es así. Al menos esa es la realidad para quienes llevan toda una vida atado al compromiso del amor, proyectando y esperando que su destino lo marque el corazón enamorado de otra persona. Cuando tienes la carta de libertad porque no estás enamorado, porque nadie te enamora o gusta de ti, eres libre para hacer lo que desees. Esa libertad puede llegar a ser horripilante, porque se asocia a otras enfermedades como la soledad, la resignación, la inseguridad, el miedo. Y cada persona, cada circunstancia, es un mundo. Mi circunstancia, mi planeta, está a cientos de miles de millones de años luz de lo que puede resultar siquiera convencional (…) Hace siglos que nadie quiere soñar viendo las estrellas sin que tras de si haya malos entendidos. El simple y mero hecho idílico, romántico de imbricarse, yuxtaponerse y descubrir esos planetas donde falta luz. 

Confesión:
Lo que quiero es amar, tener una mujer a quien amar, que ella me quiera, que haya magia, un mundo de colores, lleno de frases, pensamientos especiales, conversaciones totales, risas, cosquillas, sexo, besos, miradas, bailes que cercenen distancias, regalos originales, escrutar milimétricamente nuestros cuerpos, viajes a la acera de enfrente, inventar nuevas sensaciones. Sé que si tuviera eso mi vida cambiaría totalmente, lo cambiaría todo. Pero igualmente sé que ella no es cualquiera, porque yo tampoco soy cualquiera. No hay quien cumpla mis expectativas, y quien las cumple… Quiero enamorarme, pero no hallo a nadie que me sorprenda de una manera que despierte sentimientos románticos en mí. De eso hace ya cierto tiempo, tengo poca costumbre en esas y esta vacuidad se está tornando en un pozo lóbrego. Y finalmente pienso que mis preocupaciones son tan pobres, banales e insulsas, tan poco importantes frente a otros, que acabo sintiendo cierto desprecio por mi mismo por sentir cosas tan sencillas y tan poco originales. ¿Quién se quedó con mi esencia? Si alguien la ve, y la reconoce, díganle por favor, que me la devuelva.

Creer

Qué pasaría si un día, sólo un día y nada más que ese, dejaras de creer en todo, en todos y hasta en ti.

Que es mentira que el sol salga cada día, que sólo hay 24 horas, que los árboles en verdad no tienen hojas. Que los colores son un invento, las palabras no existen, sólo el lenguaje de los ojos
Que la mentira es verdad, que los sueños existen y la realidad se puede modificar.

¿Y qué ocurriría si...? Supongo que...estoy débil


A otra cosa


Cuando escribo esto, un día ‘X’, me encuentro en la segunda planta de la biblioteca general de la Universidad de Alicante, desde donde puedo ver todo el valle y parte de su ciudad asociada. Al fondo, montañas, cuestas, pliegues y un montón de formas estructurales y formas de erosión. Aquí recomienza mi vida de forma inconsciente. No me doy cuenta aún del calado de mis decisiones, no me doy cuenta aún de que en menos de dos semanas, comienza mi último reto académico, probablemente sí, el último de todos, la última oportunidad para mi gloria personal. Comienza sin avales, sin redes y con mucha, muchísima incertidumbre acerca de lo que podrá suceder en otros menesteres. Observo este lugar y su magnitud y me doy cuenta, aquí sí, de lo absolutamente solo que estoy. Aún no he logrado hablar con nadie de este lugar, lo cual es lógico. Ya he dicho que me cuesta relacionarme, que mi capacidad para sociabilizar es reducida. Todos se quedan con lo bueno –por suerte-, que es lo mucho que hablo y algunas que otras cosas más. Pero no voy a quitarme ahora la máscara de lo obvio. Estas sensaciones chocan, son ambivalentes, buenas y malas, asertivas y terroríficas. No conozco este lugar y estoy todo lo limitado que una persona puede estar. Después del viaje de gracia de casi tres mil kilómetros desde Tenerife hasta Alicante, llegar aquí ha supuesto un recomenzar como bien he dicho. Sí, ya lo sé. Que si los inicios no son sencillos, que yo lo conseguiré, que estoy capacitado, que tengo que echarle huevos, etc, etc, etc… Todas esas cosas que se suelen decir en estos momentos. 




Lo cierto es que siento rabia por no lograr disfrutar del momento todo lo que quisiera. No esperaba echar tanto de menos mi origen. El hecho incluso de decirlo me desasosiega. Aquí paso totalmente desapercibido. No soy nadie y me siento así. No me siento original, no me siento especial por nada ni por nadie. Sí, buscaba en parte esto, pero no esperaba esta amalgama de sensaciones. Estoy tranquilo, demasiado. Es seguro que en unos diez días comience otra etapa de esta nueva etapa. El comienzo del máster hará cambiar esta tranquilidad, este remanso de paz en otra cosa. No sé si deseo seguir viviendo este impasse o volver a la acción. Uno puede llegar a acostumbrarse a la insustancialidad de una forma, como he dicho, ambivalente. Escuché que para nuestro desarrollo psicosocial necesitamos cierto grado de insustancialidad, que es necesaria para poder tener una vida de verdad, empero, algunas personas necesitan llevar un camino de importancia, relevante, alejado de la sin sustancia al menos por un tiempo. Creo que mi etapa ‘sosa’, sin cloruro sódico, desalada, tocará a su fin…en teoría o al menos eso espero. No sé yo si soportaría tanta insustancialidad, no sentirme útil para los demás o para mí mismo, sentirme tan despojo o parásito. Llevo más de dos semanas aquí y sigo siendo forastero. Soy ese ser invisible para todo el mundo, que en parte quiere seguir siéndolo, pero por otra parte, quiere formar parte activa del paisaje, algún tipo de paisaje, da igual si humano o natural (me gustaría más el segundo).

Llevo tiempo barruntando una idea que igual es solipsista o precoz en este momento. La diferencia entre marcharte de tu lugar –aunque no sé hasta qué punto Canarias es “mi lugar”- por motivos sentimentales o por motivos personales. Entiéndaseme esta última afirmación. Es decir, irme por razones de amante que ha encontrado otra amante y que se va a otro emplazamiento para sentirse regocijado con la compañía sentimental necesaria de otra persona. Por la otra parte, irte por ti mismo, sin una salvaguarda sentimental que te espere en tu destino. Haciéndolo sólo por ti, con tus seguridades e inseguridades –ganando más éstas últimas-. Es una diferencia abismal que aún me cuesta explicar, ponerle las palabras necesarias y probablemente pasarán meses antes de que pueda explicar bien las diferencias.

Este lugar sigue sin tener la más mínima sustancia. No tiene nada que me llame. No puedo caminar por el monte porque está lejos y es de difícil acceso. Ir a cualquier lugar me recuerda a mi canción, hecha por Marwan que dice “encuentro mil lugares donde irme pero ningún lugar donde quedarme”. Creo que ahora mismo es una de las mayores certezas de mi existencia. Da igual si esté en Alicante o China, ahora mismo no necesito un nuevo lugar (necesitaba salir de Tenerife, es otro hecho cierto), quizás tampoco necesite este máster. El máster era la excusa perfecta para salir de la isla. Es lo que yo he llamado varias veces: Plan B.

Conste que esto que voy a decir es un poco…pues eso, maleable según circunstancias y sobre todo tiene muchos matices. Siempre me he considerado solitario, un tipo que ha estado más tiempo a solas que en cualquier tipo de compañías (amigos, pareja, familia, etc…). Mi máxima durante más de una década fue: “Si nadie está conmigo para hacer lo que yo quiero, no dejaré hacer esas cosas”. Y por eso salí de noche, de fiesta o a caminar. Por eso viajé sólo con mi mochila, recorrí y hasta hice cosas muy locas en mi mundo. Siempre tuve un miedo, algo que todos tememos: acabar tus días totalmente sólo y lo que es peor, sin una mujer que te ame. Mi máxima aspiración fue tener una mujer que amase y que yo pudiera amar, pues creo que en lo más personal, en lo más intrínseco, además de tus logros académicos e intelectuales, lograr ser compatible con alguien es algo tremendamente difícil. Al menos para mí lo ha sido así siempre porque no ha dependido de mí. No ha dependido de mí en exclusiva que una mujer me amase pese a mi ‘promiscuidad’ sentimental. Así, me imaginaba y tenía fe en que todo saldría bien, que ese miedo se solaparía fácilmente cuando llegase la mujer por la que lo diese todo. Estaba convencido de que al llegar a la treintena todo estaría solucionado porque además, siempre he puesto de mi parte…aunque haya cometido errores.


Me marqué un objetivo. Esto sigue siendo real. Dije que no estaría esperando o buscando el amor toda la vida. Que la vida sin amor es…como lo es ahora para mí: insulsa, insustancial, demasiado poco importante para lo que yo requiero en mi mundo. El mundo no tiene color, es una hoja en blanco, algo en blanco y negro, triste sin tener a una mujer por quien expresarle todo lo que sientes. Es mi vida, así soy yo (o lo era hasta hace poco). No estaba dispuesto a seguir doliéndome y maltratándome sentimentalmente a mi mismo por el dolor que causa el ser rechazado siempre que te fijas o sientes algo por alguien. Llegas, como llego yo ahora, a ser quien no eras: un cobarde. Temes al rechazo, zozobras sólo con la idea de tener que intentar borrar un sentimiento más si cabe si eres alguien como yo, que nunca olvida del todo lo que siente por alguien. Aún sigo queriendo a mi primera novia de verdad, la asturiana, quien está casada ahora mismo y que si algún día me dijese algo, creo que no tardaría mucho en pisar sus terrenos. Y haría lo mismo por las dos o tres mujeres que más y de verdad he amado en mi ida (porque las sigo amando).

Como decía, no estaba dispuesto a seguir la espera, la búsqueda o mejor dicho, no estaba dispuesto a superar un Everest en cada rechazo. He tenido mucha suerte, la verdad sea dicha. He amado con pasión, con cabeza, y he recibido muchísimo amor, mucha devoción, me han dicho palabras que nunca me creí, que me hicieron sentir el hombre más dichoso del universo. Tuve suerte de ser amado y de amar. He conocido además, a mujeres con las que no he tenido nada, pero que estoy seguro de que, en un mundo justo, hubiesen sido ese tipo de mujer que, cuan arquitecto, diseñas como “perfecta” con sus imperfecciones. No sólo eso, sino que me he sentido bien tratado por ellas, he albergado ese amor maduro de quien sabe que, quizá en otro momento, en otras circunstancias, todo podría haber resultado. Siento esa tranquilidad, la de haber sido bendecido con esas suertes.


Pero no fue suficiente y la suerte no se alió de mi lado. Por eso, no hace demasiado planteé lo que crípticamente definí como Plan B. En mis tres décadas he experimentado muchas sensaciones que han soslayado –por suerte- la ausencia de amor (que creía lo más importante de la vida). Ayudar a otras personas necesitadas, ver la pobreza de los pueblos, incluso aferrarse de forma descarada en la ciencia que amas –la Geografía-; son cosas que me han enriquecido como persona, aunque no es, ni mucho menos, un camino ya recorrido. Todo lo contrario. No es que el amar a una mujer esté reñido con esto último, se trata de prioridades. A partir de ya mi prioridad es lo que acabo de decir. Ayudar a los necesitados, aprender a hacerlo, dejar de sentir temor por ello y, como de hecho estoy haciendo, dar mi vida por la Geografía, en este caso el máster, que está definido para geógrafos. De ahí que mi destino final, salga o no salga bien el máster –dependiendo de becas-, mi destino ha de ser Centroamérica y el trabajo con una ONG que me brinda la posibilidad de establecerme allí al menos medio año. Me dicen, sé, aunque no de primera mano, que el lugar a donde voy es peligroso, uno de los países del mundo con mayor índice de criminalidad y homicidios del mundo; que es una aventura total. Sé que yo, como soy ahora aquí, un nadie, en Centroamérica seré eso mismo elevado a la décima potencia –como mínimo-. Y sé que hay probabilidades, si no me cuido, de que mis días acaben por aquellos lares. No busco un desenlace prematuro ni un suicidio. Mi idea es poder estar allí mucho, mucho tiempo, años inclusive. Ver la otra cara del mundo, no por un ratito, sino estar, mascarla, convivir con ese estado permanente de grandiosidad que supone las circunstancias. Ser feliz y estar a bien en un lugar totalmente opuesto al que estoy es la antítesis de lo que soy ahora.

Y no es un camino sencillo. Aún creo que llegará alguien que me ‘salvará’ en una explosiva paradoja, pues creo que mi salvavidas es lo que estoy haciendo ahora, este sueño. Aún creo que llegará alguien; pero en el fondo sé que esto es sólo lo que dije, un impasse, Alicante, el máster. Alguien me dijo no hace mucho que en realidad yo era un inconformista. No estoy de acuerdo…o no del todo. Hay muchos tipos de inconformismo. El mío pasa por unos mínimos, y no he logrado los mínimos. No quiero pasar veinte años en casa de mi madre buscando un trabajo imposible, esperando o buscando una opción para no estar sólo. Prefiero estar sólo que con cualquier compañía que solapase unas necesidades, hoy día controladas. No sé si logro explicarme.

Yo planteo esto de una forma cruda, con palabras que suenan a frialdad, pero no es así. En mi cabeza hay demasiada frustración, muchas lágrimas ocultas de las que nadie sabe nada. Hay una enfermedad que se ha enquistado, convertida en crónica y que difícilmente tiene cura. Se llama soledad y me ha llevado a mirarme al espejo y a sentirme extraño con una mujer o en compañía. Mi estado natural es la soledad, es estar sin nadie al lado. Lo contrario sería una rara vis. Esa es mi realidad ahora mismo desde esta biblioteca, desde Alicante. “The final countdown” ha comenzado.


Un libro, un camino


Anoche caminé durante dos horas hacia mi casa. Anoche le vi los ojos al destino, al universo. Dos minis rojos, un bolígrafo, una canción, una ciudad en una persona, un fantasma en la gran ciudad. No supe leer o escuchar lo que me decía. Necesito una respuesta.

Hay otras vidas. Unas muy vividas, geniales, viajadas. Las hay de todo tipo. Más, últimamente sólo puedo vivir mi vida pasada, no la actual. No tengo vida, ¡¡NO HAY VIDA!! La he entregado por completo a mi carrera, he soslayado todos los problemas mirando a mis estudios. Pero los problemas siguen estando ahí.

Necesito salir fuera de mí. Necesito despertar y saber qué hacer, cómo hacerlo. Necesito alejarme del mundo para llegar con ánimo, con tranquilidad. Necesito salir de esta trampa mortal. Ahora que tengo días por delante éstos se me hacen eternos, los objetivos son invisibles. ¿Qué es lo que está pasando? 

Sólo se me ocurre huir, salir corriendo cuando la hoja está en blanco, cuando el cronómetro se pone a cero.
Quiero que el tiempo pase a cámara lenta. Observar una mirada a una milésima de segundo. Necesito observar unos ojos, unos labios, un andar. Quiero recorrer con mis manos la energía que, desde el astro rey, llega. He visto la beldad del sol en el mismo océano. Quiero ser blando, tierno, sereno, que la cabeza se columpie. Una conversación sin palabras, con miradas, con sensaciones gemelas, sentimientos mirándose al espejo. Ver las estrellas de la noche en pleno día.

¿Qué es lo que me decía el destino? ¿Qué quería? Necesito una penillanura en este andar. No me cuesta nada pedir perdón, disculparme, pero necesito decir la verdad. Decir que me he sentido terriblemente dolido por algunas personas. Que he vuelto a ver a personas de años atrás y me ha costado entender su desprendimiento. Necesito que la vida cobre sentido, que la vida tenga un aliciente. Este es mi fin de año, éste es mi final de ciclo, mi final de camino. Pensaba que no tendría dudas, que no tendría miedo. Más, no sólo no es así, sino que dudo hasta de si el sueño es real y lo real es un sueño. Estoy bastante hastiado de vivir en un zigzagueo constante, de no ver el camino, de inventármelo, de creerme mis mentiras y vivir la vida engañándome. Quiero llegar a la verdad absoluta, en la que ahondaba Thoreau. Me urge reinventarme.

Quizá me vaya durante un tiempo lejos de mi casa, de las nuevas tecnologías, sólo una mochila, mis pies y me enhebre la naturaleza, la más salvaje que conozco. No lo sé. Lo que me gustaría, lo que realmente necesito recuperar es el optimismo, volver a enamorarme de forma segura, sin miedos, sin temor de que no haya agua en el océano. Necesito y quiero viajar a los terrenos donde sé que soy el mejor: el amor. Ese continente que está tan alejado de mí. Quiero respirar el positivo, que lo malo quede en el pretérito muy imperfecto. Que el sueño de la vida mejor sea real, o comenzar a soñar con algo y alguien que me de alas. Quiero querer y que me quieran. Sobre todo necesito esto último. Necesito dejar de estar en casa haciendo cosas que objetivamente no me sirven para crecer, dejar de ser una rata de biblioteca…

Quiero volver a entusiasmarme. Quiero…. Que hasta la música vuelva a entrar por la ventana. No sentir que ya está todo hecho. ¿Estaré pidiendo demasiado? Pido que esta vida no sea estar más tiempo solo que acompañado. Que mi casa sea un hogar y tener alguien más por quien luchar además de por mí. Alguien que, cuando esté enfermo, cuando necesite un beso, una alegría, esté conmigo…y poder ser yo, poder formar parte de su vida, que yo sea uno de los dos protagonistas de su libro, quiero dejar de ser una hoja o un capítulo en la vida de los demás. Quiero que su libro y mi libro, sean dos tomos de una misma novela con final feliz.


Un encuentro reincidente


Son historias que suceden. Cuando pasan los años aprendes a darle la mínima importancia, tal vez por haberlas contado tantas veces, quizá porque ya hasta pierden fuerza con los años. No lo sé. Lo curioso de esta historia es que es la reina de las casualidades. Si hubiera un ejemplo de los caprichos del destino, ese ejemplo sería la chica A. Cuando la conocí era bastante joven, hace ya casi diez años, que parece ya un mundo. Era invierno, hacía frío y de repente apareció ella en aquella calle. Unas miradas de soslayo, unos pasos juntos y al cabo de un rato ella se dirigió a mí. Es curioso, siempre ha sido ella la que ha venido a mí. Sin embargo cuando la he requerido, nunca ha estado. Nos conocimos, fue casi un flechazo. Ella dijo todo lo que tenía que decir para encenderme. Pronto, muy pronto se puso los pantalones que dominaba mi vida y en unos meses ya hablamos de matrimonio. Hipnotizado por sus palabras, por sus hechos, por toda ella, me dejé llevar. Podría contar miles y miles de detalles pero no servirían de nada. No entiendo aún como me me perdí de esa forma. No la conocía, eso fue lo que pasó. El caso es que en muy poco tiempo ya estábamos hablando de hijos, de boda, de irnos a vivir juntos… Lo de la boda fue muy en serio. Llegué a mentalizarme de que ella sería la definitiva. Estaba muy ilusionado. No lo ví venir. Estaba totalmente planificado, el día, la hora, los invitados…todo. Y un día, sin más, desapareció. Literalmente se fue. Abandonó la ciudad sin darme absolutamente ninguna explicación, sumiéndome, de paso, en la más absoluta de las depresiones.

