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Mini-Revolución de Marzo y algo de erotismo


A veces me lío intentando escribir algo sin caer en que me expreso bien cuando no le doy tantas vueltas a los asuntos. Ha sido una semana insoportable porque desde el mismo lunes quería que llegase el viernes. Mis ávidos deseos de cambiar algo que parecía incontrolable me llevaba a querer salir del aula. Estaba nervioso y me imaginaba yéndome de la clase dando un portazo y haciendo un mutis bastante aclaratorio de la insostenible situación diaria. Estuve toda la semana en un fino alambre que fue cortado de sopetón el miércoles con una mala noticia que me bajó a una realidad a la que no había caído tan de golpe desde hacía tiempo. En vez de ver todo lo negativo, que era muy obvio, me dediqué a dar la espalda a la realidad y ocuparme de cosas que yo sé que me dan vida, principalmente la música y los sueños a muy cortísimo plazo. Comenzó todo con Pink Floyd, Comfortably Numb y Money, esta última que me recordaba un poco a que todo se solucionaría con un poco de ‘Money’. Y es que esta austeridad casi pobreza es tan ‘marginatoria’ como el hecho de vivir las cosas más básicas. Esa noche del miércoles también me dediqué a leer cosas, una de esas cosas fue un artículo en un blog sobre el amor.

Tras las últimas experiencias con las féminas, gané en seguridad y sobre todo pensé: ¿Por qué no voy a poder controlarlo? Cierto es que esta semana volví a tener dos sueños perturbadores. Uno de ellos, con la última mujer con la que estuve. Hablándolo con una amiga le esbocé algunos de mis pesares, sólo algunos. Me dije entonces que tenía que hacer algo para no provocar un cáncer sentimental que se convirtiera en una letal metástasis. Hice mucho ejercicio mental para no estar mal. ¿Y qué si mi ex está viviendo en la ciudad de su novio? Lo que de verdad debería es no saber nada de ella, pero lo triste de todo, lo que en verdad es profundamente desolador, es que el único vínculo con el amor pasional y romántico que hay en mí fue aquella relación. He conocido a otras chicas pero no ha habido aquello que sí hubo en ese momento. Cierto es que esto tiene muchas cosas que subyacen de fondo pero no me interesa contarlo.

(“Y cuando yo digo que no, es que no” –Los amantes del círculo polar-)

Aquí es donde debo volver a recurrir a aquel artículo del blog que me hizo pensar. Este artículo me hizo pensar que tenía toda la razón del mundo. A mi edad ya no cumplo los parámetros comúnmente aceptado por la sociedad. Si estás soltero, debes tener pareja, si no la tienes y otros sí, no estás en la onda porque…por cuestiones de sobra conocidas. Muchos amigos he perdido o se han distanciado porque ellos con pareja y yo sin ella, era algo difícil, pues cuando un amigo tiene pareja, tienes que ser amigo de su pareja por extensión. Obviamente esto es mucho más complicado que decir que es un deber el ser amigo de la pareja de tu amigo, tiene todos los matices que no voy a realizar yo. Es entonces cuando he pensando que igual mi estado era algo tan innovador, que resultase chocante. Ser feliz estando solo, ser vehemente con uno mismo, desear de vez en cuando y tener la libertad de no tener que dar explicaciones a nadie. Todos necesitamos un apoyo, que nos suban el ego, pero la diferencia es si necesitarlo es algo que te hace mendigar o convertirte en una especie de ‘yonky’ de la compañía. Y aunque parezca que estoy juzgando a todos aquellos faltos de cariño y compañía a toda costa, no es así. Son formas y maneras de vivir. Al fin y al cabo, lo que sí tengo claro, es que yo no quiero ni deseo decirle a nadie cómo ha de vivir su vida, ya que ésta es mejor cuando te dan la libertad para tomar decisiones.

(Una calle de Alicante me recordó que la libertad está en mi mismo)

Bueno, el caso es que quería que llegara viernes. Me perdí el concierto de Carlos Chaouen, aunque como lo había visto en Madrid en diciembre, me importó menos, me aguardo para el concierto de Luis Ramiro y otro de Boza y/o Marwan. Desde que me desperté sabía que ese viernes quería salir, pero lo que no quería es perder las ganas. Además era la primera vez que saldría de verdad una noche, ya que las anteriores ni se podrían calificar de salidas nocturnas. Esta vez quería intentar olvidarlo todo y todos. Comenzó la noche robando conversaciones ajenas. Era inevitable, con el frío, en el transporte público la gente se agolpa y acabas robando sin querer las conversaciones. Además, en algunos casos, es mejor escuchar eso que la música. Tenía de fondo a Pink Floyd que me hacía sentir relajado. Me preparé un ¿mapa? Para ir a algunos de los sitios que me habían recomendado meses atrás. El primero de todos estaba super vacío y no tenía ganas de estar en un lugar desangelado, que para eso ya está el lugar donde cada día voy.

(Si mis mentores vieran mi cartografía me quitarían el título)

Caminé un poco y fui en búsqueda de una pequeña calle en el laberíntico casco de la ciudad de Alicante. No pude encontrar el pub que quería y me sentía incómodo. Pensé que me tendría que ir rápido porque me conozco, si no entro a un lugar en el que sentirme a gusto estando yo solo, quiero volver. Lo intenté una última vez con mi ¿mapa? Por fin encontré, en una diminutisima calle, que más parecía sacada del barrio gótico de Barcelona, que de Alicante. Entré pero enseguida volví a salir, por un lado, porque no tenía demasiado ambiente, y segundo, porque después de esperar dos minutos a que el camarero me atendiera sin conseguirlo, decidí salir. Justo al lado había otro bar. Su puerta era diminuta, tuve que agacharme para entrar, bajar unas escaleras y una vez allí dentro, bajar otras pequeñas escaleras. Lo mejor, sin duda, la música. Me recibió “Cuando brille el sol” de La Guardia. Esa música de los años 80, de la movida madrileña y otras de los 90. Hacía tantísimo tiempo que no escuchaba algunas canciones que no podía dejar de sonreír. Hacía también mucho tiempo que no me bebía una cerveza. Mi satisfacción era doble y alcanzó el triple cuando además, vi algunas mujeres, sobre todo tres mujeres muy dicharacheras y pizpiretas. Aunque me sentía incapaz de hablar con ella, sólo ver lo felices que eran, cómo bailaban, cómo sonreían, me sentía dichoso. Ese ‘triple’ para mí era lo mejor que me había pasado en esta ciudad…desde hacía mucho.

(Muchas veces olvido que los sueños deberían ser indelebles)

En verdad la única noche más especial que esa fue la de mi cumpleaños en que tuve la suerte de presenciar un concierto de Marwan (y claro, también la noche ilicitana de Boza, Road Ramos y Patricia Lázaro con la compañía de mi amigo Dani). Desde aquellas noche no me sentía tan bien, aunque claro, tampoco había salido más después de aquello. Me tomé otra cerveza y al final, acabé con un brugal doble. Entonces comencé a animarme con la música. No sabría decir a ciencia cierta cuál fue la canción que me atrapó definitivamente. ¿”Groenlandia”; “Enamorado de la moda juvenil” o “Como un burro amarrado”? No lo sé. Enfrente de mí seguía el trío de chicas que entraban y salían del antro. Para entonces ya me había despreocupado de ellas y de todas. Sólo quería bailar, sonriendo y sintiéndome liberado de la responsabilidad de la austeridad, de las reglas, de las normas, de callar, de aguantar cada día. En un abrir y cerrar de ojos, el antro ya estaba lleno de todo tipo de personas y sobre todo de mujeres. Para entonces yo estaba, como decía Chaouen, “Desatado”.

Sentir felicidad es algo tan bonito que cuando sucede merece la pena expresarlo

Sin pensarlo, comencé a hablar con el triunvirato de mujeres que estaban desde que llegué. Conocí a Sabrina, a Yanira, a Sara…y a otras de cuyo nombre no me acuerdo. Incluso me atreví a bailar con dos de ellas. ¡¡Yo sacando a bailar a una mujer!! Eso es tan poco yo…tan poco propio del ser encorsetado y lastrado por la timidez… No sólo eso, tuve conversaciones de bar con algunas de ellas. Y no, no soy un chico guapo ni especialmente encantador, ya que siempre digo algo que no debo, soy un bocazas o no soy original como para que una mujer se fije en mí por nada. Eso lo estuve pensando inconscientemente toda la noche. No pensé ayudado por el alcohol y las vehementes ganas de olvidar el duro día a día de los últimos meses. Me daba igual si hablaba con un tío o una tía. Me sentía a gusto, desinhibido y pasaron cosas que me dejaron alucinando. Llegué a olvidar algunos pasajes de la noche. Salí de aquel antro acompañado de dos mujeres, pero poco más supe hasta que cogí el autobús de vuelta a casa, yo solo y comencé a pensar…Que hacía mucho tiempo, y no sé si alguna vez, había actuado así de desatado. Necesitaba relacionarme con otras personas y lo conseguí. Hablé con hombres y mujeres, bailé sólo y con otras mujeres –con lo que me gusta eso-, canté, bebí y escuché la música que me gusta. De camino a la Plaza de España pensé que, por qué no, Alicante fuera mi ciudad, el lugar donde comenzar la revolución de mi vida. La idea de quedarme aquí, de encontrar un trabajo y tratar de ser ese chico desinhibido me cautivó.

Estos días he pensando que hay cosas que sin darme cuenta, estoy adquiriendo. Una dimensión que no soy capaz de calibrar, si importante o no, pero sé que algo está ocurriendo que me está llevando a límites y derroteros extraños y desconocidos. Puede que sea una fase pasajera nada más, pero el caso es que, los cinco meses que me restan aquí puede y deben ser un punto de inflexión para poder aprender lo que el destino me tiene guardado. Finalizo esta semana con unas ganas enormes de aprender y por intentar volver a dejarme llevar por mis impulsos, mi vehemencia y preocupándome menos de las responsabilidades que me mantienen sin dormir casi todas las noches. Ha sido un fin de semana maravilloso, feliz, a falta de una posdata en forma de rúbrica personal, no de efímeras conversaciones y bailes.

El domingo lo he dedicado a leer. Hace unas semanas una amiga me habló de algo llamado “Cincuenta Sombras de Grey”, yo no sabía qué era y ella me puso al día. Me dijo que era un libro, una novela que estaba causando furor. En esto de que el fin de semana fuera diferente, y tras haber pasado con mucho honor la resaca del sábado, me puse a leerlo. Mi amiga me lo describió como un libro “necesario” para leer. Me lo leí en un día con más o menos detalles. Fue divertido, la correspondencia a través de e-mail y los pensamientos de pseudo adolescente insegura de Anastasia. El final no sólo no me gustó, sino que lo encontré muy simple, aunque dicen que es una trilogía. Probablemente me leería los otros dos, el caso es que me produjo muchos pensamientos encontrados. De una forma tan “divertida” acabé la semana y mañana

PD: A todas aquellas personas que me critican con dardos indirectos a través de diversas redes sociales, sin la valentía de hacerlo directamente les digo: miraros primero a vosotros mismos, el problema es vuestro, no mío. La crítica sin base me provoca desconcierto. No lo entiendo y no me apetece comerme el coco por cobardes que hablan con ambigüedad. La posdata es: hablen claro, que no tenemos 13 años. 

Yo no pido la luna...


A veces lo parece, a veces cuesta. La luna queda muy lejos, inalcanzable para todos. Sólo la podemos observar. A veces se oculta y ni tan siquiera la podemos ver, pero periódicamente está ahí y muchos, ya os digo yo que son muchos, los que quisiera llegar hasta la luna y ver toda la inmensidad del sistema solar. Esto es perfectamente extrapolable a la vida cotidiana. Tener un trabajo, llevar una vida con ánimo, levantarte con ánimos, enamorarte, hacer el amor con la mujer que deseas, ser una persona que lucha a diario…todo ello parece que es como pedir una luna. Y yo pienso ahora mismo, en este preciso momento eso, que “yo no te pido la luna”. ¿Cuántas veces lo hemos pensado? ¿Cuántas lunas hemos logrado alcanzar a lo largo de nuestras vidas? Yo confieso que sí, he logrado alcanzar muchas veces la luna. Soy un privilegiado, he logrado trabajar en algo que me gustaba, he logrado vivir con ánimo, he logrado levantarme mordiendo a la vida, me he enamorado locamente, he hecho el amor estando muy enamorado. Y en su momento logré algo incluso más complicado que es valorarlo y ser consciente de que estaba en la luna, estaba con los pies muy lejos del suelo firme. Ahora pregunto más allá, cuando hemos estado en la luna, ¿Cuántos llegasteis a ser consciente de ello? Ahora mismo me encuentro en un viaje, apenas estoy en la troposfera pero no quiero volver a pisar tierra firme, pido poder volver a llegar a la luna. Seré consciente cuando esté allí de que en verdad estoy en la luna, pero además sé que esa luna que me espera estará todos los sueños que anhelo, sólo he de explorarla. Hablemos claro. Yo no pido la luna, pido lo que es justo, pido lo que vitalmente me concierne. Me lo pido a mi mismo y por eso cada semana, cuando se acaba un domingo después de tanto trabajo, y comienza ininterrumpidamente un lunes, otra semana, intento mantenerme indemne e inocuo a todas las enfermedades del pesimismo, del derrotismo. Este lunes yo quiero tener ánimos, soñar con un futuro cercano mejor y sentirme despegando hacia esa luna que ya conozco y quiero volver…para quedarme. Yo no pido la luna, sólo quiero parecerme, sólo parecerme al que hace no mucho tiempo dibujé. Veremos en unos meses si en verdad pedía imposibles o si era alcanzable.



PD: Sí, ya sé que es más una entrada musical, pero esta canción ya la había publicado en Bastestan, y en algún lugar tenía que ubicar una inspiración tan de súbito. Juro que me vino esta canción cuando iba a la cocina a fregar los platos. Lo juro. 

A otra cosa


Cuando escribo esto, un día ‘X’, me encuentro en la segunda planta de la biblioteca general de la Universidad de Alicante, desde donde puedo ver todo el valle y parte de su ciudad asociada. Al fondo, montañas, cuestas, pliegues y un montón de formas estructurales y formas de erosión. Aquí recomienza mi vida de forma inconsciente. No me doy cuenta aún del calado de mis decisiones, no me doy cuenta aún de que en menos de dos semanas, comienza mi último reto académico, probablemente sí, el último de todos, la última oportunidad para mi gloria personal. Comienza sin avales, sin redes y con mucha, muchísima incertidumbre acerca de lo que podrá suceder en otros menesteres. Observo este lugar y su magnitud y me doy cuenta, aquí sí, de lo absolutamente solo que estoy. Aún no he logrado hablar con nadie de este lugar, lo cual es lógico. Ya he dicho que me cuesta relacionarme, que mi capacidad para sociabilizar es reducida. Todos se quedan con lo bueno –por suerte-, que es lo mucho que hablo y algunas que otras cosas más. Pero no voy a quitarme ahora la máscara de lo obvio. Estas sensaciones chocan, son ambivalentes, buenas y malas, asertivas y terroríficas. No conozco este lugar y estoy todo lo limitado que una persona puede estar. Después del viaje de gracia de casi tres mil kilómetros desde Tenerife hasta Alicante, llegar aquí ha supuesto un recomenzar como bien he dicho. Sí, ya lo sé. Que si los inicios no son sencillos, que yo lo conseguiré, que estoy capacitado, que tengo que echarle huevos, etc, etc, etc… Todas esas cosas que se suelen decir en estos momentos. 




Lo cierto es que siento rabia por no lograr disfrutar del momento todo lo que quisiera. No esperaba echar tanto de menos mi origen. El hecho incluso de decirlo me desasosiega. Aquí paso totalmente desapercibido. No soy nadie y me siento así. No me siento original, no me siento especial por nada ni por nadie. Sí, buscaba en parte esto, pero no esperaba esta amalgama de sensaciones. Estoy tranquilo, demasiado. Es seguro que en unos diez días comience otra etapa de esta nueva etapa. El comienzo del máster hará cambiar esta tranquilidad, este remanso de paz en otra cosa. No sé si deseo seguir viviendo este impasse o volver a la acción. Uno puede llegar a acostumbrarse a la insustancialidad de una forma, como he dicho, ambivalente. Escuché que para nuestro desarrollo psicosocial necesitamos cierto grado de insustancialidad, que es necesaria para poder tener una vida de verdad, empero, algunas personas necesitan llevar un camino de importancia, relevante, alejado de la sin sustancia al menos por un tiempo. Creo que mi etapa ‘sosa’, sin cloruro sódico, desalada, tocará a su fin…en teoría o al menos eso espero. No sé yo si soportaría tanta insustancialidad, no sentirme útil para los demás o para mí mismo, sentirme tan despojo o parásito. Llevo más de dos semanas aquí y sigo siendo forastero. Soy ese ser invisible para todo el mundo, que en parte quiere seguir siéndolo, pero por otra parte, quiere formar parte activa del paisaje, algún tipo de paisaje, da igual si humano o natural (me gustaría más el segundo).

Llevo tiempo barruntando una idea que igual es solipsista o precoz en este momento. La diferencia entre marcharte de tu lugar –aunque no sé hasta qué punto Canarias es “mi lugar”- por motivos sentimentales o por motivos personales. Entiéndaseme esta última afirmación. Es decir, irme por razones de amante que ha encontrado otra amante y que se va a otro emplazamiento para sentirse regocijado con la compañía sentimental necesaria de otra persona. Por la otra parte, irte por ti mismo, sin una salvaguarda sentimental que te espere en tu destino. Haciéndolo sólo por ti, con tus seguridades e inseguridades –ganando más éstas últimas-. Es una diferencia abismal que aún me cuesta explicar, ponerle las palabras necesarias y probablemente pasarán meses antes de que pueda explicar bien las diferencias.

Este lugar sigue sin tener la más mínima sustancia. No tiene nada que me llame. No puedo caminar por el monte porque está lejos y es de difícil acceso. Ir a cualquier lugar me recuerda a mi canción, hecha por Marwan que dice “encuentro mil lugares donde irme pero ningún lugar donde quedarme”. Creo que ahora mismo es una de las mayores certezas de mi existencia. Da igual si esté en Alicante o China, ahora mismo no necesito un nuevo lugar (necesitaba salir de Tenerife, es otro hecho cierto), quizás tampoco necesite este máster. El máster era la excusa perfecta para salir de la isla. Es lo que yo he llamado varias veces: Plan B.

Conste que esto que voy a decir es un poco…pues eso, maleable según circunstancias y sobre todo tiene muchos matices. Siempre me he considerado solitario, un tipo que ha estado más tiempo a solas que en cualquier tipo de compañías (amigos, pareja, familia, etc…). Mi máxima durante más de una década fue: “Si nadie está conmigo para hacer lo que yo quiero, no dejaré hacer esas cosas”. Y por eso salí de noche, de fiesta o a caminar. Por eso viajé sólo con mi mochila, recorrí y hasta hice cosas muy locas en mi mundo. Siempre tuve un miedo, algo que todos tememos: acabar tus días totalmente sólo y lo que es peor, sin una mujer que te ame. Mi máxima aspiración fue tener una mujer que amase y que yo pudiera amar, pues creo que en lo más personal, en lo más intrínseco, además de tus logros académicos e intelectuales, lograr ser compatible con alguien es algo tremendamente difícil. Al menos para mí lo ha sido así siempre porque no ha dependido de mí. No ha dependido de mí en exclusiva que una mujer me amase pese a mi ‘promiscuidad’ sentimental. Así, me imaginaba y tenía fe en que todo saldría bien, que ese miedo se solaparía fácilmente cuando llegase la mujer por la que lo diese todo. Estaba convencido de que al llegar a la treintena todo estaría solucionado porque además, siempre he puesto de mi parte…aunque haya cometido errores.


Me marqué un objetivo. Esto sigue siendo real. Dije que no estaría esperando o buscando el amor toda la vida. Que la vida sin amor es…como lo es ahora para mí: insulsa, insustancial, demasiado poco importante para lo que yo requiero en mi mundo. El mundo no tiene color, es una hoja en blanco, algo en blanco y negro, triste sin tener a una mujer por quien expresarle todo lo que sientes. Es mi vida, así soy yo (o lo era hasta hace poco). No estaba dispuesto a seguir doliéndome y maltratándome sentimentalmente a mi mismo por el dolor que causa el ser rechazado siempre que te fijas o sientes algo por alguien. Llegas, como llego yo ahora, a ser quien no eras: un cobarde. Temes al rechazo, zozobras sólo con la idea de tener que intentar borrar un sentimiento más si cabe si eres alguien como yo, que nunca olvida del todo lo que siente por alguien. Aún sigo queriendo a mi primera novia de verdad, la asturiana, quien está casada ahora mismo y que si algún día me dijese algo, creo que no tardaría mucho en pisar sus terrenos. Y haría lo mismo por las dos o tres mujeres que más y de verdad he amado en mi ida (porque las sigo amando).

