Rebanándome los sesos para tratar de encontrar un camino,
cualquier camino que suponga salvar la vida a un grupo de niños que merecen
conocer algo más que un orfanato. En esa lucha intento salvar esas vidas,
salvándome. Y no me perdonaré nunca si no soy capaz de ponerle nombre a esas
vidas y lograr con una sonrisa de satisfacción, y ni una sola palabra, que
ellos vivan esa vida que yo hubiera querido para mí a esa edad. No encuentro
ese camino que haga que ellos tenga un porvenir. Mi futuro está ligado
íntimamente a esas caras, a esos nombres, a esos pasos. Me frustra muchísimo no
poder encontrar ese camino que les conduzca a algo simple. Porque ya la vida es
demasiado complicada para que ellos tengan que encontrar ese camino. Yo quiero
ser sendero que ilumine esa ilusión. Me frustra mucho no serlo, pero anhelo, y
mendigo si hace falta ese camino que les pueda hacer encontrar el futuro. Mi
futuro es el de ellos y por eso desespero al no poder vincular indeleblemente
su vida a la mía. Porque ya la mía no tiene más sentido que no sea, a solas o
con ellos. El resto, es secundario. Si no lo logro, habré fracasado. Así de
simple, así de cruel. Y son malos tiempos para la lírica y la literatura. ¿Cómo
encontrar el camino si uno está tan perdido? Pido ayuda sana que salve unas
cinco o diez vidas de vivirlas de formas herméticas, cerradas y anónimamente.
Socorro.
“Hay muchos voluntarios que nunca conocí sino sólo por lo
que han hablado de ellos, a los que he agarrado cariño sólo por lo que
hicieron, no por lo que vivieron conmigo. Pero también adoro a todos esos
voluntarios con los que viví sin lugar a dudas la mejor etapa en CG. Nunca los
olvidaré y no los olvido. Estos últimos no los olvido porque son sobre todo y
ante todo, amigos. Me voy dando cuenta de que todo cambia, muta, que pasan las
personas y yo permanezco y cambio también. Esta experiencia te hace ser de una
manera que te atrapa, te enloquece, hace que, si te llega muy adentro, sea
difícil imaginar otro lugar como este. Es difícil o casi imposible imaginar mi
vida sin poder ver siquiera a la Shirly, a Gladys, a Miriam, a Christian, a
Eric y Félix (imposible imaginarlos en otro lugar que no sea en la casa de
varón pequeño). Sí, se van yendo las personas y yo algún día también tendré que
marcharme y entonces creo que entraré en la etapa más compleja y difícil de mi
vida, que será la de tener inoculada la enfermedad de los niños que amas tanto
como para querer llevártelos hasta el último lugar del mundo para que vivan
cosas que crees que ellos merecen vivir. Y me parece que aunque lo tengo, el
dinero poseído es insuficiente para poder darles todo lo que merecen ellos y
todo lo que quisiera. Para con mis amigos voluntarios, sólo puedo decirles que
les admiro y lo haré hasta el último hálito de aliento. Que en mí siempre habrá
y tendrán un aliado, un amigo, y un ser humano para siempre que quieran. A los
niños a veces ya me siento incapaz para demostrarles lo mucho que me tienen
ganado, es casi una locura llegar al nivel de amor sano y sacrificado que les
tengo. No existen palabras suficientes, sólo me atrevo a decir que esta vida es
historia cada día porque ellos aún hoy te hacen reír y te quieren hacer sentir
importante. Si me preguntan por mi existencia, es imposible, ellos la poseen ya
para la eternidad. Si me preguntan por mi futuro, es de ellos. Y punto”
PD: El último placer, jugar al Monopoli con Gladys. Dos sueños hechos realidad, volver a jugar al monopoli, - que me encanta- y poder ver los ojos recobrados de ilusión en mí de una de las niñas que más amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario