“Incas que sometieron a chimúes, españoles que sometieron a incas,
patriotas de las nuevas repúblicas que expulsaron a los hispanos…intereses multinacionales
que explotan a las repúblicas criollas. Me pregunto ¿qué diferencia existe en
todo este meollo histórico de cara al inmenso pueblo desposeído? La
aristocracia de los mochicas sacrificaba a los sirvientes cuando morían sus
señores y mutilaban cruelmente a los que cometían cualquier trivial desacierto.
Los sacerdotes chapines e la sierra extirpaban corazones del pueblo para
ofrendarlos a cualquier dios de mierda. En Ecuador, los incas degollaron a treinta
mil indios caranquis, combatientes y no combatientes, en las aguas de la laguna Yaguarcocha. Los
españoles violaron y asesinaron a discreción. Los militares chilenos mataron a
miles de obreros del salitre de Iquique a principios de siglo… Puedo admirar
los eximios grados de desarrollo alcanzados por las antiguas civilizaciones;
puedo reverenciar los miles de kilómetros de caminos reales que construyeron
los ingenieros incaicos, orfebrería aurífera de los chibchas; puedo nadar también
en el mito de las religiones matrices; pero lo cierto, lo despiadadamente
cierto, es que el yugo siempre estuvo presente…la gente llana, los campesinos,
los pescadores, los mineros de todas las épocas fueron carnaza de genocidios.
Desde hace miles de años hasta hoy… ¿qué dios, rey, sacerdote o político de
todos los tiempos, promulgó e hizo válida la justicia social de los pueblos
americanos? Ejemplos, pocos, demasiado poco para la secular tiranía que pesa,
sigue pesando, sobre la población latinoamericana. Salgamos a las calles y
campos de América… todo parece estar sentenciado, la sociedad de clases
prosigue su condena autoritaria sobre los muchos descalzos y desheredados.
“Buscando el sur”, Román Morales (pp.
246-247)
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