Como decía, no estaba dispuesto a seguir la espera, la búsqueda o mejor dicho, no estaba dispuesto a superar un Everest en cada rechazo. He tenido mucha suerte, la verdad sea dicha. He amado con pasión, con cabeza, y he recibido muchísimo amor, mucha devoción, me han dicho palabras que nunca me creí, que me hicieron sentir el hombre más dichoso del universo. Tuve suerte de ser amado y de amar. He conocido además, a mujeres con las que no he tenido nada, pero que estoy seguro de que, en un mundo justo, hubiesen sido ese tipo de mujer que, cuan arquitecto, diseñas como “perfecta” con sus imperfecciones. No sólo eso, sino que me he sentido bien tratado por ellas, he albergado ese amor maduro de quien sabe que, quizá en otro momento, en otras circunstancias, todo podría haber resultado. Siento esa tranquilidad, la de haber sido bendecido con esas suertes.


Pero no fue suficiente y la suerte no se alió de mi lado. Por eso, no hace demasiado planteé lo que crípticamente definí como Plan B. En mis tres décadas he experimentado muchas sensaciones que han soslayado –por suerte- la ausencia de amor (que creía lo más importante de la vida). Ayudar a otras personas necesitadas, ver la pobreza de los pueblos, incluso aferrarse de forma descarada en la ciencia que amas –la Geografía-; son cosas que me han enriquecido como persona, aunque no es, ni mucho menos, un camino ya recorrido. Todo lo contrario. No es que el amar a una mujer esté reñido con esto último, se trata de prioridades. A partir de ya mi prioridad es lo que acabo de decir. Ayudar a los necesitados, aprender a hacerlo, dejar de sentir temor por ello y, como de hecho estoy haciendo, dar mi vida por la Geografía, en este caso el máster, que está definido para geógrafos. De ahí que mi destino final, salga o no salga bien el máster –dependiendo de becas-, mi destino ha de ser Centroamérica y el trabajo con una ONG que me brinda la posibilidad de establecerme allí al menos medio año. Me dicen, sé, aunque no de primera mano, que el lugar a donde voy es peligroso, uno de los países del mundo con mayor índice de criminalidad y homicidios del mundo; que es una aventura total. Sé que yo, como soy ahora aquí, un nadie, en Centroamérica seré eso mismo elevado a la décima potencia –como mínimo-. Y sé que hay probabilidades, si no me cuido, de que mis días acaben por aquellos lares. No busco un desenlace prematuro ni un suicidio. Mi idea es poder estar allí mucho, mucho tiempo, años inclusive. Ver la otra cara del mundo, no por un ratito, sino estar, mascarla, convivir con ese estado permanente de grandiosidad que supone las circunstancias. Ser feliz y estar a bien en un lugar totalmente opuesto al que estoy es la antítesis de lo que soy ahora.

Y no es un camino sencillo. Aún creo que llegará alguien que me ‘salvará’ en una explosiva paradoja, pues creo que mi salvavidas es lo que estoy haciendo ahora, este sueño. Aún creo que llegará alguien; pero en el fondo sé que esto es sólo lo que dije, un impasse, Alicante, el máster. Alguien me dijo no hace mucho que en realidad yo era un inconformista. No estoy de acuerdo…o no del todo. Hay muchos tipos de inconformismo. El mío pasa por unos mínimos, y no he logrado los mínimos. No quiero pasar veinte años en casa de mi madre buscando un trabajo imposible, esperando o buscando una opción para no estar sólo. Prefiero estar sólo que con cualquier compañía que solapase unas necesidades, hoy día controladas. No sé si logro explicarme.

Yo planteo esto de una forma cruda, con palabras que suenan a frialdad, pero no es así. En mi cabeza hay demasiada frustración, muchas lágrimas ocultas de las que nadie sabe nada. Hay una enfermedad que se ha enquistado, convertida en crónica y que difícilmente tiene cura. Se llama soledad y me ha llevado a mirarme al espejo y a sentirme extraño con una mujer o en compañía. Mi estado natural es la soledad, es estar sin nadie al lado. Lo contrario sería una rara vis. Esa es mi realidad ahora mismo desde esta biblioteca, desde Alicante. “The final countdown” ha comenzado.


Amor-Odio


La mayor parte de las canciones de amor están llenas de mentiras. No todas. Yo trato de ser honesto pero por lo general se suele decir lo que ella quiere escuchar para seducirla o yo que se. Claro, que ella no siempre está por la labor de creérselas. Eso es lo chungo, claro. Pero, ¿Quién no ha mentido alguna vez, verdad?

Muchas despedidas están llenas de promesas banas, yo estoy seguro de que en alguna de ellas vosotros habéis mentido. Que sí, no pasa nada, estamos entre amigos, buen rollo. Quien no haya mentido, quien esté libre de culpa que tire la primera piedra…pero que no tire a dar. Sí, porque las despedidas tienen un protocolo que hace necesario mentir para no sentirse culpable o responsable del fracaso que supone que el amor se acabe.

¿Sabéis qué es lo peor del amor cuando se acaba? Que se acaba. Y aún así nosotros intentamos eludir la culpa y mentimos. Y seguimos mintiendo y somos capaces de ir más allá y decimos: ‘no te preocupes, joder, si yo…yo estaré bien, yo lo que quiero, lo que siempre he querido es que tú seas feliz, además, el tío con el que te vas es un tío de puta madre’. Y bueno, tú y yo sabemos que no es cierto…es un pringao…Joder macho, que no van a durar ni dos meses, y más con el carácter que tiene ella. Pero aún así decimos que es un tío que te cagas o un buen hombre que también jode lo suyo (…)

Y nos estaremos preguntando si la llevará a los mismos sitios a los que te llevaba a ti. Si se dirán las mismas mentiras. Si se enfadarán por las mismas cosas y si lo que es peor, si se reconciliarán de la misma forma. Y te devanas los sesos preguntándote qué pasará, qué ocurrirá… Pero ya está bien. Si ella se va, cultivemos el odio, declaremos la guerra porque…no sé, quizá nos sintamos mejor, aunque yo creo que no, yo creo que como todas las canciones de amor esta también está llena de mentiras. Y cuando decimos ‘si ella se va…’ lo que queremos decir es que si te vas, pues que no sea muy lejos ni por demasiado tiempo”.

Ismael Serrano

Sincerándome

He hecho todo lo que debía haber hecho. El tonteo absurdo que he llevado a cabo estos meses ha dado como resultado mi incursión en ese invento llamado whassap. ¿Quién me lo diría a mí? En fin. Las cosas que se hacen por una mujer sólo se hacen por las mujeres… y más yo, acostumbrado a hacer barbaridades por las mujeres. Si me pusiera a decir aquí todas las locuras que he hecho por lograr conquistar a una mujer, algunos alucinarían mucho, hay cosas de alto secreto que no contaría nunca públicamente en un blog, pero todas las cosas, bajo mi perspectiva han sido realmente muy bonitas y respetuosas para con la otra persona. Creo que todas las mujeres por las que he sentido cosas, aunque no me hayan correspondido, se han sentido queridas, apreciadas, se han sentido importantes en mi vida. Al menos alguna me ha dicho eso. Y desde luego que con quien he estado he logrado hacerlas sentir así, me lo han dicho ellas mismas. Eso por una parte hace que me sienta orgulloso de mi forma de querer.

Sin embargo, con este ‘tonteo’ me siento bastante tonto. No me da coba pese a que ella fue en parte la que comenzó este “partido” de tenis. Y yo hago mis buenos intentos para ser coherente, consecuente y todas esas palabras tan bonitas que nos refieren a lo fiel que somos a nosotros mismos. Acepto que ella no esté segura, acepto que yo igual estoy proyectándome en ella para salvar un poco los muebles –con todos los matices del mundo-, pero como le decía a amiga ‘Caraguapa’ el amor ha de ser sencillo. Pero nadie quiere algo sencillo. Noto que el amor da miedo. Que entregarse produce incordia. Es lo que veo. ¿Es esto amor? Yo no creo que sea amor lo que siento por esta muchacha. Dista mucho de serlo, pero me gusta y me gustaría que se atreviera a dar pasos conmigo pero… no hay manera. Estoy a punto de darme por vencido. Y cuando yo ceso en mi empeño no doy marcha atrás porque tengo orgullo y amor propio y no quiero que nada me quite lo que creo que valgo.

La verdad es que no sé por qué le mando mensajes. Me siento mal al hacerlo porque ella es totalmente indolente con lo que le digo. Cuando no lo hago y además me alejo de ella me siento más libre. Creo que la relación, sea cual sea la que tenemos, es bastante dañina para mí. Hasta el día 17 de mayo nos veremos por clases. Después lo más probable es que no nos volvamos a ver, aunque conmigo nunca se sabe. Igual le insisto de manera torpe para quedar, sintiéndome entonces como un mendigo. ¿Por qué mi corazón va por libre? Lo lógico y lo suyo es que no haga nada. Me he propuesto no mandarla ningún mensaje de motu propio a no ser que lo haga ella. Mostrarme totalmente displicente con ella y desde luego que vea que si ella no me vidilla, se lo va a perder. Hay personas a las que le resulto muy agradable como poco. Todos piensan que tenemos algo, que nos hemos besado y esas cosas, pero nada más lejos. No tenemos nada, no nos hemos besado y creo que no pasará nada. Veo más factible ser licenciado –siendo harto complejo- que acabar teniendo algo con una chica que, de entre todas las que he conocido, probablemente sea la más insustancial.

¿Qué por qué he insisto tanto? Creo que para dar pasitos para superar lo de mi última ex. Es la primera vez que hago algo productivo para superar el trauma sufrido tiempo atrás. Eso por una parte me enorgullece, pero no puedo intentar dar pasos para dar algunos hacia atrás. No compensa, la balanza no está compensada. No creo que nadie llegue a ser igual que la última mujer con la que estuve. Tampoco creo que lo supere nunca y eso que ya no tenemos ningún contacto. Da igual. Lo que me gustaría es tropezarme con alguien que me valore, que me quiera como yo la pudiera querer y que fuera todo perfectamente imperfecto.  Porque la perfección no existe, y yo amo a personas con defectos a los que amar. Es fácil halagar lo bueno, pero muy complicado apreciar todo lo malo que posee una persona. Mi mentalidad es así. Procuro ver lo bueno, a veces, alguno ya me ha dicho que exagero demasiado y que los pongo en un pedestal, los idolatro y esas cosas. Nada más lejos. Es que a quienes quiero, los quiero con defectos y todo. Sin embargo la contra no sucede tan así. Igual debería tener un poco de fe “tuerta” y pensar que lo de esta chavala saldrá bien, pero no hacerlo me puede eximir de coger más cariño del que ya tengo. Sé bien que puedo llegar a ser todo pasión que provoquen que ella se sienta muy querida. De hecho no hace falta mucho para que ella se sienta así. Digamos que no me tengo que esforzar mucho. Simplemente tengo que ser sincero.

Escuchando esta canción me imagino en mi nueva locura veraniega 2012. Esta vez el objetivo es dar el gran salto a ese añejo, vetusto y casi malogrado continente europeo. Me imagino en tren llegando a Los Alpes. Me imagino escuchando la voz de Antonio Vega mientras piso Praga con mi mochila, intentando inventar una historia similar a la de "Before de sunshine". La verdad es que es lo que más me gustaría hacer y creo que a estas alturas, cuando algo se me ha metido en la cabeza, complicado será que no lo lleve a cabo. No preciso de mucho dinero, en cualquier lugar estaré bien. Ya hace algunos años me pasé un verano durmiendo en bancos, parques y demás lugares públicos en mi periplo pseudo-absurdo por las tierras de Iberia. Incluso, si me pongo, me imagino camino a los países bálticos, haciendo el llamado "Camino de Santiago noruego". No sé lo que pasará, lo que sí sé es que quiero improvisar, quiero perderme y quiero que ese continente se me quede chiquitito. Quiero sentir que puedo estar en todos los lugares prescindiendo de lo más básico, viviendo y respirando de lo que el mundo me pueda dar, de las relaciones sociales que pueda llegar a entablar. Y... quién sabe, nunca me he cerrado puertas a quedarme en un lugar que me acoja. Ya lo hice en Asturias, lo intenté en Euskadi, en Pamplona, en Barcelona, Ceuta e incluso Marraketch. Ahora más que nunca quiero dejar en manos del destino mi futuro. Si no logro la Licenciatura, para romper con todo, si lo logro, para dar un giro. Sea como fuere, es un sueño precioso, más aún con esta canción de fondo. Y si lo hago... que lo haré, estaré haciendo, además, realidad uno de esos cuentos que inventé. ¿Acabaré perdiendo el norte en Nueva Zelanda? Sería un sueño. Mucho tendría que girar el mundo. Y eso es lo que quiero, que gire, y gire, y gire y no pare de girar...

Una experiencia que no quiero olvidar

DSCF9287Tranquilidad. Paz. Quizá excesiva serenidad. Estas son algunas de las cosas que siento en estos momentos. Por segundo fin de semana consecutivo volví a la montaña. Volví y esta vez no me llamó ningún ser humano. Me llamó el espíritu de la naturaleza para acabar lo que no había acabado justo una semana antes. Podría haberlo dejado ahí, pero algo en mi interior, algo vehemente me lo pidió… Y así fue como logré alcanzarlo. Para millones de personas lo que hice no es nada más allá de una tontería. Estoy convencido que millones y millones de personas hubiesen hecho lo que hice este fin de semana como algo normal y sin problemas. No es mi caso. Numerosas veces he estado en el hospital desde hace varios años. En la cama de ese centro he sentido que toco fondo. Que la soledad inundaría toda mi vida. Que no volvería a sentirme vivo. Sin embargo, cosas como la que hice me hace sentir orgullo. Para mí nunca nada es sencillo. Lo más sencillo como es dar un paso es sumamente complejo.

