Un día duro – 3ª Parte (y última)

…Con los últimos rayos del sol llegamos a casa. Dejamos las bicicletas y entramos al interior con Paco. Le conté a Daiana las aventuras de mi perro en el día de hoy y, como era de esperar, no pudo enfadarse con él. Nadie podía enfadarse con mi perro gatuno. Nunca he visto a un perro tan mimoso, tan cercano a un gato. Si no fuera lo que fuera, y me contasen lo que hace, pensaría que es un gato. Paco es un nexo de unión extraño en la relación con Daiana, nunca de conflicto. Daría para un capítulo entero hablar de nuestro adorado Paco.

Cenamos y puse algo de música de fondo para comenzar a limpiar un poco la casa antes de irnos a la cama. Entre medias un poco de payaseo. Nuestro hogar era tan dichoso... Teníamos problemas de dinero, casi nunca llegábamos a final de mes, no nos podíamos permitir grandes lujos, pero en esa casa, en nuestras vidas, se respiraba amor. Sobre las diez de la noche me planté en la puerta de la cocina. Daiana estaba barriendo el piso sin percatarse de que llevaba ya casi un minuto observándola. Aún recuerdo lo mucho que me costó conquistar a esa bella mujer. Me hacía sentir tan afortunado.... Nadie logra entender lo que les digo. Me da igual que tenga una pierna más corta que otra, me da igual sus kilitos de más, incluso me da igual sus cambios de humor y algunas cosas más. Nuestra historia está jalonada de otras cientos de pequeñas historias que, lejos de separarnos, nos unieron cada vez más. De repente, cuando se acercaba a mí de espalda, di un salto y me pegue tras de ella. Con una maniobra muy digna, la cogí entre mis brazos. Dio un tímido grito, casi imperceptible, y comenzó a sonreír.

-Déjame en el suelo, que aún no he acabado –me exigió con dulzura-.

-Ponte el casco y ármate, porque esta noche vamos a ver quién gana la batalla...

-Mmm, al final te has rendido a mis encantos –me dijo mientras intentaba acercarse a mi cara para besarnos-.

-¿A qué encantos te refieres? –sostuve con una broma muy seria-

-Llevo quince minutos meneando el culito a ver si te sientes por aludido.

-No lo había visto, no…

-Noo, claro que no, jajajaja

Subimos hasta la habitación, sólo con la luz del pasillo encendida, y los dos hambrientos de pasión, henchidos de amor, comenzamos a intervenir en el terreno abonado sólo para unos pocos, los amantes que cada noche se desvestían para volver a descubrir la tierra prometida. Y al amanecer, despertamos abrazados… como cada mañana. Y a las siete en punto ahí estaba Paco encima de nuestra cama por si se nos había olvidado dormirnos y soñar que cada día volvíamos a ser felices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario