Mini-Revolución de Marzo y algo de erotismo
Yo no pido la luna...
A veces lo parece, a veces
cuesta. La luna queda muy lejos, inalcanzable para todos. Sólo la podemos
observar. A veces se oculta y ni tan siquiera la podemos ver, pero
periódicamente está ahí y muchos, ya os digo yo que son muchos, los que
quisiera llegar hasta la luna y ver toda la inmensidad del sistema solar. Esto es
perfectamente extrapolable a la vida cotidiana. Tener un trabajo, llevar una
vida con ánimo, levantarte con ánimos, enamorarte, hacer el amor con la mujer
que deseas, ser una persona que lucha a diario…todo ello parece que es como
pedir una luna. Y yo pienso ahora mismo, en este preciso momento eso, que “yo
no te pido la luna”. ¿Cuántas veces lo hemos pensado? ¿Cuántas lunas hemos
logrado alcanzar a lo largo de nuestras vidas? Yo confieso que sí, he logrado
alcanzar muchas veces la luna. Soy un privilegiado, he logrado trabajar en algo
que me gustaba, he logrado vivir con ánimo, he logrado levantarme mordiendo a
la vida, me he enamorado locamente, he hecho el amor estando muy enamorado. Y
en su momento logré algo incluso más complicado que es valorarlo y ser
consciente de que estaba en la luna, estaba con los pies muy lejos del suelo
firme. Ahora pregunto más allá, cuando hemos estado en la luna, ¿Cuántos
llegasteis a ser consciente de ello? Ahora mismo me encuentro en un viaje,
apenas estoy en la troposfera pero no quiero volver a pisar tierra firme, pido
poder volver a llegar a la luna. Seré consciente cuando esté allí de que en
verdad estoy en la luna, pero además sé que esa luna que me espera estará todos
los sueños que anhelo, sólo he de explorarla. Hablemos claro. Yo no pido la luna,
pido lo que es justo, pido lo que vitalmente me concierne. Me lo pido a mi
mismo y por eso cada semana, cuando se acaba un domingo después de tanto
trabajo, y comienza ininterrumpidamente un lunes, otra semana, intento
mantenerme indemne e inocuo a todas las enfermedades del pesimismo, del
derrotismo. Este lunes yo quiero tener ánimos, soñar con un futuro cercano
mejor y sentirme despegando hacia esa luna que ya conozco y quiero volver…para
quedarme. Yo no pido la luna, sólo quiero parecerme, sólo parecerme al que hace
no mucho tiempo dibujé. Veremos en unos meses si en verdad pedía imposibles o
si era alcanzable.A otra cosa
Amor-Odio
Sincerándome
Escuchando esta canción me imagino en mi nueva locura veraniega 2012. Esta vez el objetivo es dar el gran salto a ese añejo, vetusto y casi malogrado continente europeo. Me imagino en tren llegando a Los Alpes. Me imagino escuchando la voz de Antonio Vega mientras piso Praga con mi mochila, intentando inventar una historia similar a la de "Before de sunshine". La verdad es que es lo que más me gustaría hacer y creo que a estas alturas, cuando algo se me ha metido en la cabeza, complicado será que no lo lleve a cabo. No preciso de mucho dinero, en cualquier lugar estaré bien. Ya hace algunos años me pasé un verano durmiendo en bancos, parques y demás lugares públicos en mi periplo pseudo-absurdo por las tierras de Iberia. Incluso, si me pongo, me imagino camino a los países bálticos, haciendo el llamado "Camino de Santiago noruego". No sé lo que pasará, lo que sí sé es que quiero improvisar, quiero perderme y quiero que ese continente se me quede chiquitito. Quiero sentir que puedo estar en todos los lugares prescindiendo de lo más básico, viviendo y respirando de lo que el mundo me pueda dar, de las relaciones sociales que pueda llegar a entablar. Y... quién sabe, nunca me he cerrado puertas a quedarme en un lugar que me acoja. Ya lo hice en Asturias, lo intenté en Euskadi, en Pamplona, en Barcelona, Ceuta e incluso Marraketch. Ahora más que nunca quiero dejar en manos del destino mi futuro. Si no logro la Licenciatura, para romper con todo, si lo logro, para dar un giro. Sea como fuere, es un sueño precioso, más aún con esta canción de fondo. Y si lo hago... que lo haré, estaré haciendo, además, realidad uno de esos cuentos que inventé. ¿Acabaré perdiendo el norte en Nueva Zelanda? Sería un sueño. Mucho tendría que girar el mundo. Y eso es lo que quiero, que gire, y gire, y gire y no pare de girar...