DSCF9271 Ese fin de semana no pensé. Sólo tenía entre ceja y ceja llegar a lo más alto. Unos 2.350 metros aproximadamente. El médico me lo prohibió. La cabeza no iba más allá. Dejé de lado la medicación y sólo tenía un objetivo: llegar. Durante las primeras dos horas fue sólo volver a andar lo andado una semana antes. Sin embargo al llegar al que yo particularmente llamé “El vallito” que no es más que la base del Pico, comenzó la verdadera aventura. Las siguientes cuatro horas fueron un órdago que lancé con fuerza a ver si esta vez lograba sostenerlo. Hubo momentos en los que pensé que no llegaría, o que no debía llegar. Que el destino era que no llegara. Que el universo me estaba soplando algo. Más si cabe cuando me caí. Manaba sangre con intensidad de la palma de mi mano. Me dolía muchísimo. No fue nada excepcionalmente grave. Pero para siempre quedará esa pequeña e imperceptible cicatriz que llevaré con orgullo. Volví a caerme sin consecuencias físicas. Paraba cada diez minutos en busca de oxígeno. No pensaba en absolutamente nada. Sólo iba paso a paso. Sin prisas. Si llegaba tarde, no pasaba nada. Si tenía que no volver, no volvería. Estaba dispuesto a las últimas consecuencias con tal de llegar. Cientos de personas me pasaron por la cabeza. Quedé atrapado en el primer canal lávico de lluvia de piroclastos sálicos. Pensé que no saldría de allí si no sería rodando. Sin embargo fui por el muro de enfriamiento del gigantesco canal. Pese al sol y a que sudaba, lo cierto es que sentía frío.  Soplaba un viento muy fresco que en parte ayudaba.

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Necesitaba escalar los muros laterales de enfriamiento para no sentirme atrapado en aquellos canales lávicos. No obstante, subir hasta aquella colada pese a la liberación, era harto peligroso. Cuando llevaba más de dos horas era consciente de mi inconsciencia. ¿En quién pensé? En mi última cita y su frase célebre que desnudó todo y acabó con el misterio. Ese “soy demasiado buena”, frase que implica banalidad, superficialidad y sobre todo inconveniencia, como de hecho me di cuenta de ello. Pensé, como no, en mi última mujer. La última que estuvo en mi alcoba, la última con la que compartí cama. Pensé en que ya no sentía rencor, sino frustración por saber que nunca se solucionaría todo porque… el daño fue mayúsculo. Pensé sobre todo en la felicidad de muchos: mi hermana, mi sobrino, mi familia en general, mis amigos, conocidos…en que todos podían ser feliz sin mí. Pensé en ‘Caraguapa’, en… en demasiadas personas. Acepté de buena gana que pasara lo que pasara, yo ya había vivido. Había llorado, habría gritado, había amado y depositado mi semilla amorosa, había sentido rencor, rabia, amor, había sido acariciado, había demostrado con gestos imposibles mi amor romántico, había tenido pareja, había sido un ejemplo, había sido odiado y amado. Había sido muchas cosas y pensé que estaba tranquilo. Había logrado el objetivo, aunque fuera efímero, de ser importante para alguien. En definitiva, había vivido.

¿Mi legado? El legado soy yo. Yo mismo soy mi propio legado. Ese egoísmo tan particular de ofrecer sin darlo todo… Y además me había centrado en conseguir ser Licenciado, el último objetivo. Así seguía ascendiendo. Miraba al cielo, alrededor de mí se me mostraba un paisaje único, irrepetible, que probablemente no volvería a ver en muchísimo tiempo. En numerosas ocasiones tuve que escalar por roca viva. No había camino, era sencillamente escalada pura hasta los pinachos que florecían. El tiempo se paró. Media hora parecía un día. Una hora, toda una vida, las cuatro horas hasta el final, algo intangible.

DSCF9290 Cuando después de más de tres horas logré vislumbrar el cráter en herradura de mi objetivo, no estuve satisfecho. No me conformaba con verlo, quería llegar hasta el mismo centro, lo alto del cráter y poder sentirme Dios, pudiendo observar absolutamente todo a mi alrededor. Que por encima de mí sólo estuviera el Teide, y el Sol. Los últimos metros fueron quizás los más sufridos. No sabía si llegaría, tampoco sabía ni como llegar. Tuve que coger el flanco derecho más escorado, donde apenas un resbalón podría provocar una caída fatídica. Nadie sabía dónde estaba, no tenía comunicación. Volvía a mis orígenes, esto es: la montaña y yo. Sin más.

Pensé en las ganas que tenía de recobrar la amistad perdida de aquel chico increíble, de los mejores que he conocido. Pensé en tantas personas… que escribirlo ahora sería un ejercicio de futilidad. En mi cabeza, hueca de dolor, convertida en ánima inconsciente, sólo perseguía llegar a lo más alto y poder retozar con la roca viva. La zozobra por el final de este ciclo interminable, la posibilidad de no acabar la carrera, las posibilidades todas quedaban minimizadas por el dolor que sentía mi cuerpo, a cambio de la limpieza de un alma que necesitaba saber de nuevo qué era sufrir físicamente por cuestiones para mí nada baladíes.

Y sonó “Maggot brain” de Funkadelic. Canción de casi diez minutos de duración. Dejé la mochila aparcada. Lo que tuviera que pasar ya sólo era entre lo alto de la montaña y mis fuerzas vivas. Sin más. Un mp3 con “Maggot Brain”, la cámara, bolígrafo, papel y nada más. ¿Perder la mochila? Un mal menor. Sentí vértigo. Estuve en dos ocasiones a punto de caer por aquella caída infinita llena de piedras afiladas como cuchillos. El corazón se me aceleró. Esta vez no apareció la taquicardia. Con cada paso iba aprendiendo algo más. No sabía qué, pero era consciente de que la montaña tenía algo que me susurraba desde dentro. Que yo estaba hecho para estar allí, en ese momento, para aquello. Desde los trece años me inventé a mi mismo de esa forma. Una manera para que mis psicopatías no llegaran a provocar asesinatos de almas y cuerpos. Antropológicamente tendría su explicación. Era un ser primitivo. Sin más.

DSCF9305 Sonó unas cinco veces más “Maggot brain”. Me metí por una especie de canal minúsculo labrado sobre colada masiva que llevaba a un precipicio. Escalé por encima, y subiendo hasta el último paso, logré llegar: 2.363 metros de altitud. Cuando estuve en el mismo centro de la gruesa arista del cráter grité…grité muchísimo. Me dejé literalmente la voz allá arriba. Luego me mareé… me recosté y cerré los ojos. Minutos más tarde me puse en pie y comencé a fotografiar cada detalle que pudiera. El cansancio, la deshidratación, unido a la altura y la falta de alimentos hacían de mí un pequeño fantasma lleno de ilusión, un pelele, una marioneta a merced de la naturaleza.

Al pensar en la bajada me daba miedo. No sabría si tendría las suficientes fuerzas. Había tardado cuatro horas y trece minutos en hollar la cima. Tenía vértigo, miedo. Había pasado por demasiadas cosas durante la subida y esas mismas circunstancias debía pasarlas durante la bajada…y sin un camino claro. A lo lejos se vislumbraban nubes. Sin referencias claras del lugar donde se ubicara la base, sería relativamente sencillo perderme y no llegar hasta mi destino. Estuve cuarenta y cinco minutos arriba, en lo más alto. Quería estar más tiempo, pero comenzaba a tener más frío y la congoja me paralizaba.