Un año más tarde me escribió una carta explicándome el por qué. No la entendí, tampoco la perdoné. Pasaron al menos dos años hasta que volvió a escribirme. Entonces comenzamos una especie de amistad irreal. Yo lo que quería era retomar lo que habíamos dejado… y ella también. Sin embargo volvió a desaparecer de mi vida. Desde aquel momento nuestros contactos han sido muy contados. Ella siempre ha sido la que ha venido a mí, y desde la última vez, yo siempre he sido el que la ha esquivado. Esta misma semana, después de mucho tiempo ha vuelto a aparecer en persona. Desde hacía casi diez años no la veía. Tiene novio. Su vida es feliz y dichosa, sin embargo me pregunto por qué no me dejará en paz. Saber de ella duele porque me recuerda a todas sus mentiras, a todo el daño que me hizo. Sus falsedades que yo no merecí.

Hace años que no cuento esta historia, y desde luego que mucho más que no la cuento con todo lujo de detalle. Fue tan ultrajante, se llevó tanto de mí, que olvidarla ha sido de uno de los ejercicios más complicados que ha tenido que hacer mi corazón. Aún con todo, en el fondo, como con las dos o tres mujeres de las que realmente me he enamorado en la vida, si algún día me dijera de volver, no lo dudaría porque… porque así es el amor verdadero: ciego e infinito. 


Amor-Odio


La mayor parte de las canciones de amor están llenas de mentiras. No todas. Yo trato de ser honesto pero por lo general se suele decir lo que ella quiere escuchar para seducirla o yo que se. Claro, que ella no siempre está por la labor de creérselas. Eso es lo chungo, claro. Pero, ¿Quién no ha mentido alguna vez, verdad?

Muchas despedidas están llenas de promesas banas, yo estoy seguro de que en alguna de ellas vosotros habéis mentido. Que sí, no pasa nada, estamos entre amigos, buen rollo. Quien no haya mentido, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra…pero que no tire a dar. Sí, porque las despedidas tienen un protocolo que hace necesario mentir para no sentirse culpable o responsable del fracaso que supone que el amor se acabe.

¿Sabéis qué es lo peor del amor cuando se acaba? Que se acaba. Y aún así nosotros intentamos eludir la culpa y mentimos. Y seguimos mintiendo y somos capaces de ir más allá y decimos: ‘no te preocupes, joder, si yo…yo estaré bien, yo lo que quiero, lo que siempre he querido es que tú seas feliz, además, el tío con el que te vas es un tío de puta madre’. Y bueno, tú y yo sabemos que no es cierto…es un pringao…Joder macho, que no van a durar ni dos meses, y más con el carácter que tiene ella. Pero aún así decimos que es un tío que te cagas o un buen hombre que también jode lo suyo (…)

Y nos estaremos preguntando si la llevará a los mismos sitios a los que te llevaba a ti. Si se dirán las mismas mentiras. Si se enfadarán por las mismas cosas y si lo que es peor, si se reconciliarán de la misma forma. Y te devanas los sesos preguntándote qué pasará, qué ocurrirá… Pero ya está bien. Si ella se va, cultivemos el odio, declaremos la guerra porque…no sé, quizá nos sintamos mejor, aunque yo creo que no, yo creo que como todas las canciones de amor esta también está llena de mentiras. Y cuando decimos ‘si ella se va…’ lo que queremos decir es que si te vas, pues que no sea muy lejos ni por demasiado tiempo”.

Ismael Serrano

IDIOTA en una tormenta que nadie ve


Idiota, idiota. ¿Puedo ser más idiota? Sí, si llegara a vivir de nuevo probablemente batiría mi propio récord de idiotez. Nada bueno puede salir de estas palabras. El amor es sencillo… Y tanto. Basta con decir: “No me gustas, sólo como amigo”. Todas las puertas se cierran y todo lo que has hecho, lo que has dado, lo que te has entregado, todo, se ha ido para la basura. El amor es sencillo. Nada puedes hacer porque… ya se cerró la puerta.

¿Cuántas veces me han rechazado a lo largo de mi vida? ¿Veinte? ¿Treinta? ¿Un millón? Han sido tantas que ya no me acuerdo. Habré muerto sentimentalmente tantas veces que el hastío es tan basto como vanas son las recuperaciones que no compensan la pérdida de un amor cuando lo das.Y yo no logro entender por qué el amor es así. Para mí es lo más grande porque lo he visto, lo he vivido y yo siempre he querido tener a alguien en quien depositar mi amor. Estas últimas tres semanas, además, el desamor es algo que ha impregnado mi existencia. 

Primero a mi amigo ‘teach’, quien después de seis años de relación con su novia, todo se fue al garete. Mi amigo me dio la noticia y quedé en shock. El la quiere, y mucho además. Por ella hizo cosas que denotan lo muchísimo que la quería. En serio, ha hecho una barbaridad por ella. Y tal y como yo lo veo, subjetivamente, ella es hoy gracias a mi amigo, quien se ha gastado y desgastado por ayudarla en todos los aspectos. Ha sido su báculo en los peores momentos y la ha apoyado en sus decisiones. Sin embargo… Rompieron. Mi amigo desde entonces lo ha intentado todo pero no levanta cabeza. Es fuerte, lo sé, pero se nota que algo se ha removido en su mundo, algo tan hondo, tan fuerte que aún no ha logrado recolocarse ni ubicarse. Lo mejor de todo es que no está solo. Me da una pena enorme. Fue un día de luto para mí porque lo tenía como algo ideal, como un hombre bueno, que adoraba y se desvivía por su chica, a la cual ya veía como la mujer de su vida. Pero no fue así. Ni lo será. Podría ser una historia más en el mundo. Para mí es una triste historia de amor que llega a su fin por un montón de razones que no puedo ni debo contar aquí, ya que no es mi historia.

La segunda historia corresponde a mi amigo ‘armonicista’. Probablemente sea el caso más sangrante, el que más pena me da. Se enamoró perdidamente de una chica que le bailó el agua. Ella le hizo sentir cosas que nunca jamás había sentido. Llegó a viajar a Europa con ella, a un país espectacular, a vivir una experiencia única con ella. Sin embargo, al llegar al momento de la verdad… ella se fue con otro. Mi amigo estaba en aquel país sólo por ella, para vivir el momento de llegar y decirle: Te quiero. Se fundirían en un beso en el mejor marco posible y mi amigo ‘armonicista’ sería el hombre más feliz del universo. Fue un duro trauma para él. No llegó a superarlo porque la chica en cuestión demostraba con hechos que algo podía suceder. Pero era una de esas mujeres que se te meten hasta en los huesos y que no logras secarte porque te empapan hasta el último de los sentidos. Mi amigo lleva año y medio sin levantar cabeza. No sólo eso, sino que reniega del amor, de las mujeres, se ha refugiado en cosas para superar algo que no sabe superar. No es feliz, y yo sólo quiero empujarle a que de el gran salto fuera de esta isla para que viva las experiencias y personas necesarias para que logre superar eso y lo que sea. Hace poco volvió a recibir mensajes de ella y reaccionó mal. Normal. Está en un despecho continuo. Aquella mala mujer sesgó su lado más idealista y romántico. Lamento eso cada día. Cuando el amor muere, es motivo de luto.

El tercer caso es el de mi amigo ‘el del pelo más espectacular y hermoso que jamás y nunca he visto en persona’. Este ha sido uno de los últimos shocks. Después de intuir que su relación iba viento en popa, de haberlos “visto” como una cosa increíble, una pareja perfecta, compenetrada, entendida me confesó en aquella biblioteca que su novia lo había medio dejado. Me quedé helado. Mi amigo es un tío fuerte, al menos logra aparentarlo. Creo que sólo mi amigo ‘teach’ ha sonreído más que mi amigo ‘el del pelo más espectacular y hermoso que jamás y nunca he visto en persona’. Sin embargo me confiesa que todo le recuerda a ella, que nunca había estado tan colado por una chica, que no puede estar en casa porque todo le recuerda a ella. Que ha llorado. Y sabiendo quién es, me choca un montón porque es un tío tan… feliz. Yo no debo contar nada de su historia, lo que sé es que me encantaría poder ayudarlo, siento impotencia porque sé que la quiere y quisiera poder transmitirle buenas energías, hacerle reír, que se ría conmigo, en fin, todo eso. Lo aprecio muchísimo y me encantaría poder volver a verlo en su salsa, aunque sé que lo superará, es un tío fuerte pese a todos los avatares. Pero también se merece ser feliz.

Por último el caso de mi amiga ‘palmera’. Es el caso más corto de todos porque esto está calentito, calentito, tanto que me enteré hace apenas dos horas. Acabó su relación de ya varios años con un chico que no la quería realmente. Si la hubiera querido no hubiera dejado que se escapara. Por primera vez en sus 27 años de vida mi amiga está llorando por un chico, está dolida, triste, rabiosa porque ese chico no ha sabido corresponder sus muchos esfuerzos. Ella tenía muchas esperanzas puestas en él, sin embargo él no apostó tan fuerte como ella y ahora mi amiga ‘palmera’ está en casa de una amiga llorando en compañía por alguien que no ha querido quererla.