Una experiencia que no quiero olvidar
Tranquilidad. Paz. Quizá excesiva serenidad. Estas son algunas de las cosas que siento en estos momentos. Por segundo fin de semana consecutivo volví a la montaña. Volví y esta vez no me llamó ningún ser humano. Me llamó el espíritu de la naturaleza para acabar lo que no había acabado justo una semana antes. Podría haberlo dejado ahí, pero algo en mi interior, algo vehemente me lo pidió… Y así fue como logré alcanzarlo. Para millones de personas lo que hice no es nada más allá de una tontería. Estoy convencido que millones y millones de personas hubiesen hecho lo que hice este fin de semana como algo normal y sin problemas. No es mi caso. Numerosas veces he estado en el hospital desde hace varios años. En la cama de ese centro he sentido que toco fondo. Que la soledad inundaría toda mi vida. Que no volvería a sentirme vivo. Sin embargo, cosas como la que hice me hace sentir orgullo. Para mí nunca nada es sencillo. Lo más sencillo como es dar un paso es sumamente complejo.
Ese fin de semana no pensé. Sólo tenía entre ceja y ceja llegar a lo más alto. Unos 2.350 metros aproximadamente. El médico me lo prohibió. La cabeza no iba más allá. Dejé de lado la medicación y sólo tenía un objetivo: llegar. Durante las primeras dos horas fue sólo volver a andar lo andado una semana antes. Sin embargo al llegar al que yo particularmente llamé “El vallito” que no es más que la base del Pico, comenzó la verdadera aventura. Las siguientes cuatro horas fueron un órdago que lancé con fuerza a ver si esta vez lograba sostenerlo. Hubo momentos en los que pensé que no llegaría, o que no debía llegar. Que el destino era que no llegara. Que el universo me estaba soplando algo. Más si cabe cuando me caí. Manaba sangre con intensidad de la palma de mi mano. Me dolía muchísimo. No fue nada excepcionalmente grave. Pero para siempre quedará esa pequeña e imperceptible cicatriz que llevaré con orgullo. Volví a caerme sin consecuencias físicas. Paraba cada diez minutos en busca de oxígeno. No pensaba en absolutamente nada. Sólo iba paso a paso. Sin prisas. Si llegaba tarde, no pasaba nada. Si tenía que no volver, no volvería. Estaba dispuesto a las últimas consecuencias con tal de llegar. Cientos de personas me pasaron por la cabeza. Quedé atrapado en el primer canal lávico de lluvia de piroclastos sálicos. Pensé que no saldría de allí si no sería rodando. Sin embargo fui por el muro de enfriamiento del gigantesco canal. Pese al sol y a que sudaba, lo cierto es que sentía frío. Soplaba un viento muy fresco que en parte ayudaba.
Necesitaba escalar los muros laterales de enfriamiento para no sentirme atrapado en aquellos canales lávicos. No obstante, subir hasta aquella colada pese a la liberación, era harto peligroso. Cuando llevaba más de dos horas era consciente de mi inconsciencia. ¿En quién pensé? En mi última cita y su frase célebre que desnudó todo y acabó con el misterio. Ese “soy demasiado buena”, frase que implica banalidad, superficialidad y sobre todo inconveniencia, como de hecho me di cuenta de ello. Pensé, como no, en mi última mujer. La última que estuvo en mi alcoba, la última con la que compartí cama. Pensé en que ya no sentía rencor, sino frustración por saber que nunca se solucionaría todo porque… el daño fue mayúsculo. Pensé sobre todo en la felicidad de muchos: mi hermana, mi sobrino, mi familia en general, mis amigos, conocidos…en que todos podían ser feliz sin mí. Pensé en ‘Caraguapa’, en… en demasiadas personas. Acepté de buena gana que pasara lo que pasara, yo ya había vivido. Había llorado, habría gritado, había amado y depositado mi semilla amorosa, había sentido rencor, rabia, amor, había sido acariciado, había demostrado con gestos imposibles mi amor romántico, había tenido pareja, había sido un ejemplo, había sido odiado y amado. Había sido muchas cosas y pensé que estaba tranquilo. Había logrado el objetivo, aunque fuera efímero, de ser importante para alguien. En definitiva, había vivido.