Alcancé el décimo lugar más alto de esta isla. El Teide, el Pico Viejo, Montaña Blanca, Guajara, Topo de la Grieta, Pasajirón…Pico Cabras. Allá arriba todo lo que sucedía a diario aquí abajo parecía algo absurdo. Cualquier situación, por extrema que fuera era insignificante. Lo importante, lo realmente crucial era tener salud, piernas, y tener algo que te haga recordarte a ti tal como eres. Allá arriba volví a sentirme orgulloso. No había dejado de sentirme así, simplemente me había olvidado…

Como olvidé lo vivido. Olvidé las historias que hicieron de mí un hombre-niño ilusionado. El amor, la pasión, la vehemencia, el volverme loco positivamente. Hace unos días soñé que dentro de no mucho mis labios volvían a besar otros labios. Recordé a las dos mujeres con las que he estado de verdad, igual todos los desencuentros.DSCF9307 Ser como soy es complicado, todos lo critican, nadie lo entiende pero yo sé que ha merecido la pena. En lo que a las mujeres se refiere, la cabeza la mantengo alta, algo que quiero y deseo no olvidar, aunque sé que será complicado que lo mantenga presente. Los actos “heroicos” vinculados a la montaña deberían estar más presentes, pero entonces, ¿cómo valoraría lo hecho? Me va la aventura, no cualquier cosa, y si tengo que elegir, repetiría todas y cada una de las cosas hechas en ese sentido. Los asuntos familiares nunca jamás me han ido mejor que ahora. Me enorgullezco de mi hermana, de mi sobrino, puedo decir que amo a mi madre y quiero intentar que se sientan ellos también, muy orgullosos de mí. Y mi carrera… esa amante-esposa secreta. Da igual lo que pase. Me sienta como sienta, logre o no sacarlo dentro menos de dos meses…esa es otra historia. No va más. Estoy en el deber, en el derecho, estoy preparado para este momento, y si en junio logro ser licenciado sólo sé que lloraré, me emocionaré y que ese día… será igual a los grandes días de mi vida en que he sido feliz: estaré solo. No habrá un beso de amor de una mujer, no habrá una celebración multitudinaria de amigos y familia. Será un día normal al igual que para millones de personas que ese día también obtendrán un título. Pero para mí…para mí no será un día más. Será especial.

DSCF93292 Y mientras volvía, pensaba, leía el cielo, si hubo una canción que me acompañó en la bajada, en todos mis pensamientos, en todo lo bueno que tengo que decir, en la tranquilidad de todo ello, aquella sólo tenía una cosa que decirme: “Vente”.

SUBIDA – TIEMPOS

Salida en el Barranco de la Arena: 7.48

Canal de Vergara: 8.12

Comunidad Las Nieves: 8.23

Pista Forestal: 9.10

Collado-Puerto. Primera vista Pico Cabras: 9.23

--descanso de 15 minutos—

El ‘Vallito’ – Base Pico Cabras: 10.00

Cedro en el canal lávico: 12.15

Primera vista del cráter: 12.38

Llegada. Hollado Pico Cabras: 13.01.

BAJADA – TIEMPOS

Salida en Pico Cabras: 13.45

Vista última del cráter: 14.01

Cedro en el canal lávico: 14.08

--descanso para comer—

El ‘Vallito’ – Base Pico Cabras: 15.15

Collado-Puerto. Última vista Pico Cabras: 15.30

Pista forestal: 15.44

Comunidad Las Nieves: 16.30

Vergara: 16.30

Llegada a Barranco de la Arena: 16.47

Meciendo sentimientos


Cuando pasan tantas cosas es complicado explicar con palabras lo que estás deseando que todos sepan y no sabes cómo dibujarlo, expresarlo. Es la cosa más normal y sencilla del mundo. Es algo que no debería ni debe costar. Aparece y desaparece. Eres tú y en verdad no eres nadie. Lo único que sé es que ya he sentido esto antes. Sé lo que es. Sé cuáles son los pasos previos, y sé en lo que va a desembocar. Lo se perfectamente. Igualmente sé que puede que la caída sea desastrosa y me lleve a los avernos más profundos. Hace unas semanas decidí que ya no volvería a perdonar, nunca jamás, lo que la última mujer me había hecho en mi vida. Todo lo que provocó, todo lo que sufrí por una persona que jamás me demostró un pesar por haberme hecho sentir tan pésimamente. Decidí dejar de ser esclavo de su recuerdo porque sencillamente nunca jamás va a existir un reencuentro y mucho menos una explicación en la que ella no salga ganando y yo perdiendo. Y como no me gusta sentirme perdedor sempiternamente, me dije: “sabes perfectamente el camino, ahí está la puerta, ciérrala”. Y eso hice. Me plantee darle vida a base de palabras y que fuera algo eterno. Pero me pareció ensalzar algo que ya había sido enfermedad. Cerré la puerta.


Pero pronto, muy pronto me di cuenta de que había demasiado espacio. Demasiado aire que respirar. Y pasaron cosas imperceptibles. Habló el destino. Me mostró regalos, recuerdos, aparecía y desaparecía. Tan sólo tenía que interpretar lo que ponía delante de mí. No es fácil hacerlo. Vaya que no lo es. Quizá no lo estoy haciendo bien. No lo sé. Lo que sí sé es que ayer fue un día emocionante. La Laguna se secó. El viento dejó de golpear para convertirse en brisa. Lo cierto es que vi el sol en plena noche. Había desaparecido todo el mundo. No había nadie. En una mecedora estaba. Y las palabras fueron mecidas como una melodía inaudita, inverosímil. Nada nuevo bajo el sol de media noche. Como si cada nocturnidad fuera consumida por la luz del día. La diferencia estribaba en la capacidad de interpretar al destino, hablar el mismo idioma, ponerse de que sí. De fondo, Cranberries, aunque las últimas horas volvía a sonar con fuerza la sonrisa que provocaba pérdidas que tan bien siempre ha tocado Rulo. Mi chaqueta dejó de ser mía. Por primera vez la vi con su verdadero dueño.

¿Qué es lo que pasó? No lo sé. Sinceramente, lo digo de verdad. No sé que pasó. Como diría una canción “Fue como hechizo lo que pasó”. Lo peor es la dura realidad. Que hoy, acostumbrado a la ventiscas, tras la calma nocturna y haberme podido guarecer, la fría realidad ha atizado con fiereza. Acostumbrado, lo único que pensé en que la noche había sido excelsa pero pésima. Imágenes que no se me van de la cabeza. Sueño guardado que no logra desvanecerse. Ganas de cerrar los ojos, revivir y revertir situaciones. Sencillamente fue un sueño del que desperté resacado esta mañana.

Tengo ganas de llorar, de escuchar una guitarra amiga. De ver ojos, de sentir ternura, bondad y maldad, facilidad y dificultad, sentimientos ambivalentes que maten el palimpsesto acumulado.

Como digo, nada nuevo. Una niebla espesa. Ojos cerrados. Pelos de punta. A flor de piel. El romanticismo que despierta y que se despereza para olvidar al indomable hombre yerto que había pintado la fachada.

Supongo, sencillamente que ayer fui un poco más feliz. Extraña sensación ésa, igual que otras a las que no estoy acostumbrado. Ojala supiera adivinar lo que mi cerebro intenta transmitir.

Quiero que me quieran como yo creo que merezco. Y quiero poder tener la posibilidad de dar mi amor, mi cariño, mi devoción a esa persona que logre en mí ser un hombre absolutamente completo.

Desde los siete años


Siete años. Vivía en una continua telenovela en mi cabeza. Vivía en un país diferente. En mi cabeza imaginaba que de mayor sería un hombre feliz, orgulloso, querido, apoyado, con compañía. Soñaba sobre todo con una mujer que me quisiera. Llegar a casa por la tarde después de una mañana de trabajo. Reíamos, pasábamos bonanza en todos los aspectos. Todo era todo lo perfecto que podía ser por una sola razón: nos amábamos. El decorado de la novela era tan ideal, que ningún actor sobraba. Ya con siete años soñaba con un futuro así. Aún con todo, había tenido problemas. Había luchado por conseguir tener al lado a la mujer de mi vida. Porque mi propia existencia tenía un solo sentido: amar y sentirme amado.

Y si hubo una melodía que acompañó esos sueños durante años y años fue esta canción. Es algo más. Es una de esas que… bien podría estar en mi epitafio. Es una pasión, es una incomprensión. Es una paradoja. Es algo que a estas alturas me cuesta explicar mucho. ¿Por qué te amo tanto aún? ¿Por qué a pesar de todo lo sucedido sigo sintiendo esto? Podrán pasar mujeres delante de mí, podrá haber encuentros y amoríos, pero nunca olvidaré lo mucho que la he amado. Lo mucho que hemos soñado. Tantas y tantas cosas… Mis siete años se confunden con los 28 de antaño. Y…

Y esta canción lleva sonando sin querer algo más de una semana sin haberla escuchado siquiera. Pero tiene un significado rabioso para mí. Una pregunta tan obtusa y al mismo tiempo tan sencilla. ¿Por qué te amo tanto aún? Y aún no he encontrado respuesta. 


Un poema y una canción "indirectas"

No me sueltes (Pedro Salinas)

Muchas veces me has dicho: "No me sueltes."
Yo nunca te lo digo
Pero lo estoy pensando: y tú lo oyes.
Y desde que una tarde nos perdimos
Junto a un arroyo, porque tú querías
Ser tú, sola, y yo solo,
No nos soltamos nunca de la mano.

No te me sueltes nunca en estos cuentos,
del podrá, del podría, del pudiera
ser tan maravillosos
que cuando yo termino de decírtelos,
nos duele la mirada
de tanto querer verlos en el aire.
Cuando hablo de imposibles
Apriétame la mano más que nunca.
Nada más triste que soltarse
Como niños de cuento, en cualquier bosque
Cuando se estaba al borde de las hadas
para buscar aparte ese tesoro
que sólo a una pareja se revela.
No hay un amor ni un cuento
que no tengan buen fin. Y si parece
que acaban mal es porque no sabemos
contar, amar hasta el final dichoso.
Para unas manos juntas que buscan, todo es víspera.

No te me sueltes en las calles céntricas.
Recuerda aquella tarde, estando a orillas
de un gran río metálico de ruedas,
desatado hacia el mar de los quehaceres,
en que por desprenderte
de mí te viste sola en un islote
de desolado asfalto,
cogida entre las ondas incesantes
de automóviles raudos. Hasta que otro
Neptuno manejando una luz verde
paró el torrente y yo volví a encontrar
tu mano y te arrastré hacia nuestra tierra.
Desde entonces andamos
por las grandes ciudades tan unidos
que las gentes al vernos
se miran con tristeza,
sus manos sueltas y se paran un momento
para llorar junto a un escaparate
donde nadie les vea,
más que los maniquíes confidentes,
el error de estar enamorados.

No te sueltes tampoco
donde tanto te gusta, en las praderas:
allí el viento te tienta
a ser otra vez viento y escaparte
para volver después de dar la vuelta
a cinco o seis montañas. Tengo miedo.
Yo sé que muchas brisas,
jóvenes como tú, como tú tiernas,
seguras de sí mismas,
dijeron que iban a jugar un rato
con una hojas verdes: y no han vuelto.
Nunca más se ha sabido de su suerte
sino esta soledad y esta quietud
que detrás se dijeron, por soltarse.
Los mitos, en el campo, siempre acechan.

Yo nunca estoy seguro
de lo que tu apariencia me insinúa:
que eres simple mortal, de pura carne.
Cuando libras tu cuerpo de las sedas
un recuerdo de ninfa o diosa altiva
convierte nuestro abrazo en una fábula.
Y así, en el campo, un día,
si te suelto la mano, volver puedes
a tu mito y dejarme a mí llorando
al pie de un arbol:
soñando brazos y mirando ramas
en que a pesar de todos los inviernos
el recuerdo certero reconoce
un latido de sangre que me amaba.

No te me escapes nunca en los salones
adonde sueles ir algunas noches
vestida de unos rasos antiguos
que llenan todo el ámbito de músicas
y hacen llorar a espejos y bujías.
No te sueltes
cuando se inclinen sobre ti y te inviten
a aceptar el regalo de las fábricas
repiten por millares.
Piensa en la gran dulzura destilada
por un alma tan sólo para otra.
Y sin mover la mano
para poner azúcar en el té,
di: "Yo no tomo azúcar", sonriendo.
Porque aunque estés sin mí por esas fiestas
el cálido recuerdo de una mano
está siempre estrechandote a lo lejos;
y soltarlo porque es una pura memoria,
es más traición que abandonar un tacto.
También así se pierden o se salvan
cosas muy parecidas a la vida.

Y sobre todo no te sueltes nunca
cuando estemos durmiendo, sobre un lecho.
Comprendo bien por qué se alza tu brazo
trémulo, palpitante, vertical,
en el aire, a las tres de la mañana,
del fono de tu sueño.
Las camas son imensas, por lo blancas.
Y nadie sabe su extensión sin límite
más que el que tiene miedo
a que ya no le quieran, por la noche.
Las camas tienen níveas vertientes
-sólo parecen sábanas de hilo-
por donde los trineos del capricho
nos roban las promesas más seguras.
En su impoluto campo,
es siempre primavera
para toda semilla de futuro.
Y como un sueño pasa
de un ser a otro por los brazos,
abrazándose como el amor,
y desemboca allí en las palmas de las manos,
si tú te sueltas de la mano mía
perderás lo mejor que hemos ganado:
el don de soñar juntos, hechos cántico.
Y yo no quiero, no, perderte nunca
sobre esa casta anchura suavísima
donde el amor entero se nos cumple,
sin más tacto
que aquel en una mano
entregada a otra mano,
aunque estemos dormidos,
hacer sentir las sangres de dos seres
como una sola sangre:
la que da vida al corazón de un sueño.

Por eso te pido que vayamos
por este mundo con las manos juntas.