Bueno, mentí, el último caso es el mío. El más simple. La ‘chica de inglés’ me ha dado calabazas. Nada nuevo bajo el sol. Digo en broma que si las calabazas que me han dado fueran de verdad, tendría tanta calabaza como para hacer la mansión de calabaza más grande del mundo. Fuera de bromas, soy un fantasma, una sombra de mi mismo. He perdido la seguridad en mi mismo, en encontrar un amor, en romper este maleficio que me persigue.

Me siento mal pero en este sentimiento me hallo como en casa. Lo he vivido tantas, tantas, tantísimas veces, que el sentimiento de abandono, de soledad, de esos estados carenciales ya es familiar. Tanto que ahora mismo estoy triste, pero es como quien recibe un invitado cada noche a cenar. Es tal la costumbre, que ya se deja la puerta abierta para que entre. Mañana será otro día. Largo. Solitario. Otro día de subida, de lucha contra el desánimo. Otro día en el que lucharé para no caer en el abismo de la tristeza, para que todos los sinsabores no impregnen todo. Mientras recuerdo muchas canciones, en una de ella, recuerdo esa frase que tanto me encanta "no tendrás quien avale esta ruina de amor". Porque eso es lo que ocurre, todos te dan frases recetadas como ungüento cuando lo que necesitas es una melodía, una caricia, una playa, un beso, enamorarte. Pero eso sólo aparece como un regalo puntual. En esta tormenta idiota de arena, en noches como esta, no sé si merece la pena resucitar. Treinta años de sinsabores, de errores, de bandazos, son muchos años. Y yo no quiero seguir esperando una caricia otros ocho, quince, veinte años. Como "Into the wild", las medias tintas no las quiero. Sólo el profundo y hondo respeto que siento hacia mi Licenciatura impide que mañana mismo coja el primer avión a ningún sitio y busque la aventura de mi vida escapando de la espera de un amor que no aparece. Esta noche no sólo tengo ganas llorar sino que voy a llorar. Ojalá pudiera volver a aquellas remotas montañas de Marruecos donde me sentí en libertad...Incoherencias idiotas en una noche cualquiera de una vida cualquiera.

Vaya asco de día


Un horror de día. Después del simulacro de ayer llegó el día de hoy. Centrado al máximo, desperté con las ideas claras. La jornada estudiantil surtió efecto. Me dio tanta fuerza que me vino a la cabeza ‘Simple the best’ de Tina Turner. Pero el día comenzó a torcerse. En clase volvieron a castrar mi oratoria. Cercenada una de mis principales virtudes, me afearon varia veces la conducta retrotrayéndome de nuevo a la pubertad. Es cierto, lo que más amas es lo que te hace sufrir. Me sentí de nuevo ultrajado, ajado y todas esas bonitas palabras que te describen pusilánimemente. No mejoró después. Mi gran amigo, llamémoslo “teach”, me preguntó qué tal y ya fui claro: overbooking. El punto más bajo llegó a la tarde. Mi cabeza, hastiada ya, cerrada y casi rota para el raciocinio, no soportó los desplantes sucesivos de las personas que actúan como báculo. Desafortunados detalles que me dejaron con sensaciones familiarmente frustrantes. De nuevo me volví a exponer para ser aprovechado, objeto de miradas acusadoras. De nuevo fui vendido. ¿Te sientes mal? Preguntará alguien. Pues menos. Cuando te expones sabes de estos reveses. Mientras más alto subas, más dura será la caída. He caído tanto, tengo tantas cicatrices que sabía perfectamente en qué bosque me metía. Me era familiar. Cosa de la edad, que diría alguien.

Mi cabeza está un poco “stand by”. La presión por el decisivo examen del 25 de abril me hace fuerte pero débil. Débil porque las circunstancias externas me atacan con fiereza fruto de un paseo lejos de mis habituales mañas. Y ocurre que te defraudan pero cuestiones sentimentales aparte jugártela siendo tú el rival más débil es duro. Mi cabeza dice: ahora o nunca. Pero un día seguro que escuchó el Universo: “entregaría mi Licenciatura por tener un futuro sentimental con otra mujer”. ¿Es posible que esté ocurriendo eso? Para un goloso como yo, ahora aparecen muchos dulces apetitosos. Muchos, la mayoría, meras marionetas del destino para hacer girar la ruleta. Veo lo que sucede. Tal y como dijo amigo “armonicista”: “en tu pasión por tu carrera subyace tan sólo un soslayo por el fuerte trauma sufrido por tu última experiencia amorosa”. Siendo esto cierto habría engañado a todos, a mi mismo, me habría creído mi propia mentira necesariamente para resistir. Ese escudo está ahí. Si a ello se le añade el éxito académico actuante como opio, la respuesta, aunque me lo niegue cien veces es que sí, daría mi venerada e idolatrada carrera por un triunfo del corazón. Y es que los asuntos del corazón han sido siempre los más importantes. Pero he creído y sigo creyendo en esta aparente dulce mentira hasta que sacuda un terremoto que provoque mi fracaso académico. Más, si ello se produjera, y además todos esos dulces fuesen falsos, no sólo habré fracasado por partida doble…estaré muy jodido. Me retrotraeré a tres años y medio atrás y este tiempo habrá sido un ejercicio de futilidad, de vacuidad. Esa es la verdad que subyace. He entregado mi vida a mi carrera porque nadie quiso sostener y compartir el peso de mi corazón.

Por todo lo anterior, expresado lo más sucintamente, ahora estoy en el limbo. Cuando dentro de mes y medio salgan todos los resultados –el sentimental saldrá mucho antes, hipotéticamente- sabré si estoy en el cielo, en el infierno, en tierra llana o todo lo contrario. Este fin de año –para mí el año acaba en julio- está siendo muy movido. Y no sé si aguantaré la presión que tanto yo, como el resto, ejercen sobre mí. Y por todo lo explicado estoy nervioso y mis ánimos son más que una montaña rusa, son vaivenes continuos, tiras y aflojas que sé cómo me dejarán. La suerte –si existiese- estaría ya echada. Esta noche estoy muy dolido tras lo sucedido con los detalles de mis báculos.

Esbozando con brocha gorda


Ya hablé con él ayer. Le dije todo lo que debía saber, es decir, todo...toda la verdad. Creo, y lo digo por inferencia, no porque me lo haya dicho, que hoy día ya es tarde y vislumbre yo mismo, y él lo confirmó realidades sumamente difíciles de soportar para mi mismo. No obstante, hice lo que debía, lo que me pedía yo mismo y cuándo me lo pedía mi ego... otra lección que he de aprender es a no actuar a destiempo y darme cuenta de las cosas a tiempo para que los demás no sufran. El daño ya está hecho, y las explicaciones creo que llegaron tarde. Culpa mía. 

Ese chico detallista que existía y que alguien admiró una vez... no sé dónde está, pues ahora mismo soy un papel en blanco que hace rayones, esbozos y nada concreto, sólo miro los "bocetos" del pasado, me fijo en ellos, en los errores y trato de hacer por fin una obra que pueda admirar en su conjunto... pero de momento no atino con nada, es decir, con nadie, con excepciones, pero esas excepciones no las cuento porque en ese esbozo sirven de márgenes, sirven para delimitar el cuadro, no es el cuadro en si. 

No creo, siendo pesimista, que vuelva a ser una obra de arte a la que admirar, creo que este "pintor" de vidas propias está gastado y ya no tiene un buen juego de pinceles, sino que ha de obrar algo fino con brocha gorda, con el hándicap del peso de la penitencia propia de haber convertido las obras de los demás en rayones....

Creo que más que palabras, lo mejor es expresarlo así



Mil canciones imposibles: LODVG - Jueves

Tapa: Millones y millones de ellas
Etapa: Tantas que pasan a cámara lenta en un instante intangible
Estrato… De balada pop
Vas a una velocidad moderada por una carretera de segunda. Estás perdido en ninguna parte. Sabes el país, sabes incluso en que zona climática estás, pero no sabes nada más. Aguaceros internos que empapan el habitáculo donde suena esa melodía. Es líquido elemento artificial, no cae del cielo, cae cuan fuente inagotable de las cuencas visuales que todo lo captan desde un prisma único, irrepetible. Suena la canción entre una recta interminable y la única curva que atisbo a ver en kilómetros a la redonda. Esa curva provoca que los sentidos se paralicen, es lenta y rápida, larga y corta. En esa curva cruzo todas las estaciones, es imposible no hacerlo, desde allí ves todo a cámara super lenta. Es imposible no sentir la parsimonia de un mundo que en un espacio temporal ínfimo como es aquel que cuentas con un carpo y metacarpo, en uno de esos inventados por el azar, por uno de esos eruditos hombres que con los siglos ni tan siquiera fue recordado. Igual que nadie recuerda si el que conduce tu auto está vivo o muerto, si esta melodía es un réquiem o un himno a la mejor de las vivencias. Jalonan cientos y cientos de diminutos micro o nano instantes en los que logras captar hasta la más mínima gama de color. Tu mundo es sólo agua, precipitación de líquido elemento que no puede evitar manar por doquier fruto de una descomposición en el vehículo a motor que empuja tu vida hasta el lugar donde has de llegar. Hoy estás en una recta vacía, sin vegetación, sin nada, sólo crece esta canción en un basto terreno. Al final, de una manera estúpida, y sin sentido, crees que vas a llegar, más, no es posible.