¿Mi legado? El legado soy yo. Yo mismo soy mi propio legado. Ese egoísmo tan particular de ofrecer sin darlo todo… Y además me había centrado en conseguir ser Licenciado, el último objetivo. Así seguía ascendiendo. Miraba al cielo, alrededor de mí se me mostraba un paisaje único, irrepetible, que probablemente no volvería a ver en muchísimo tiempo. En numerosas ocasiones tuve que escalar por roca viva. No había camino, era sencillamente escalada pura hasta los pinachos que florecían. El tiempo se paró. Media hora parecía un día. Una hora, toda una vida, las cuatro horas hasta el final, algo intangible.
Cuando después de más de tres horas logré vislumbrar el cráter en herradura de mi objetivo, no estuve satisfecho. No me conformaba con verlo, quería llegar hasta el mismo centro, lo alto del cráter y poder sentirme Dios, pudiendo observar absolutamente todo a mi alrededor. Que por encima de mí sólo estuviera el Teide, y el Sol. Los últimos metros fueron quizás los más sufridos. No sabía si llegaría, tampoco sabía ni como llegar. Tuve que coger el flanco derecho más escorado, donde apenas un resbalón podría provocar una caída fatídica. Nadie sabía dónde estaba, no tenía comunicación. Volvía a mis orígenes, esto es: la montaña y yo. Sin más.
Pensé en las ganas que tenía de recobrar la amistad perdida de aquel chico increíble, de los mejores que he conocido. Pensé en tantas personas… que escribirlo ahora sería un ejercicio de futilidad. En mi cabeza, hueca de dolor, convertida en ánima inconsciente, sólo perseguía llegar a lo más alto y poder retozar con la roca viva. La zozobra por el final de este ciclo interminable, la posibilidad de no acabar la carrera, las posibilidades todas quedaban minimizadas por el dolor que sentía mi cuerpo, a cambio de la limpieza de un alma que necesitaba saber de nuevo qué era sufrir físicamente por cuestiones para mí nada baladíes.
Y sonó “Maggot brain” de Funkadelic. Canción de casi diez minutos de duración. Dejé la mochila aparcada. Lo que tuviera que pasar ya sólo era entre lo alto de la montaña y mis fuerzas vivas. Sin más. Un mp3 con “Maggot Brain”, la cámara, bolígrafo, papel y nada más. ¿Perder la mochila? Un mal menor. Sentí vértigo. Estuve en dos ocasiones a punto de caer por aquella caída infinita llena de piedras afiladas como cuchillos. El corazón se me aceleró. Esta vez no apareció la taquicardia. Con cada paso iba aprendiendo algo más. No sabía qué, pero era consciente de que la montaña tenía algo que me susurraba desde dentro. Que yo estaba hecho para estar allí, en ese momento, para aquello. Desde los trece años me inventé a mi mismo de esa forma. Una manera para que mis psicopatías no llegaran a provocar asesinatos de almas y cuerpos. Antropológicamente tendría su explicación. Era un ser primitivo. Sin más.
Sonó unas cinco veces más “Maggot brain”. Me metí por una especie de canal minúsculo labrado sobre colada masiva que llevaba a un precipicio. Escalé por encima, y subiendo hasta el último paso, logré llegar: 2.363 metros de altitud. Cuando estuve en el mismo centro de la gruesa arista del cráter grité…grité muchísimo. Me dejé literalmente la voz allá arriba. Luego me mareé… me recosté y cerré los ojos. Minutos más tarde me puse en pie y comencé a fotografiar cada detalle que pudiera. El cansancio, la deshidratación, unido a la altura y la falta de alimentos hacían de mí un pequeño fantasma lleno de ilusión, un pelele, una marioneta a merced de la naturaleza.
Al pensar en la bajada me daba miedo. No sabría si tendría las suficientes fuerzas. Había tardado cuatro horas y trece minutos en hollar la cima. Tenía vértigo, miedo. Había pasado por demasiadas cosas durante la subida y esas mismas circunstancias debía pasarlas durante la bajada…y sin un camino claro. A lo lejos se vislumbraban nubes. Sin referencias claras del lugar donde se ubicara la base, sería relativamente sencillo perderme y no llegar hasta mi destino. Estuve cuarenta y cinco minutos arriba, en lo más alto. Quería estar más tiempo, pero comenzaba a tener más frío y la congoja me paralizaba.
Alcancé el décimo lugar más alto de esta isla. El Teide, el Pico Viejo, Montaña Blanca, Guajara, Topo de la Grieta, Pasajirón…Pico Cabras. Allá arriba todo lo que sucedía a diario aquí abajo parecía algo absurdo. Cualquier situación, por extrema que fuera era insignificante. Lo importante, lo realmente crucial era tener salud, piernas, y tener algo que te haga recordarte a ti tal como eres. Allá arriba volví a sentirme orgulloso. No había dejado de sentirme así, simplemente me había olvidado…
Como olvidé lo vivido. Olvidé las historias que hicieron de mí un hombre-niño ilusionado. El amor, la pasión, la vehemencia, el volverme loco positivamente. Hace unos días soñé que dentro de no mucho mis labios volvían a besar otros labios. Recordé a las dos mujeres con las que he estado de verdad, igual todos los desencuentros. Ser como soy es complicado, todos lo critican, nadie lo entiende pero yo sé que ha merecido la pena. En lo que a las mujeres se refiere, la cabeza la mantengo alta, algo que quiero y deseo no olvidar, aunque sé que será complicado que lo mantenga presente. Los actos “heroicos” vinculados a la montaña deberían estar más presentes, pero entonces, ¿cómo valoraría lo hecho? Me va la aventura, no cualquier cosa, y si tengo que elegir, repetiría todas y cada una de las cosas hechas en ese sentido. Los asuntos familiares nunca jamás me han ido mejor que ahora. Me enorgullezco de mi hermana, de mi sobrino, puedo decir que amo a mi madre y quiero intentar que se sientan ellos también, muy orgullosos de mí. Y mi carrera… esa amante-esposa secreta. Da igual lo que pase. Me sienta como sienta, logre o no sacarlo dentro menos de dos meses…esa es otra historia. No va más. Estoy en el deber, en el derecho, estoy preparado para este momento, y si en junio logro ser licenciado sólo sé que lloraré, me emocionaré y que ese día… será igual a los grandes días de mi vida en que he sido feliz: estaré solo. No habrá un beso de amor de una mujer, no habrá una celebración multitudinaria de amigos y familia. Será un día normal al igual que para millones de personas que ese día también obtendrán un título. Pero para mí…para mí no será un día más. Será especial.
Y mientras volvía, pensaba, leía el cielo, si hubo una canción que me acompañó en la bajada, en todos mis pensamientos, en todo lo bueno que tengo que decir, en la tranquilidad de todo ello, aquella sólo tenía una cosa que decirme: “Vente”.
SUBIDA – TIEMPOS
Salida en el Barranco de la Arena: 7.48
Canal de Vergara: 8.12
Comunidad Las Nieves: 8.23
Pista Forestal: 9.10
Collado-Puerto. Primera vista Pico Cabras: 9.23
--descanso de 15 minutos—
El ‘Vallito’ – Base Pico Cabras: 10.00
Cedro en el canal lávico: 12.15
Primera vista del cráter: 12.38
Llegada. Hollado Pico Cabras: 13.01.
BAJADA – TIEMPOS
Salida en Pico Cabras: 13.45
Vista última del cráter: 14.01
Cedro en el canal lávico: 14.08
--descanso para comer—
El ‘Vallito’ – Base Pico Cabras: 15.15
Collado-Puerto. Última vista Pico Cabras: 15.30
Pista forestal: 15.44
Comunidad Las Nieves: 16.30
Vergara: 16.30
Llegada a Barranco de la Arena: 16.47
Meciendo sentimientos
Pero pronto, muy pronto me di cuenta de que había demasiado espacio. Demasiado aire que respirar. Y pasaron cosas imperceptibles. Habló el destino. Me mostró regalos, recuerdos, aparecía y desaparecía. Tan sólo tenía que interpretar lo que ponía delante de mí. No es fácil hacerlo. Vaya que no lo es. Quizá no lo estoy haciendo bien. No lo sé. Lo que sí sé es que ayer fue un día emocionante.
